LIBRO: Mirador, dreamed memories of Irene Nemirovsky by her daughter (Parte 1)

MIRADOR: DREAMED MEMORIES OF IRENE NEMIROVSKY BY HER DAUGHTER

Elisabeth Gille

Reto: leer libros escritos en inglés

 

Que este libro sirva como homenaje a Albin Michel, Rovert Esmenard, André Sabatier y Francis Esmenard. Le agradezco a mi hermana Denise Epstein Dauplé, sin quien este libro no hubiera sido escrito. No solo me abrió su memoria, sino que hizo una enorme labor de investigación para descifrar los documentos de nuestra madre y reunir correspondencia y recortes de la prensa.”

 

La autora nació en Paris, segunda y más pequeña hija de Michael Epstein, un banquero, y de la escritora Irene Nemirovsky. ¿Por qué dice que su hermana le abrió la memoria? Porque su madre desapareció cuando la autora tenía 5 años de edad. Y los homenajeados son aquellos que les ayudaron después de la Segunda Guerra Mundial, a no quedar desamparadas.

Elisabeth creció  y trabajó muchos años como editora y traductora, especialmente de ciencia ficción. Y ya tenía más de 50 años cuando se publicó este trabajo, que fue reconocido como muy bueno. Publicó otros dos libros: “Le Crabe sur la banquette arriere” (que no está traducido al español, y que trata de las respuestas de la gente a su batalla con cáncer) y el libro “Un paisaje de cenizas” donde el personaje principal es una niña en circunstancias muy similares a las suyas cuando era niña.

Foto de la madre de Irene.

En este libro, la autora trata de entender cómo fue la vida de su madre, que sucesos podrían haberla moldeado y haberle prevenido ponerse a salvo cuando tuvo oportunidad de hacerlo. En un momento, su Irene ficcionalizada se pregunta cuál va a ser el destino de sus hijas, y si la odiarán por no haber escapado del infortunio que ya veía venir. Trata de entender qué significó para su madre ser judía, pues fue también una de las razones por las que se establecerían en país, por los pogromos que hubo en el Imperio Ruso.

Irene nació en Kiev en 1903.  Después se mudó a  San Petesburgo. Única hija de una familia acomodada, se refugiaba en los libros que leía junto a su nana francesa. Esto haría que su lengua materna fuera más el francés que el ruso, y que la nana la introdujera a la literatura de su país.  Fue una niña muy seria, mimada en exceso por su padre, ignorada por la madre que sentía que era un estorbo, y que siempre la estaba haciendo pasar como más joven de lo que era para que a ella(la madre)  le calcularan menos años. Esta mamá  estaba más preocupada por divertirse, estrenar y ser vista en los lugares de moda, que por cualquier otra cosa en el mundo. Irene niña se preguntaba “¿Qué tenía en común con esos judíos arruinados, conflictivos, fastidiosos del Podol  (un distrito de Kiev donde vivían artesanos y pescadores)? ¿Qué era lo que hacía que las mismas personas que me sonreían y se inclinaban ante mis padres en tiempos normales –cocheros, porteros, sirvientes, soldados y muzhiks de varios tipos- nos atacaran en Octubre de 1905?”

Irene Nemirovsky con su madre

 

El padre, que ya tenía una fortuna hecha, y entendió que venían tiempos  difíciles  envía a su esposa y la hija, con documentos falsos, disfrazadas de campesinas,  a Finlandia en 1918. Huyeron con muchas pertenencias cosidas a su ropa, y esto les impedía avanzar rápidamente, además de que iban sonando como cascabeles, con miedo de que fueran a asaltarlas. En Finlandia estuvieron confinadas a un hotel y ahí Irene comenzó a escribir historias. “Imitaba a Maupassant, quería imprimir a mis historias su estilo, pero no tenía suficiente experiencia. Comencé a escribir 2 o 3 páginas al día, describiendo a los ocupantes de un hotel, sus actitudes y sus hábitos, su manera de vestir y hablar, sus actividades diarias y sus gestos”.

El padre se unió a ellas cuando pudo salir de Rusia y las llevó un tiempo a  Estocolmo. Finalmente se establecerían en París en 1919. Un año después de ellos, llegarían sus abuelos maternos. La única hermana de su madre, que se había quedado en Rusia porque quería ayudar a que la revolución triunfara, jamás llegó, y no saben qué le pasó. Tampoco supieron nada de la nana, que antes de huir ellos de Rusia, subieron en un tren para que regresara a su patria, para dolor de Irene. “Somos afortunados de vivir en Francia donde, desde la revolución, a los judíos se les ha permitido, si lo desean, integrarse con facilidad a la sociedad existente”. Aunque en un primer tiempo, su único contacto era con otros comunidad rusa de emigrados.

Irene con su padre.

Irene quiso continuar sus estudios, hizo el bachillerato porque quería después estudiar una licenciatura en letras. Guardó su sueño, pues sabía que a su madre no le iba a gustar, pues pensaba que solo debían presentarla en sociedad y seguir la vida que ella misma llevaba. Con tutores privados, pudo terminar en 2 años sus estudios e ingresó a la Sorbona a estudiar literatura.

En Febrero 1921 hubo una escena tragicómica en la casa. Hasta donde sabía, mi padre dejaba que mi madre viviera como quisiera durante sus ausencias, pero podía ser muy insistente en algunas cosas. Decía que su hija debía tener fiesta de 18 años. Mi mamá estaba en shock. Tanto tiempo había ocultado mi edad que no podía creer que ya tuviera 18. Quiso poner obstáculos. En la fiesta me presentó como su hermana más joven.” Así de terrible la competencia de su madre con ella. Irene había estado escribiendo historias cortas, cuentos de hadas y diálogos cómicos  y los mandó a la revista Fantasio, y cuenta: “Fueron aceptados y yo estaba sin creerlo. El director de la revista Félix Juven, me mandó una nota para que fuera a su oficina a recoger mi paga. El dinero que ganaba no se comparaba a nada de lo que me daba mi padre cuando me fui a vivir por mi cuenta, pero era el primer dinero que ganaba y me sentía muy orgullosa por ello. Esto me sorprendió aún más. Cuando mandé las historias, mi único miedo era que tendría que pagar para ser publicada, y me preocupaba que tuviera que contarles a mis papás lo que había hecho para que me dieran el dinero que tendría que pagar. Cuando me presenté en la oficina del sr. Juven, le tocó a él sorprenderse pues aunque ya tenía 17 años, parecía de 15. El trató de averiguar más de mí pero solo encontró un silencio obstinado de mi parte. Y así continuó nuestra colaboración por muchos años, en la más absoluta discreción.

Mañana les sigo contando más de este libro. Mientras si quieren saber qué más escribió Irene, pueden leer aquí y acá 😀

Segunda parte de esta entrada, aquí.

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