LIBRO: Mortalidad

MORTALIDAD

Christopher Hitchens

Es un libro escrito por un hombre curioso, que ve a través del cristal de su enfermedad (cáncer de esófago) como cambia su vida: ahora habita Villa Tumor, y le intriga como los demás le tratan, de lo que le hablan (y los temas que evitan) y como se siente él mismo ante su futuro.  No es una memoria de la enfermedad ni como la va asumiendo -tipo libro de autoayuda- sino una indagación en esta nueva circunstancia.

Hitchens fue periodista, ensayista, crítico literario,  orador; un hombre ateo  que muchas veces expresó que la humanidad estaría mucho mejor libre de cualquier religión. Hizo  giras para debatir con creyentes en varios foros sobre su postura y escribió libros sobre ello, tenía una voz preciosa (pueden ver en youtube sus debates con líderes de diferentes religiones).

“Lo único que poseo es una voz” W. H. Auden, es una cita que viene en el libro y que definió quien fue, esa voz -que al final de la enfermedad perdió- con la que describió su postura ante la vida, ante los libros que leía, con la que sostenía diálogos con sus amigos, con sus amores, con su público.

También daba clases de escritura. Y esto me parece genial: “Solía empezar mis clases de escritura diciendo que cualquiera que pudiera hablar podía escribir. Tras animarles con esa escalera fácil de agarrar, después la sustituía por una serpiente enorme y odiosa: ¿Cuánta gente en esta clase diríais que sabe hablar? Quiero decir, hablar de verdad.” Y continuaba: “Si merece la pena leer o escuchar algo, probablemente merece la pena leerlo. Así, por encima de todo: encuentra tu propia voz.”

Otro consejo para quienes quieren escribir: “Piensa en tus autores preferidos y mira si no es precisamente esa una de las cosas que te atraen, a menudo al principio sin que te des cuenta. Una buena conversación es el único equivalente humano: darte cuenta de que se hacen y se comprenden observaciones decentes, de que la ironía y la elaboración están actuando, y de que un comentario aburrido u obvio sería casi físicamente dañino. Así es como evolucionó la filosofía en los simposios, antes de que empezara a escribirse. Y la poesía empezó con la voz como único registro.”

Habla de como enfrenta los diagnósticos, lo que los tratamientos le están haciendo al cuerpo (y comenta que es muy bueno que no podamos recordar el dolor tan como lo vivimos, porque sería terrible). Se pregunta si, sabiendo lo que iba a costarle en términos de experiencia luchar contra ese cáncer, volvería a tomar la decisión de tomarlo. Que los médicos no pueden explicar el horror de los tratamientos. Se pregunta: “¿Qué espero? Si no una cura, quizá una remisión. ¿Y qué quiero recuperar? En la hermosísima aposición de dos de los términos más simples del idioma: la libertad de la palabra.”

Lamentablemente, no llegó la remisión y el autor murió el 15 de Diciembre de 2011.

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