LIBRO: De Aquí a la Eternidad

DE AQUÍ A LA ETERNIDAD

Caitlin Doughty

Es un libro que nos cuenta los rituales que tienen que ver con la muerte alrededor del mundo. Caitlin tiene una funeraria en Estados Unidos y estuvo viajando para saber qué hacen en otros lugares con los cadáveres (incluso dentro de los Estados Unidos).

Dentro de su país nos cuenta del lugar en el desierto donde se puede enterrar un cuerpo (sin féretro, sin haber preparado el cuerpo, lo más natural posible), hasta la pira que se puede hacer en un lugar en la naturaleza cremar el cuerpo, con los dolientes presentes en la ceremonia; o en un lugar donde cuerpos donados son dejados en la naturaleza para que se pueda estudiar el proceso de descomposición y ayudar así a la ciencia forense.

Lugares en Indonesia donde se puede conservar el cadáver en casa por 5, 10 o más años, y donde los visten y conviven con ellos; hasta los modernos y tecnificados cementerios japoneses donde insertas una tarjeta en una ranura y se iluminará el buda donde reposan las cenizas de tu ser querido.

En Bolivia, donde los cráneos son expuestos en las casas y se les piden favores (para consternación de la Iglesia Católica).

O el “entierro celestial” del Tibet, donde el cuerpo primero se venda en posición fetal, y luego se va cortando en pedazos y se mezcla con harina y mantequilla para ofrecerse a las aves de rapiña.

En Japón  se crema el cuerpo, de tal manera que la carne se quema, pero queda el esqueleto. Los parientes pasan a donde están los huesos y con palillos tienen que poner los huesos en una urna. A mi me parece horroroso, pero ella dice que esto ayuda a los dolientes a sentir que hacen algo por el fallecido, y trae calma.

Los parsis ponen a sus muertos en torres, llamadas “torres de silencio” donde los buitres se los comen. En un tiempo, la población de buitres era grande y el cadáver rápidamente se convertía en un esqueleto. Pero el diclofenaco ingerido por las personas quedaba en sus restos y comenzó a matarlos. Les dañaba los riñones. Y llegó un momento en que los cuerpos permanecían ahí, descomponiéndose lentamente porque ya no había quien se los comiera.

Tiene mucho que ver, por supuesto, con como vemos la muerte. Aquí en México, acompañamos a nuestros muertos, y es muy reciente la práctica de cerrar las funerarias por las noches. En algunos estados, esto se hace por la inseguridad, pues han asesinado y robado a los que se quedan en las funerarias en las noches. Pero aún se velan después de morir y no como en Estados Unidos, donde alguien muere hoy y puede hacerse el funeral el fin de semana, cuando sea conveniente y no estorbe a el horario laboral de los dolientes.

Por supuesto, la misma distancia que hay entre el doliente y el cadáver existe entre el sentimiento de negación de una muerte, y vivir el duelo. ¿Qué nos dice de cada lugar como enfrentamos a la muerte y los rituales que la rodean? Con la población creciendo como lo hace ¿Cuál es la mejor manera de disponer de los cadáveres?

El capitalismo influye también en los costos de los servicios funerarios. Aunque  las personas prefieran la cremación, se ven obligadas a comprar un ataúd porque no pueden llegar al crematorio sin uno (y porque los fabricantes de ataúdes no quieren perder su parte del negocio). La industria funeraria dicta que tanto contacto habrá con el cuerpo, que tan sanitizado será este contacto, o cercano, o lejano. En algunos lugares, ya el cadáver solo puede visitarse en un horario, o detrás de un cristal. ¿Este alejamiento físico tiene consecuencias en como viviremos el duelo?. La autora parece pensar que si. Que será más difícil la muerte cuanto más sanitizada esté. No es que recomiende esos entierros donde hay que manipular los huesos, o tener el cadáver en la sala, o ese otro donde hay que mondar el hueso del muerto con los propios dientes. Pero ciertamente pareciera que en esas culturas no hay el miedo a la muerte que existe en otros lugares.

Este año, los cementerios están cerrados por la pandemia, solo pueden ingresar quienes van a enterrar a alguien. No se adornarán como otros años.

La autora tiene su canal de youtube y tiene esta plática TED donde pueden conocerla.

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