LIBRO: El Manto

EL  MANTO
Marcela Serrano
Si como sostiene Rilke la patria es la infancia, mi compatriota fue ella”.

La autora habla aquí del duelo horizontal: así le llama al hecho de haber perdido a su hermana, Margarita Serrano. Debe ser durísimo perder un hermano: comparten nuestros secretos y travesuras. Han sido cómplices, exploradores del mundo con nosotros y quienes más saben de nuestras fobias y amores. Y durante 100 días, la autora se recluye en el campo, para dolerse de esta pérdida. El libro está hecho de pequeños apuntes, algunos de sólo una página, los mas largos de página y media. 87 en total, más un epílogo. Un libro hecho de apuntes mientras reflexiona en su duelo.

¿Somos los mismos después de una muerte cercana? Ella dice que eran cinco hermanas, ahora serán 4. Cuando eran 5 había dos grupos: uno compuesto por las dos primeras, las mayores; y las tres pequeñas eran el otro. Uno tiene que reinventarse, vivir en una realidad que no se conocía, ni se reconoce. Cuesta acostumbrarse…y no se si uno quiera hacerlo. Al menos, no durante los primeros días.

Habla de lo que siente uno cuando alguien querido muere: el cuando han querido meterse en la intimidad de quien agoniza, el gran dolor que experimenta el cuerpo (yo sentía que el pecho se me abría en dos cuando murió mi papá, creí que me estaba dando un infarto), un dolor que puede despertarte en la noche, como el sueño es la única solución contra la pérdida. Lo impactante que es ver la esquela del ser querido, como si verlo escrito hiciera más real lo que ha sucedido. Es tan difícil atravesar un duelo porque además del ser querido perdemos lo que compartíamos con él: las complicidades, nuestras anécdotas, lo que uno recordaba y podía hacer recordar al otro…el colorido que ponía a nuestra vida se ha ido para siempre.

Si los caídos son los muertos y los vivos los vencedores, tomo partido por los caídos.

En un momento, se pregunta si Margarita no es una disculpa para abandonarlo todo, y me parece que todos deberíamos poder hacer lo que ha hecho la autora. Necesita uno distancia, recogimiento, “hacernos capullo” como diría mi amiga Luisa Amelia…es fácil escudarse en una pena para decir que no quieres hacer algo pero ¿por qué deberías hacerlo si no tienes ganas?. Mis hermanas que tuvieron que presentarse a trabajar después de solo unos días de la muerte de mi papá, no se como le hicieron. Yo no tenía cabeza para nada: perdí las llaves, me quedé encerrada, confundí citas, hice tontera y media. Creo que el duelo también nos hace valientes porque muestra las actividades que uno no necesita en la vida, y que no es necesario retomar. La vida es breve para estar haciendo lo que no nos gusta ¡al demonio! Hay cosas que no hago más.

Hay preguntas que se quedan sin respuesta. En el caso de la autora, una de sus hermanas pregunta ahora quién las hará reír. Yo me preguntaba quien resolvería mis dudas de aquí en adelante, quien estaría al pendiente de que me subiera a mi camioneta como mi papá cuando iba a visitarlos, quién mas me abrazaría para decirme que todo iba a resolverse, como lo hacía él. ¿Quién me va a decir que soy suficiente, quien va a quererme incondicionalmente, haga lo que haga, como mi papá hacía? ¿Quién va a entender mi humor y continuarlo? Se me ha ido mi compinche de risas.

El duelo no es un continuo. A veces pasa desapercibido como si jugara a las escondidas pero siempre se le encuentra, como cuando se juega con los niños. Cualquier salto distinto, cualquier distracción, cualquier mínimo goce o normalidad, asemeja a una traición.

En la entrada 27 de estos apuntes del duelo nos cuenta que Clara Sandoval, de oficio costurera y madre de Violeta Parra y Nicanor Parra (entre otros hijos)hizo un manto en un trabajo parecido al pathworkk, que cosió para Nicanor, que era su hijo mayor. Y cuando falleció él, ese manto abrigó su ataúd. Se lamenta de que sus 4 hermanas no hubieran cosido algo mientras Margarita estuvo enferma, para poder hacer algo similar a su muerte. Pero como dice mi amiga Dalia, este libro es el manto hecho con palabras, para abrigarla ahora. Cada quien usa los talentos de los que dispone.

Es un libro bellísimo. Tiene frases que me estremecieron, me hicieron llorar, me dieron consuelo.

¿La negación de la muerte? El mundo es de los vivos y de cómo solidarizan y se vinculan con los muertos. Lo que importa es ella entre los vivientes. Su memoria.

Muerte ¿dónde está la muerte?, tu victoria, ¿dónde está?

No le daré la victoria a la muerte.

Sigo escribiendo.

La autora es chilena y en 1991 publicó su primera novela, Nosotras que nos queremos tanto, obra con la que en 1994 obtuvo el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, otorgado por la Feria del Libro de Guadalajara. Acá otro libro de la autora en blog.

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