LIBRO: Mrs. Hemingway en París

MRS. HEMINGWAY EN PARÍS

Paula McLain

¿Quién es la señora Hemingway del título? Para quienes están familiarizados con la literatura estadounidense, saben que Ernest Hemingway es uno de los autores más importantes del siglo XX. Ganador del premio Pulitzer, el Nobel, el autor se ha vuelto un clásico por  sus cuentos, reportajes y novelas y por su estilo depurado y sin florituras. Para quienes lo conocen un poco y saben de su fama de mujeriego seguramente se preguntarán: ¿Bueno, y a cuál señora Hemingway se refiere? Alzando la cejas y pensando: hubo varias.

Dos años antes del comienzo del libro, en 1918 Ernest era  chofer de ambulancias durante la Primera Guerra Mundial en  Milán. El 8 de Julio fue herido y salvó a varios soldados por lo que recibió una medalla italiana por su valentía. Estuvo recuperándose en un hospital de la Cruz Roja Americana.  Agnes von Kurosky, 7 años mayor que él, fue la enfermera que lo cuidó y se enamoraron.  Hemingway regresó a Estados Unidos en Enero de 1919, y ambos habían decidido casarse. Sin embargo, en Marzo de 1919,  Agnes le escribió que se había enamorado de alguien más y rompía el compromiso para casarse con ese otro. Al parecer esto  afectó profundamente a Ernest y afectaría como se relacionaría con otras mujeres de ahí en adelante.

El título hace alusión a Hadley Richardson, la primera mujer de Ernest, que vivió en París con él después de casarse en los años locos, donde todo mundo trataba de olvidar los horrores de la Primera Guerra Mundial. Hadley será la narradora de la vida de ambos durante esos años dorados. Es un libro que a pesar de tener 454 páginas, se van como agua. Es un libro que me ha gustado mucho, mucho, mucho.

Hadley había tenido un  accidente cuando niña: cayó de un segundo piso y estuvo en cama durante un año. Se sobrepuso al accidente, pero su familia la sobreprotegía. Fue a la universidad, aunque no terminó la carrera. Su padre se suicidó cuando ella tenía 12 años y quizás esto y la sobreprotección hicieron de ella una mujer muy introvertida. Buscó tener una carrera como músico, tocaba el piano y cuidó a su madre hasta que falleció.

Poco después de la muerte de su madre, en Diciembre de 1920, Hadley visitó a una antigua compañera de la Universidad llamada Kate Smith en Chicago y por ella conoció a Ernest Hemingway. Cuando Hemingway conoció a Hadley era mayor (como Agnes, ella tenía 28 años), buena cuidadora (había cuidado a su madre hasta su muerte) y esto le atrajo a Ernest. A Hadley le gustó su pasión por la vida, su tesón por triunfar y quizás a ratos sentirlo desvalido y necesitado de que le cuidaran.

Hadley y Ernest en su boda.

Tras un noviazgo lleno de cartas, y breve, se casan en 1920. Después de la boda se trasladan a París, donde frecuentaban a otros artistas: Gertrude Stein, Ezra Pound, Francis Scott y Zelda Fitzgerald, veían pasar a Pablo Picaso, James Joyce. Eran la generación perdida (aquellos nacidos entre 1883 y 1900, que vagaban desorientados, sin dirección…problemas de primer mundo, dirían ahora). Ahí el dinero no abunda para ellos, y Ernest está escribiendo artículos como reportero, cuentos. Mientras que hay mujeres glamorosas, Hadley es única en su estilo, que no va siguiendo modas…sino su economía. Era ingeniosa, ingenua, le dejaba a Ernest su espacio para que pudiera escribir, pulir lo escrito y era feliz con esa relación. Hadley recibe una herencia y eso les va a ayudar a vivir más desahogadamente.

“-Acabo de publicar una novela. El Gran Gatsby.

– La buscaré -dijo Ernest- ¿Cómo soportas la espera de noticias?

– No me resulta difícil. En primer lugar, no es tan complicado como abandonarla. Y una vez que la tengo entera, no parece que pueda seguir adelante. Como ese Gatsby. Lo conozco muy bien, es como si fuera un hijo mío. Ha muerto y todavía me preocupo por él. ¿no es raro?”

Ernest se muestra como un alma torturada, que no quería el éxito fácil, que buscaba plasmar la realidad sin florituras, quitando lo innecesario, y reescribiendo mucho. Hadley le permitió explorar que tipo de escritor quería ser, siempre apoyando, a veces en la sombra y otras conviviendo con los amigos que tenían en esa época (todos ellos construyendo aquello por lo que al final, serían reconocidos en el mundo de las letras). Un hombre que había quedado marcado por la guerra, por su madre rígida, mandona de la que quería alejarse, el padre débil que finalmente también acabaría suicidándose.

“Es lo que siempre he dicho yo sobre los relatos, o que deben ahorrar todo lo posible las explicaciones. Ya está todo allí o no está. La exposición lo desacelera y lo hecha a perder.”

