LIBRO: En El Mar Hay Cocodrilos

EN EL MAR HAY COCODRILOS

Fabio Geda

El narrador es el joven Enaiatollah Akbari, un afgano a quien su madre saca de su país, e en un viaje peligroso, porque con la llegada de los talibanes a su país, al ser Enaitollah hazara corre peligro de muerte. Eanai le cuenta al escritor “Hay quien dice que los hazaras somos los descendientes del ejército de Gengis Khan. Hay quien dice que los padres de nuestros padres eran los kushanes, los antiguos habitantes de aquellas tierras, los legendarios constructores de los Budas de Bamiyán. Y hay quien dice que somos esclavos, y como a esclavos se nos trata.”

Enaiatollah estaba en la escuela en su lugar de residencia, pero a la llegada de los talibanes les dijeron que debían cerrar la escuela. Permaneció abierta.

Un talibán entró a la escuela y preguntó por que no la habían cerrado y el maestro dijo que no había motivo; el talibán responde que el motivo era que el mulá Omar ha dicho que debían cerrarse las escuelas hazaras. El maestro preguntó que entonces a que escuela acudirían esos niños. Siguieron dando clases.

Días después llegaron más talibanes, de 20 nacionalidades distintas. Algunos ni siquiera podían comunicarse entre ellos. Pakistán, Senegal, Marruecos, Egipto. Muchos piensan que los talibanes son afganos, Fabio, pero no es así. Hay también afganos, entre ellos, obvio, pero no solo: son ignorantes, ignorantes de todo el mundo los que impiden a los niños estudiar porque temen que puedan comprender que no hacen lo que hacen en nombre de Dios, sino por sus intereses.”

Reunieron a los niños en el patio, y al centro pusieron al director de la escuela y al maestro de Enaiatollah. Los decapitaron frente a los niños, y  cerraron la escuela.

Salir del distrito o de la provincia de Ghazni era extremadamente peligroso para nosotros (y digo era solo porque hoy no se como es, pero no creo que haya cambiado mucho), porque entre talibanes y pastunes, que no son lo mismo, no, pero a nosotros siempre nos han hecho daño por igual, tenía que tener cuidado con quién te encontrabas.”

Así, la madre y este pequeño comienzan una odisea para salir de un país, buscando estar más protegidos en Pakistán. Ya en un refugio, su mamá le pide que siga 3 recomendaciones: La primera es no  tomar drogas. La segunda es no usar armas, “aunque alguien dañe tu memoria, tus recuerdos, tus afectos, insultando a Dios, a la tierra, a los hombres, prométeme que tu mano jamás empuñará una pistola, un cuchillo, una piedra, ni siquiera un cucharón de madera […] si ese cucharón de madera sirve para herir a un hombre.” Y la tercera es robar.

Esa  noche, mientras Enai duerme, su madre lo abandona y regresa a Ghazni porque ahí ha dejado a otro hijo e hija más pequeños.

Un tiempo el pequeño se queda en ese campamento de refugiados y trabaja para el administrador, para tener una comida y un lugar donde dormir. Después, alguien le ofrece trabajar fuera del campamento, pagándole una miseria, pero proveyéndole de una comida y un lugar también donde dormir. Cuando ha juntado el suficiente dinero, busca llegar a Irán.

Los habitantes de Irán son chiitas, como nosotros los hazaras, mientras que los pastunes son sunitas -y entre hermanos de religión, como sabemos, hay mejor trato-, y además porque ellos, los pastunes, no hablan persa, mientras que nosotros lo entendemos un poco.”

Trabajadores afganos en Irán.

Pero en Irán, está igual de desprotegido. Trabaja en la construcción de edificios, sin seguro, sin un sueldo decente, pero el está contento porque tiene donde dormir y comer y está con otros albañiles -viven en la obra, se termina un edificio y se mudan al siguiente. La  policía hace redadas donde les roban su sueldo, y los regresan a Pakistán, o peor, los pueden llevar a prisiones: Telisia y Sang Safid, muy temidos, lugares sin esperanza. Sabía que debía evitar caer ahí.

Luego hace una travesía donde mueren muchos en el camino, buscando llegar a Turquía, de ahí migra a Grecia y finalmente llega por mar a Italia. En el camino encuentra de todo: personas con buen corazón que le ayudan comprándole un boleto, dándole comida, un techo donde descansar; y otros que buscan ganar robándoles, abusando de los migrantes, de su necesidad de comer y descansar, y en un lugar incluso tiene que cuidarse de que no abusen sexualmente de él.

Durante 5 años este joven sobrevivió, contra las estadísticas. Y el cuenta aquí su historia.

Einaiatollah con el escritor.

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