LIBRO: Libro

LIBRO

José Luis Peixoto

Reto Tsundoku

Este libro lo compré con prisa, corriendo, para que el autor pudiera autografiarmelo. Recuerdo que estábamos unas amigas y yo  platicando con el autor sobre  lo difícil que había sido conseguir sus libros y nos dijo que justo una editorial mexicana, tapatía además, le había publicado varios libros y nos contó algo de este.

Así que lo tengo en mis estantes desde la FIL donde Portugal fue el país invitado y ya por fin se me hizo leerlo.

FIL 2018.

Es la historia de Ilidio, que en 1948 es un niño de 6 años. Junto con él, recorreremos años de historia de Portugal. Un pueblo, que podría estar en otro lugar y que tiene lo que todo pueblo: un sacerdote, los del poder económico (en este caso, Doña Milu), la guapa, la de la tienda que atiende también el correo, los que tienen distintos oficios, el borracho, el de escasas luces. Ilidio tendrá dos amigos con los que mantendrá amistad durante toda su vida: Cosme y Gallopim.

A través de los niños vemos lo que va sucediendo en el pueblo: algo cambia y hasta en este lugar perdido llegan sombras de una dictadura a través de una caseta de vigilancia, que se construye pero que nunca sirve para nada porque a este lugar olvidado no mandarán soldados; vemos como la falta de oportunidades propicia la migración. Unos se van para olvidar las heridas, aquello que les avergüenza; otros, para evitar ser llamados a la guerra; o para escapar de la pobreza; o para escapar del amor. Acompañamos a los migrantes en su penar, en la nostalgia que llevan en el corazón, en como se van acomodando en otro país, con otras lenguas, otras costumbres. Incluso entre los migrantes hay niveles: unos van con sus propios medios (algunos muy limitados), otros son mantenidos por la familia desde lejos (y se dicen revolucionarios, pero no hacen nada más que ver por si mismos).

Me ha gustado mucho. El lenguaje de este autor siempre es poético, nos lleva a imaginar las escenas, va construyendo atmósferas con sensaciones:

Había tonos de voz que la madre solo utilizaba para ciertas palabras o expresiones, como cuando se hartaba y decía: por favor, escupiendo cada consonante, con un gran silencio entre por y favor, soplando al final: o como cuando decía: ah, mentiras y más mentiras, y soltaba una carcajada: o como cuando decía: tú lo que quieres es estar de flojo y andar en la chacota y parecía que estaba cantando. No faltarían ejemplos de palabras que lograba recordar en la voz de su madre.

Disfruté mucho el juego metaliterario de la segunda mitad del libro, donde nos habla al lector que esta leyendo la novela.


“Tu aún estás ahí, hola, yo todavía estoy aquí y no podría irme sin agradecerte. Ahí y aquí siguen siendo el mismo lugar. Me siento agradecido por esa certeza simple. El paisaje, mundo de objetos, solo adquirirá realidad cuando dejemos estas palabras. Hasta ese momento, tenemos la cabeza sumergida en este tiempo sin relojes, sin días de calendario, sin estaciones, sin edad, sin agosto, este tiempo encuadernado. Tus manos sujetan este libro, y sin embargo, en tus manos, es mañana”. (pg. 248).

Acá pueden leer las primeras páginas del libro.

Otro libro de este autor en el blog, acá.

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