LIBRO: El Problema Spinoza

EL  PROBLEMA  SPINOZA
Irving D. Yalom
Reto Tsundoku

Me gusta como escribe el autor, y ya había leído una novela con anterioridad, cuando estaba estudiando psicología. Aquel libro era “El Día que Nietzche Lloró” (de la que luego ví la película).

El autor es estadounidense, y sus  padres llegaron exiliados de Rusia. Estudió medicina y psiquiatría, y fue maestro en la Universidad de Stanford.

El autor.

En esta novela, tenemos dos líneas temporales: una transcurre en el siglo XVII, donde somos testigos de los días anteriores a que Baruch Spinoza sea excomulgado de la comunidad judía, y veremos su vida después de ese evento. Ese hecho prohibía a todos los judíos relacionarse con él y veremos su vida posterior a ese hecho. Spinoza sabía a lo que se exponía, pero defendía por sobre todo su derecho a pensar por si mismo, la libertad de elegir en que creer y vivir de acuerdo a lo que su conciencia le dictaba que era correcto. Una de sus ideas era que el hombre había creado a Dios a su imagen y semejanza, y que por ello, había reglas de lo que Dios pide al hombre que hagamos, y la religión era una manera de someter a los demás, sin permitirles pensar y a veces incluso caer en la superstición.

Alfred Rosemberg, uno de los idéologos de los nazis.

Y en la otra línea de tiempo, que transcurre en el siglo XX, conocemos a Alfred Rosenberg; que había nacido en Estonia y que comenzó desde los 16 años a elaborar discursos contra los judíos. A los 24 años se trasladará a Munich donde trabajará como periodista, escribiendo contra los judíos, culpándolos de muchos males que asolaban a Alemania y a los 35 conocería a Hitler. Se convirtió en un nazi comprometido (aunque siempre sufrió porque no sentía que Hitler lo apreciara como él quería).

A ambos personajes los sienta Yalom en el diván. Rosenberg tiene un complejo de inferioridad y ha vivido una infancia sin mucho afecto. Su madre murió cuando era pequeño y lo crió una tía. Se entera, cuando ya considera que los judíos son una raza inferior, de que una de sus abuelas era judía en Rusia, aunque se convirtió en la infancia al catolicismo. Y, sintiendo que la raza aria ha producido genios como Goethe, se intriga cuando lee en la autobiografía de este último, que era admirador de Spinoza.

Ambos hombres se parecen (Spinoza y Rosenberg): con poco afecto en su vida infantil, Rosenberg no era aceptado por sus compañeros nazis, Spinoza fue rechazado por su comunidad, y eso lo condenó a vivir una vida de mucha soledad. Pero mientras que al primero le importaba, y medía en la aceptación de los demás su valor; Spinoza luchaba contra elegir estar así par poder pensar lo que quisiera. Rosenberg culpa a otros por lo que le sucedía a él. Spinoza se sabía responsable de las consecuencias a las que se enfrentó, y meditaba mucho en qué era vivir una vida buena, una vida que valiera la pena.

Muy adelantado a su tiempo, renunciaba a cualquier religión. “No es lo que uno cree o dice que cree lo que importa, sino lo que importa es como uno vive.

No seguiré a ningún otro poder de este mundo que no sea el de mi conciencia

Yo no creo que plantear dudas y preguntarse sea una enfermedad. Lo que es una enfermedad es obedecer a ciegas sin preguntarse nada.”

Os prometo que viviré una vida santa y seguiré las palabras de la Torá, amando al prójimo, no haciendo daño a nadie, sin apartarme del camino de la virtud y dirigiendo mis pensamientos hacia nuestro Dios infinito y eterno.”

Me gustó conocer un poco de Spinoza en este libro, y también saber lo que hizo Rosenberg (que terminaría siendo colgado después de que en Nuremberg lo juzgaran). Que terrible todo lo que sucede cuando en vez de revisar en qué creo, por qué, que tanto voy a defender el derecho a tener mis ideas; se sigue lo que está de moda, lo que escucho en las noticias sin contrastarlo, sin usar mi razón para ver si no son noticias falsas y, en el rebaño, puedo hacer mucho daño a mi sociedad (que fue lo que les sucedió a muchos alemanes en ese periodo).

2 comentarios

  1. Hola Ale, muy interesante este autor y dice todo hacer esta comparación de personajes. Pero claro, Spinoza era una persona espiritual, religiosa (aunque lo excomulgaran de su comunidad), un filósofo; el otro, por lo que cuentas en la reseña no dejaba de ser un ignorante buscando el reconocimiento del poder, un materialista. La forma de reaccionar a la soledad tiene que ser Buen distinta, en esto, el filósofo tiene más armas, es menos ignorarte. Además, no creo que a Spinoza laexcomulgacion lo dejara solo de verdad.
    Un abrazo

    • Icíar: tienes toda la razón y no fui justa con Rosemberg. Si, Spinoza era una persona espiritual que vivía de acuerdo a los valores que le parecían podían llevarlo a una buena vida; el otro era un joven muy perdido espiritualmente, y eso los llevo a tomar decisiones muy diferentes en su vida. Spinoza no volvió a tener contacto con sus hermanos, por ejemplo, ni con otro miembro de la comunidad (aunque en esta novela, lo busca alguien teniendo buen cuidado de que no lo vean, pero es un personaje ficticio). Tenía otros amigos, claro, pero ninguno de la comunidad judía debía verlo, hablarle o hacerle sentir que reconocían su presencia ¡muy fuerte! (me recordó a Alya, la protagonista del Clan del Fuego Cavernario cuando la exiliaron ¿Te acuerdas? y me pareció eso el herem…muy cavernícola la cosa. Te dejo aquí el texto del herem: https://cautebaruchspinoza.blogspot.com/2018/10/traduccion-del-herem-contra-spinoza.html
      Un beso,
      Ale.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s