LIBRO: La Navidad Cuando Dejamos de Ser Niños

LA NAVIDAD CUANDO DEJAMOS DE SER NIÑOS

Charles Dickens

Bienvenido lo que ha sido,

lo que jamás fue, y lo que

esperamos que sea.«

Son 5 cuentos navideños publicados entre 1851 y 1853 en el número especial navideño de la revista Household Words.

En una época a la que debemos a Dickens las reuniones alrededor de la mesa celebrando en familia, nos muestra 5 viñetas de estar en la Navidad.

El primer cuento nos habla de la nostalgia que siente un adulto ante las navidades de su infancia, en esta época que puede haber dolor porque hay sillas vacías ya.

La Navidad cuando dejamos de ser niños» (1851). Dejamos de ser niños cuando ya no solo hay ilusión y esperanza, sino hemos vivido dolores, y además, ahora llegará la fecha y estaremos enfrentando sillas vacías. Pero nos dice Dickens: “A medida que envejecemos, ¡agradezcamos que el círculo de nuestros recuerdos navideños y las lecciones que éstos imparten se expanda! Demos la bienvenida a todos, e invitémoslos a sentarse junto al fuego navideño.

¡Bienvenidas antiguas aspiraciones, brillantes criaturas de una imaginación ardiente, a vuestro refugio debajo del acebo! Os conocemos, y todavía no os hemos enterrado. Bienvenidos, viejos proyectos y viejos amores, por fugaces que fuerais, a vuestros rincones entre las luces menos trémulas que nos iluminan. Bienvenido cuanto llegó a ser auténtico para nuestros corazones; y, por la intensidad que os hizo reales, ¡gracias al Cielo!

[…]

Traeremos a nuestro lado a las personas que quisimos. ¡Ciudad de los Muertos, en el nombre bendito en torno al que nos reunimos en esta fecha, y ante la divina presencia que nos acompaña según Su palabra, recibiremos, en lugar de ahuyentar, a quienes amamos y ahora son tus habitantes!

[…]

Amor, hijo, padre y madre desaparecidos, hermana, hermano, mujer, marido, ¡no os dejaremos de lado! Conservareís vuestro lugar entrañable en nuestro corazón y al amor de la lumbre navideña; y en la estación de la esperanza eterna, en el natalicio de la misericordia eterna, ¡no excluiremos Nada!

«El cuento del pariente pobre» (1852). Dickens reconoce que a veces lo más difícil para asistir a las reuniones familiares es…la familia. La que no está el resto del año, pero que ese día quiere juzgar desde los que se sienten que “han triunfado, lo hacen bien son ejemplo” lo que el otro ha hecho/va a hacer, juzgando como el otro vive y obligándolo a pretender ser quien no se es. Es un “abre los ojos y no pierdas de vista lo que en verdad importa” (o al menos, eso fue para mi).

Primera navidad que pasaremos sin tí, papá,. Pero siempre supimos que la familia era lo más importante y lo que había que cuidar. ¡Gracias por eso!

El cuento del niño» (1852). ¡Ahhh, como se nos va la vida porque tenemos prisa! Y cuando nos damos un respiro, resulta que no estuvimos ahí, bien presentes en los momentos que debimos atesorar, los soltamos rápidamente para brincar al siguiente y la vida se nos fue como arena entre los dedos.

El cuento del colegial» (1853). Otro cuento que me deja la lección de que hay bondad incluso cuando se le pague con maldad, chismes y acoso. Quien creyera que es tan actual.

El cuento de Nadie» (1853) un cuento que busca justicia social en un mundo donde el trabajador sufre indecibles males, por los que además es culpado. “No podemos vivir de una forma más decente y saludable si nuestros dirigentes no nos proporcionan los medios. No podemos aprender si no nos enseñan; no podemos divertirnos racionalmente si no nos entretienen; no podemos tener más que nuestros propios dioses falsos mientras ellos llenen con los suyos todos los lugares públicos. “

Un libro lindo para leer en este mes, que nos recuerda no dejarnos llevar por las prisas, por el relumbrón, para ir con calma hacia adentro, revisar como andamos en la vida, con quien andamos, a que dedicamos nuestro tiempo y atención. Para hacernos capullo, como dicen mis amigas, y revisar el corazón. El mío, un poco (o mucho) apachurrado por esa ausencia, pero agradeciendo siempre el tiempo que se me dió.

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