“-Quiero escribir una frase que sea verdad -decía-. Si todos los días soy capaz de escribir una frase que sea sencilla y verdadera, estaré satisfecho.”

Teoría del iceberg de Hemingway

De los consejos que le daban: “-Corta todo lo superfluo -había dicho Pound-. Huye de las abstracciones. No digas a los lectores lo que piensas. Deja que la acción hable por sí misma.”

En 1922, Hadley y él estuvieron separados un tiempo pues Ernest fue a cubrir la guerra greco-turca y quedaron de verse en una ciudad a donde le pidió a Hadley le llevara sus escritos. Con la mala suerte de que Hadley puso todo en una maleta que perdió…y con ello, se perdió el esfuerzo de meses de Ernest. En 1923 regresaron a Toronto, pues Hadley tendría su primer hijo. Pero regresaron a Paris porque Ernest no se resignaba a estar lejos de esa ciudad y no le había gustado el trabajo de corresponsal.

En 1923 la pareja viaja con su hijo Bumby a Pamplona y queda fascinada (más él, con las corridas de toros y la pamplonada). Esa experiencia lo haría trabajar en su libro “Fiesta”. Ernest sería un amante de la fiesta brava para el resto de su vida. Admiraba la valentía y gallardía de los toreros y como exponían la vida. Quizá fuera por esta pulsión de muerte que tenía. Conforme iba teniendo éxito se volvió cruel con las personas que lo habían apoyado en un principio, lastimaba y se alejaba de sus amigos.

 

Ernest y la palomilla de amigos tenían conductas de riesgo: tomaban mucho, Zelda hacía cosas que podían matarla a ella y a Scott, y Hadley ya no estaba tan a gusto con esas amistades, aunque seguía yendo con ellas. Estaba muy contenta atendiendo a su hijo, y sabiendo que su hogar era un refugio para Ernest.

El matrimonio tenía una amiga, Pauline Pfeiffer, que buscaba meterse entre ellos. Fingía ser muy buena amiga de Hadley, estar preocupada por ella mientras era amante de Ernest. Hadley se dio cuenta de lo que ocurría y durante un tiempo, y primero decidió ignorarlo, pensando que pasaría. Que Ernest pararía cuando viera que le hacía daño. Hasta que no pudo soportarlo más. Le pidió a Ernest que se alejara de Pauline 100 días para tratar de recomponer la relación entre ambos. No lo consiguieron. Hadley le pidió el divorcio.

“Él no sabía cómo era posible que el amor fuese un jardín un momento y una guerra al siguiente. Ahora estaba en guerra, su lealtad se ponía a prueba cada momento. Y el modo en que lo había sido, la dolorosa y delirante felicidad por estar enamorado de nuevo, había quedado tan fuera de su alcanze que ya no estaba seguro de que la hubiera tenido nunca. Ahora sólo había mentiras y componendas. Mentía a todo el mundo, empezando por sí mismo, porque era una guerra, y hacías lo que tenías que hacer para seguir entero. Pero estaba perdiendo el control, si alguna vez lo tuvo. Las mentiras se hacían cada vez más complicadas y más difíciles cada vez. Y como a veces había más dolor del que él podía soportar como es debido, tenía un cuaderno de notas con tapas duras negras y papel color crema donde escribía cómo pensaba matarse si alguna vez se le ocurría hacerlo.”

A veces me resulta doloroso pensar que para los que siguieron su vida con interés yo sólo era su primera mujer, la mujer que tuvo en París. Pero era probable que eso fuese vanidad, deseo de destacar en una larga relación de mujeres. En realidad no importó lo que consideraran otros. Nosotros sabíamos lo que tuvimos y lo que significó eso, y aunque dese entonces nos habían pasado muchas cosas a los dos, no había nada como aquellos años en París, después de la guerra. La vida era dolorosamente pura, sencilla y agradable, y creo que Ernest nunca estuvo tan bien como entonces. Conseguí sacar lo mejor que tenía. Conseguimos sacar lo mejor de cada uno.

Después de que él se fuera a Estados Unidos, sólo le vi dos veces más en mi muy larga vida, pero observé desde cierta distancia cómo se convirtió, con mucha rapidez, en el escritor más importante de su generación y también en una especie de héroe fabricado por él mismo. Lo veía en la portada de la revista Life, y me enteré de las guerras que había cubierto con tanta valentía y de las otras hazañas: la pesca de primera categoría, las grandes cacerías en África, que bebía lo suficiente para embalsamar un hombre del doble de su tamaño. El mito que estaba creando a partir de su propia vida era lo bastante grande para que le fuera bien durante un tiempo…pero por debajo de eso yo sabía que todavía estaba perdido.”

 

 

 

11 comentarios

  1. Todo en su vida es interesante, y de sus libros me quedo con «El viejo y el mar». Y «Por quién doblan las campanas»

  2. Lo tengo en casa pero nunca me había planteado leerlo porque me parecía poco interesante… ¡gracias por la reseña y toda la información!

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