LIBRO: El Tranvía de Navidad

EL  TRANVÍA  DE  LA  NAVIDAD

Giosué Calaciura

Compré el libro porque con ese título me pareció que podría ser una bonita historia para sentirme bien cerca a la Navidad.

Pero ¡ayyy, Dios, que trancazo! Es un golpe de realidad. Si Dios vino a consolar a los que sufren, a traer su reino a quienes padecen de la indiferencia de la sociedad, los que están sometidos, que viven en la pobreza, que no tienen quien los socorra ¿cómo sería en este siglo otro nacimiento de Cristo? ¿dónde le cerrarían las puertas? ¿Quiénes serían los que llegarían a adorarle, si ya no hay pastores (o no son tan comunes como hace dos mil años).

¿Quién podría socorrer a ese recién nacido, y a su madre tan joven e inexperta, y a su padre? ¿Tengo tiempo? ¿O la prisa de la vida diaria no me permite ver a quien necesita que le tienda la mano? ¿Veo al que tiene hambre, al que necesita comer, al que necesita un trabajo, hago algo para no nada más ayudarlos una vez sino que tuvieran una vida más digna, con un trabajo que les permita sentirse bien primero con ellos mismos y luego puedan integrarse en la sociedad y no nada más anden como satélites orbitando sin ser vistos?

Este es un libro que incomoda, que obliga a mirar a los invisibles, a los que la sociedad descarta, usa, marginaliza. Hay un niño en un vagón del tranvía, es un recién nacido y cada personaje que sube al tren tiene su corazón ocupado en cómo van a salir el día: el viudo que quiere pensar que tiene una relación con una prostituta africana, que es la más desamparada de las prostitutas. Las blancas cobran dinero, las negras lo que quieren es no morir de hambre y trabajan por alimento. Un vendedor de paraguas que anda caminando con unos zapatos que le aprietan, regalo del hijo a quien no se atrevió a decirle que no eran del número adecuado. Un mago inmigrante que padece alzheimer, y somos testigos de su deterioro. Un muchacho negro sin papeles, que usan como mano de obra barata que también vende su fuerza por un plato de comida, del que abusan pagándole poco  porque saben que está necesitado, y que si el no quiere trabajar bajo ciertas condiciones, habrá muchos otros a los que explotar. Un camarero al que no le pagan las horas extras, y que piensa impresionar a su hijo con su uniforme y algunas sobras que le dieron de la cena.

Todos sufren, tienen problemas y sin embargo, se acercan a este niño y cuando sienten que puede estar en peligro, se alistan para defenderlo. Uno a uno van postrándose, mostrándonos su historia.

No puede haber navidad, mientras no evitemos que haya quien sufra así: que esté solo, que tenga hambre, que anhele un abrazo cariñoso, ser tocado, ser visto; que si padece una enfermedad tenga como atenderla, quien lo acompañe. Que si no tiene familia, encuentre afectos que la suplan.

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