LIBRO: Leer Lolita en Teherán

LEER LOLITA EN TEHERAN

Azar Nafisi

La autora regresó a Teherán, después de no haber vivido ahí 17 años pues había salidos a los  13  a educarse fuera de Irán. Había regresado a los 18 porque su padre fue encarcelado, conoció a su primer marido y se fue con él a Estados Unidos y se divorció al cabo de 3 años. La segunda vez que regresó tenía 30 años, está casada en segundas nupcias y viene a establecerse en Irán, pero no reconoce su país. En el aeropuerto hay fotos de Jomeini, las ropas no tienen color, le revisan el equipaje de mano para ver que no traiga cosas prohibidas. Se siente cohibida, agredida, molesta. Había extrañado su Irán: el que recordaba de su infancia, sus vacaciones y este donde no podía escuchar música, no se bebía alcohol en las celebraciones, no debía bailar y había que llevar el cabello corto o trenzado le era ajeno, chocante.

A un mes de su regreso, le dan trabajo en la Universidad de Teherán, en el departamento de Filología Inglesa. Y en 1979 el gobierno comienza a incautar libros en lenguas extranjeras, cierran periódicos, comienzan a desaparecer personas que la revolución considera criminales y organizaciones humanitarias internacionales alzan la voz para preguntar por ellos. Se toma la embajada americana, y Azar se asombra del odio que hay hacia lo extranjero. Quiere viajar al extranjero y 2 veces la regresan del aeropuerto y la segunda vez hasta la llevan al tribunal revolucionario. No vuelve a hacer el intento de salir, pero lo que está sucediendo en el día a día ya hace que tenga pesadillas por las noches.

Las políticas públicas se ponen peor: gestos y expresiones de las emociones se volvieron ilegales. Derogan la ley de protección al matrimonio, el ballet y la danza, y luego prohibieron a las mujeres cantar. En algunos espectáculos públicos, había censores en los estrados desde donde vigilaban la expresión de los asistentes y podían arrestarlos.

En 1936 el Sha Reza había prohibido el velo, como un símbolo de que Irán era una nación que se modernizaba, y para mostrar que el poder religioso se volvía débil. Pero en 1979, las autoridades querían reinstalar el velo como una muestra de la victoria de la revolución.

Una protesta de las mujeres, que no querían usar el velo. Foto de: https://flashbak.com/wp-content/uploads/2018/03/Iran-women.jpg

Azar es testigo en sus alumnos de como unos apoyan el régimen, otros son perseguidos, como unos pocos piensan por sí mismos y como la mayoría repite como pericos las consignas oficiales demonizando lo extranjero. En la clase de Azar, sus alumnos someten a juicio la novela de El Gran Gatsby, de Scott Fitzgerald. Alumnos dicen que es una novela que muestra antivalores, y Azar defiende que las novelas no son manuales de conducta. “No leemos Gatsby para aprender si el adulterio es bueno o malo, sino para aprender que el adulterio, la fidelidad y el matrimonio son asuntos muy complejos. Una gran novela nos aguza la sensorialidad y la sensibilidad ante lo complejo de la vida y de las personas y nos permite que nos dejemos llevar por el puritanismo que siempre percibe la moralidad en función de fórmulas maniqueas”, dice ella en un alegato a favor de la novela.

Ataque a los estudiantes de la universidad de Teherán. Foto de: https://flashbak.com/wp-content/uploads/2018/03/zbollah-forces-attacking-leftist-students-outside-Tehran-university-campus-in-April-1981..jpg

Desde el gobierno, comienzan a incendiarse librerías, editoriales, a encarcelarse escritores, periodistas, editores, poetas como Rumi y Omar Khayyam son censurados. Prohíben a los kurdos y a los bahaí estudiar en la universidad. Hubo matanzas de estudiantes, donde los cadáveres fueron desaparecidos.

