LIBRO: La Única Mujer

.

LA  ÚNICA  MUJER

Marie Benedict

El libro está dividido en dos partes. En la primera, Septiembre de 1933 Heddy es una actriz que está dando vida a la emperatriz Sissi en un teatro de Viena y comienza a ser cortejada por quien se convertirá en su marido: Friedrich Mandl un rico empresario que se dedica a la venta de armamento. Se casan, Heddy es mostrada como trofeo en las cenas que tendrá con el marido, vivirá en medio de grandes lujos pero siendo casi una prisionera de su marido. Esta parte termina en Agosto de 1937.

En la segunda parte nos cuenta como escapa del marido, y viajó de Londres hacia Estados Unidos en un barco donde entablará amistad con Louis B. Mayer, de la Metro-Goldwyn Mayer. Le ofreció un contrato y bueno, su éxito en Hollywood es muy conocido. Lo que no lo es tanto es que, con el pesar de saber los planes que tenían los alemanes para los judíos, sentía culpa por el privilegio de haber podido escapar y junto al compositor Geoge Antheil se puso a desarrollar un sistema de guía por radio para que los aliados pudieran guiar torpedos. Lo lograron, lo patentaron, se lo presentaron a la milicia, que dijo que no podían usar un invento hecho por una mujer, le dieron las gracias y le dijeron que mejor ayudara a que la gente comprara bonos de guerra y animara a las tropas. Esta parte termina en 1942, cuando la Segunda Guerra Mundial aún no ha terminado.

Eso hizo, y ahí acaba el libro. Apenas toca 9 años de su vida. Su invento fue clasificado como ultra secreto y se dice que los principios de su trabajo se incorpora a la tecnología bluethooth y gracias a ella existe el Wi-Fi.

Con una belleza legendaria, acabaría ganando una estrella en el paseo de la fama en 1960.

Lamar no recibió en vida reconocimiento por este invento, murió en el 2000 y en el 2014 ingresó al National Inventors Hall of Fame.

Heddy y George

Esto es lo que dice la autora en una entrevista que le hizo la revista Vogue: De niña y adolescente tuve la inmensa suerte de tener una tía fabulosa (además, era profesora de inglés y monja rebelde), que estaba determinada a enseñarme los grandes misterios del pasado y las diferentes perspectivas desde las que se puede estudiar la Historia. Me alimentó con una sólida selección de obras literarias, pero fue Las brumas de Avalon, de Marion Zimmer Bradley, con su innovadora y feminista forma de narrar las leyendas artúricas, el volumen que realmente me abrió los ojos al desconocido universo de las historias de mujeres. Empecé a preguntarme cómo de tendenciosa era la Historia, y me obsesioné con desenterrar historias desconocidas de mujeres del pasado. Cuando me fui a la universidad, continué esta pasión graduándome en Historia y asumiendo que me convertiría en historiadora o arqueóloga. Pero, a lo largo del camino, mi sendero se desvió: escuché a quienes me decían que los licenciados en Historia deberíamos dedicarnos al Derecho, y durante una década trabajé como litigadora en Nueva York. Nunca acabó de gustarme el puesto. Trataba de calmar mi voz interior (aquella que me decía que estaba destinada a algo diferente) con clases universitarias nocturnas en Arqueología e Historia. Podría ser profesora, quizá. Al pasar los años, aquella voz que susurraba, comenzó a hablar y, de repente, gritó. Hasta que decidí tomar mi auténtico sendero: el de escribir ficción histórica.

La autora.

Descubrí a la protagonista de La única mujer hace muchos años, a través de un amigo antropólogo, que mencionó una estrella de la época dorada de Hollywood que también era una inventora brillante.

Una de las razones que me llevaron a querer escribir la historia de Hedy Lamarr es que cada día, muchas veces, millones de personas del planeta sostienen un pedazo de su historia en las manos. No lo digo en sentido metafórico, sino literal. Nuestros teléfonos móviles (así como otros aparatos) se crearon a partir de su sistema secreto de comunicación (que desarrolló para la Segunda Guerra Mundial, contra Hitler), que acabó convertido en el wi-fi. Un invento científico hecho, en parte, por una mujer, que todos conocemos como la estrella cinematográfica Hedy Lamarr. Es un recuerdo tangible de su vida, y la reverberación de mayor alcance de sus inventos, más que las películas por las que una vez fue famosa.

Pueden leer un fragmento, aquí,

Y acá, otro libro de la autora.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s