LIBRO: Un Mundo para Julius

UN MUNDO PARA JULIUS

Alfredo Bryce Echenque

Mi querida amiga Sandra Paz me recomendó esta lectura y lo leí en un grupo que ella coordinó, y de quienes aprendí mucho.

Ahora que se cumplen 50 años de la obra, hasta pudimos comprar la edición de aniversario en la FIL Guadalajara 2021.

Quien nos cuenta la historia, es Julius. Un niño de clase acomodada de Lima, Perú. Su papá murió cuando él tenía un año y medio. No solo viene de una clase acomodada, sino que han estado en la política:  su abuelo fue  presidente del país. Julius vive en un palacio y dentro están varios objetos que han pasado de generación en generación. Vive con Susan, su madre; sus hermanos mayores: Santiago, Boby, Cinthia.

 Su madre enviudó a los 33 años, y ya viuda, sale a divertirse por las noches, pues todo en casa funciona gracia a la servidumbre, que vivía en el palacio. Había dos nanas: una para Julius, y una para Cinthia, los menores. Jardinero, cocinera, choferes, las que limpiaban, las que lavaban la ropa, etc.

Los niños más pequeños están muy encariñados con la servidumbre, y cuando a Cintia se le muere su nana Bertha, le guardan luto para frustración de la madre. Cintia comienza a presentar los mismos síntomas que el padre, y se irá a Estados Unidos a atenderse, junto con su madre. Estando allá, la alcanzan Santiago (el hijo mayor) y Juan Lucas, un pretendiente de la madre. Cintia muere, y la mama decide embarcarse en un viaje con sus hijos mayores y Juan Lucas. Julius se queda al cuidado de la servidumbre, y se lo llevan a Chosica. Ahí Julius se siente bien, es el rey, atendido por todos, aunque descuidado de repente cuando Vilma (nana de Julius) coquetee con algún empleado, o cuando Vilma y Nilda (la cocinera) peleen.

Susan linda regresa casada con Juan Lucas, un patán horrible, clasista, racista, que con dinero se quita a los hijastros de encima; que solo busca ser entretenido y jamás molestado con el funcionamiento de la casa, las conductas de los hijos, la tristeza de la esposa. Cuando llega al palacio se horroriza de ver la familiaridad con que es recibida Susan por el servicio. Es una vida vacía: solo levantarse y pensar a donde hay que ir para ser visto, con quien jugar golf, que le traigan sus aperitivos. Susan al principio es feliz con esa vida de diversión. Descuida muchísimo a sus hijos. El mayor es enviado a Estados Unidos a estudiar (no sin que antes haya abusado de Vilma, y que nadie hiciera nada por defenderla), el segundo estudia y aprende a manejar y es un peligro en las calles; Julius no se parece a ellos. Es tierno, amable, no le gustan las injusticias (y ve muchas en su casa y fuera de ella).

Juan Lucas comienza a construir una casa para mudarse, ya no tendrá cuartos para el servicio, irán y vendrán todos los días. Esto es un cambio de era, ya no se espera que la servidumbre esté a todas horas a su servicio. En lo que está la casa lista, se van a vivir a hotel. Detesta la ternura y candor de Julius y espera que con el tiempo se vuelva cínico como él y los hermanos.  Julius está muy solo: come solo, juega en la alberca solo, anhela ser visto por su madre, pero ella es una cabeza hueca que tiene buenas intenciones, pero no la determinación para pensar, cambiar, cuestionarse si está contenta con su modo de vida. La vemos pensar en los demás y hacer cosas por otros, y estar feliz con ello. Pero cuando Juan Lucas le pide que deje eso, lo hace. La de ellos es una relación superficial, al momento en que surge una incomodidad, escapan. Viven en un mundo de apariencias, de adornos y Susan comienza a darse cuenta de que ella es uno también.

En una sociedad así, se crean monstruos como Boby. Un muchacho que no acepta un no, venga de quien venga; que comienza a tomar demasiado pronto (y cuando está frustrado, el padrastro ordena que ponga botellas por toda la casa, para que beba y se tranquilice), que busca y usa mujeres, que roba a un empleado de su casa y no es reprendido. Y que anda buscando humillar a una mujer, por el mero placer de hacerlo. Santiago regresa y está triste, con un vacío que no sabe resolver. Los padres no son los únicos que crean monstruos. También los colegios elitistas (aunque sean de monjas) hacen lo suyo. Y muestran como hay eventos anuales donde permiten la entrada a este exclusivo círculo, pero solo porque les divierte, porque cambia un poco sus rutinas (como en la época de corridas de toros).

Susan es como una Rapunzel, encerrada en una torre, hecha de las expectativas de los demás, a quien ya comienza a dolerle ser bonita. Tiene su pelo, y un gesto con el que desactiva los pensamientos confrontativos y con el que sabe que conquista a quien la mira. Quisiera ser mejor madre, pero no sabe como.

Julius sigue creciendo en este mundo, sin perder su bondadoso corazón. Cuando hay otra muerte, el se encarga de que salga por la puerta principal. Ve a las personas no por el servicio que hacen, sino por lo que son. Ve por debajo de sus disfraces, se aferra a sus cariños. No entiende por qué la sociedad es tan hipócrita, porque se tratan tan mal a unos, por qué conviven con quienes les caen mal, solo por pertenecer a un estrato privilegiado.

Dicen que cuando se publicó fue un escándalo en Perú porque mostró una parte de la sociedad que no gustó de verse retratada y fue muy alabada por quienes están sometidos por ellos.

Se acaba de estrenar una película basada en este libro. El trailer, aquí.

2 comentarios

    • Pues ya estrenaron la película y en ella sale un actor que también sale en el Ministerio del Tiempo (el que sale de soldado de los tercios) así que a lo mejor la llevan por allá y sea más fácil ver la película que leer el libro 😉
      un beso,
      Ale.

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