Finalmente, cierran las universidades. En 1980, Irán entra en guerra contra Irak. En 1981 cambian el nombre de Irán a República Islámica de Irán. Había patrullas de moralidad (toyotas blancas con hombres y mujeres armados) que vigilaban las calles para garantizar obediencia. Aunque las universidades volvieron a abrirse, Azar decide que no irá a la universidad. Se niega a la orden de llevar velo.

https://flashbak.com/iranian-photographers-uncensored-look-islamic-revolution-395814/

En 1987, regresa a las aulas, y se pone el velo y las autoridades universitarias le dicen que tendrá libertad de cátedra. Habían depurado las aulas: desaparecieron maestros, directivos, alumnos, cátedras. Desde el gobierno se daba línea qué se enseñaba y quien lo enseñaba. Dentro, prevalecían las consignas política, no había avisos académicos. Teherán comienza a ser bombardeada, y cuenta como la mayor parte del trabajo que hizo esos años fue en medio del caos, el ruido, y como ella leía y escribía durante  la noche. Si caía un edificio, llegaban las toyotas blancas a evitar que la gente estallara en llanto, criticara al gobierno, a veces hasta entorpeciendo la ayuda para buscar sobrevivientes o levantar cadáveres.

Las autoridades son crueles: con máquinas, levantan cementerios de otras religiones, o impiden que gente de otra religión sea enterrada. Son vengativos hasta en la muerte. Si alguna presa era vírgen, era violada para que no pudiera estar en el paraíso después de muerta.

La autora.

La gente para distraerse, ven cine ruso, sin subtítulos. Ella se refugia en la literatura. Se da cuenta de que se van acostumbrando al horror, a la incongruencia, a la destrucción que los rodea.

Termina la guerra contra Irak en 1989 y la derrota hace que las autoridades relajen un poco en control contra el ciudadano común, aunque muchos presos políticos fueron ejecutados sin juicio y en secreto. Jomeini muere.

El tejido social se ataca: aparecen los matrimonios por contrato (de 10 minutos a 99 años), muchos alegaban que era una forma santificada de prostitución. La edad conyugal para la mujer bajó a los 9 años, prostitución y adulterio se castigaban con lapidación. La sharia reemplazó el sistema judicial.

Habla de la gran dificultad de las mujeres para estar a gusto con su cuerpo, un cuerpo que les han enseñado que es fuente de tentación, pecaminoso y que no debe exhibirse. Y por lo tanto, no se explora y no sabe cómo puede ser fuente de placer, y no entienden ni hay quien les explique sobre los procesos naturales que experimentarán en su vida (menarquia, embarazo, menopausia).

Teherán.

Y en medio de todo esto, ella decide dar un curso en su casa a algunas alumnas (solo tiene un alumno, que no siempre asiste) para estudiar literatura, para evadirse a través de ella, para tener un espacio donde permitirse un respiro ante la realidad que las oprimía. El libro se divide en 4 secciones, nombradas: Lolita, Gatsby, James y Austen. Habla de lo que cada una de ellas muestran, de sus alumnas y como vivían esa represión, de como escapan de sus vidas (algunas literalmente, yendo a una frontera para poder salir de Irán), sobrevivieron dos a la prisión, y la rebeldía que había al llevar bajo el velo el cabello teñido, las uñas pintadas, ropa apretada.

Llegó el momento en que Azar eligió salir porque ya no podía vivir en un lugar así. En 1997 salió  de ahí para instalarse en Estados Unidos.

Es un bello homenaje a la literatura, a el poder que tiene para evadirnos de lo que vivimos, y para aprender a ver el mundo desde otro lugar, con otros ojos, a explicarnos otra manera de entender la vida.

Esta fue para mí una relectura, que disfruté tanto como la primera vez. En el 2017, la autora vino a Guadalajara como parte de la FIL, y me tocó escucharla en vivo y a todo color (¡Gracias, Sandy!).

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