LIBRO: El Invencible Verano de Liliana

El Invencible Verano de Liliana

Cristina Rivera Garza

Tsundoku

Liliana es invencible porque sigue viva en las páginas de este libro, en el recuerdo de las que la conocieron y amaron, y en la búsqueda de la justicia que aún continúa.

Es un libro doloroso,  escrito desde la entraña, desde la rabia, el cariño, la tristeza, la culpa, la vergüenza y todas esas emociones con las que la autora nos hermana. Vamos junto a ella sintiendo cada una, y preguntándonos una y otra vez: ¿cómo pudo suceder esta tragedia? ¿quién es responsable? Por supuesto, el feminicida. Pero ¿qué nos pasa como sociedad que este hombre no ha pagado por su crimen?

Ángel González Ramos

Liliana era una joven vital, positiva, valiente, creativa, buena hija, hermana, estudiante, amiga. Estaba estudiando arquitectura, y descubriendo quien era ella y lo que quería del mundo. Solo tenía una cosa clara: ya no quería tener una relación con Ángel. Se habían conocido años antes, pero ella había sido aceptada en la universidad y él no. Ella se mudó de ciudad para estudiar, pero seguía yendo a casa a visitar a sus padres. A veces, Ángel iba por ella para que viniera a la casa paterna. Pero poco a poco se fueron distanciando y él no pudo aceptar esto.

Me sentí muy cerca de Liliana porque la autora usó sus diarios, entrevistas con los amigos para reconstruir lo que vivió. Y también me sentía cerca de la familia, lo que vivieron es una tragedia, una que ha tomado años poder expresar con palabras.

La autora.

 “¿Se puede ser feliz mientras se vive en duelo? La pregunta, que no es nueva, surge una y otra vez durante esa eternidad que es el quebranto. Se habla mucho de la culpa, pero no lo suficiente de la vergüenza. La culpa del sobreviviente puede atraer una sospecha acaso saludable, un titubeo incluso razonable, acerca del placer, del gusto, de la compañía. La vergüenza es una puerta cerrada a piedra y loco. Pocas actividades requieren más energía, tanto atención al más mínimo detalle, como odiarse a sí mismo. Es una tarea milimétrica. Agotadora. De tiempo completo. Durante los primeros años de su ausencia, cuando los años se fueron acumulando uno sobre otro y todavía era imposible siquiera pronunciar su nombre, fue fundamental prohibirse cualquier actividad que pudiera interrumpir la danza de la vergüenza y el dolor […] ”.

Después del asesinato de Liliana, la familia se quedó sin palabras. Sin ella, y con el dolor dentro.

“Guardar silencio fue una forma de arroparte, Liliana. Una forma torpe y atroz de protegerte. Bajamos la voz y nos recluimos dentro de nosotros mismos, contigo adentro, para no exponerte a la acusación fácil, al morbo tullido, a las miradas de conmiseración. Bajamos la voz y caminamos con pasos de niebla, achicando nuestra presencia por donde pasábamos, tratando de ser de una vez los fantasmas en los que nos convertimos con el tiempo, con tal de evitar los ataques de los mordaces, de los predispuestos a la inculpación, incluso de los bien intencionados, contra nosotros y contra ti, que ibas a nuestro lado, colgada del brazo, tomándonos de la mano. Porque estábamos muy solos, Liliana. Porque nunca estuvimos tan huérfanos, tan desasidos, tan lejos de la humanidad. Más solos que nunca en una ciudad feroz que se nos vino encima con las mandíbulas poderosas del machismo: si no la hubieran dejado ir a la Ciudad de México, si se hubiera quedado en casa, si no le hubieran dado tanta libertad, si la hubieran enseñado a distinguir entre un buen hombre y otro peor. No supimos que hacer. Ante lo inconcebible, no supimos qué hacer. Y callamos. Y te arropamos en nuestro silencio, resignados ante la impunidad, ante la corrupción, ante la falta de justicia. Solos y derrotados. Solos y desechos. Triturados. Tan muertos como tú.”

La autora quería presentarnos a Liliana, y al final sientes que la conoces, y lamentas su muerte. Usa el talento que tiene con las palabras para traerla a la vida de nuevo; que tragedia es la violencia hacia las mujeres, la indolencia de las autoridades, el poco compromiso que hay para que esto no siga ocurriendo, las revictimizaciones de un sistema que no quiere/no sabe como detener esta violencia.

Cristina Rivera Garza es una de las escritoras más talentosas de mi país, entre los muchos premios que ha ganado, ha sido dos veces ganadora del Premio Sor Juana Inés de la Cruz que otorga la FIL GDL, y acaba de ganar el premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2021, por “su escritura versátil y comprometida se ha convertido en las últimas décadas en referencia en el ámbito literario hispanohablante. (…) Han hecho de ella un referente para las nuevas generaciones”.

Por cierto, el título me parece hermoso.

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