LIBRO: Érase Una Vez la Taberna Swan

ÉRASE  UNA  VEZ  LA  TABERNA  SWAN

Diane Setterfield

 

Un libro que cuando lo comencé, la verdad no le encontraba ni pies ni cabeza. Demasiados personajes, saltos, pero por ahí por la mitad ya comenzaron a encajar todos ellos en una historia que me mantuvo en vilo hasta el final.

Las fotografías tomarán un lugar importante en la historia.

¿De qué trata? A finales del siglo XIX, en la taberna de Swan están reunidos los habituales clientes, pues es un lugar bueno para beber y escuchar al dueño de la taberna contar historias, cuando entra un hombre malherido con una niña que al principio confunden con una marioneta.  ¿Será la niña hija de un matrimonio que desapareció hace dos años? ¿Será la hermana de una mujer que vive sola, y cuyo hermano viene a golpearla y robarla cuando quiere? ¿Será la hija de un hombre que abandonó mujer e hija para darse la gran vida condenándolas a  la pobreza? Poco a poco, capítulo a capítulo vamos hilando que tienen que ver los personajes. Somos testigos de lo que el río Támesis significa para ellos, a veces bendición, a veces perdición. La gente cree que por el río aparece de vez en cuando Silencioso, un barquero que ayuda a aquel que está en problemas en el río, si aún no le ha llegado la hora de morir, o se lo lleva a la otra orilla si es su momento, esa de la que ya no se vuelve. Contra las creencias en criaturas folklóricas o mágicas, están comenzando a abrirse paso las teorías de la evolución, las de la ciencia, y eso lo vemos representado en algunos personajes. Amé a Robert Armstrong, y lo voy a extrañar.

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Quizás la novela tenga que ver con la importancia de reunirnos (en este caso, una taberna) a contarnos historias, algunas pueden dar luz…o podemos irnos hacia el lado oscuro hablando solo de chismes de los lugareños. Pero es así, en esas reuniones, donde surgen los cuentos y las leyendas. Esas que tienen atisbos de verdad, cuando hay alguien que percibió algo que en ningún momento vio otro ser. No solo esas historias construyen comunidades, también nos van construyendo como personas. Tendríamos que revisar: ¿Qué historias nos contamos a nosotros mismos sobre lo que hemos vivido, sobre quienes somos? ¿Lily habría sido diferente de no haberse hecho responsable de lo de su hermana? ¿El duelo, y como lo vive cada parte de una pareja, no es acaso una historia particular para cada uno? ¿Finalmente no deben revisar que se cuenta cada uno para conectar con lo que el otro está viviendo y poder juntos salir adelante? ¿La historia que se cuenta un hijo sobre su vida familiar no influye acaso en su conducta? ¿Acaso no se ha demostrado que cuando puedo darle sentido al cuento que me cuento sobre mi (valga la redundancia) encuentro la sanación?

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El agua es un símbolo importante: de ella venimos (evolutivamente hablando), nadamos en el líquido amniótico durante el embarazo y es lo que vertemos cuando sanamos y descargamos las emociones que tenemos contenidas.

Aquí pueden leer las primas páginas. Acá, otro libro de la autora.

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