LIBRO: El Color del Corazón

EL COLOR  DEL  CORAZÒN

Mario Escobar

“Hace tanto tiempo que en Estados Unidos hemos asumido que el mal es la única forma de mantenernos unidos que pensamos que es imposible otro tipo de nación. Nuestro país fue fundado por personas que escapaban de las persecuciones religiosas; su mayor ambición era poder vivir en paz su fe. En el Sur se establecieron colonias que pretendían explotar la fructífera tierra que Dios les había concedido. Allí no había siervos sumisos como en Inglaterra, por lo que los hombres que llegaban copiaron las costumbres de españoles, portugueses y franceses de utilizar a hombres negros. Al sacarlos de África para trabajar, la única manera que tenían de dominarlos era a través de la esclavitud. De esa forma surgió una nación con dos cabezas y dos corazones: una aristocrática, basada en las grandes plantaciones; otra, más urbana y laboriosa. Ambas, como dos hermanos siameses unidos por algunas partes de su cuerpo, han crecido juntas, pero más como un mal formado feto que como un niño sano y robusto. No podemos salvar a las dos, una morirá en parte para que la otra pueda sobrevivir. Creo que Abraham Lincoln, si llega a ser presidente, tendrá que soportar la etapa más oscura de nuestra nación, pero, como dice la Palabra de Dios, cuando sobreabundó el pecado, entonces sobreabundó la gracia. Nuestro país está a punto de vivir un gran avivamiento que hará que los huesos secos del inmenso valle vuelvan a tener vida”.

Uno de los libros que más me gustó en mi niñez (debo haberlo leído a los 10) fue “La Cabaña del tío Tom” de Harriet Beecher Stowe. No me gustó, por supuesto, de lo que trataba, pero me sorprendió todo lo que me hizo sentir. Y recuerdo haberle dicho a mi papá que los esclavistas eran terribles, personas malas y crueles, y la respuesta de mi papá que me llenó de indignación: “Si tu hubieras vivido en ese tiempo, y hubieras tenido una granja de algodón, probablemente hubieras sido como ellos. Era un producto de su tiempo, y nadie cede sus privilegios por la bondad de su corazón si no han aprendido a ver las cosas desde otro punto de vista”. Yo no habría sido así, pensé yo, y hasta me enojé.

Tomo años para que entendiera que mi papá tenía razón. Que la gente no es como es solo porque quiera ser así, somos un producto del lugar en donde nacimos y la cultura que nos rodea. Que  cambiar implica un esfuerzo personal, trabajar en uno mismo, ampliar las miras, revisar mis ideas y las de los demás, no ser juez de lo que no me gusta o quien no piensa como yo.

Cuando vi este libro me dije “¡que emoción! Nunca me había interesado la vida de la autora de ese libro ¡y hete aquí que esta novela trata justo sobre ella!”. Tenía que leerlo.

Harriet nació en Connecticut en 1811 y su padre fue un ministro religioso abolicionista. En 1832 su familia se mudó a Cincinnati, pues su padre obtuvo el puesto de presidente del Seminario Teológico. Ahí Harriet aprendió sobre el ferrocarril subterráneo y escuchó y fue testigo de historias de esclavos que huían pues solo la separaba de los estados esclavistas el río Ohio. En su familia, 7 hermanos eran ministros y  recibió una educación inusual para la época.

En 1936 se casa con un ministro religioso viudo, Calvin Stowe. Juntos tendrían 7 hijos. En total tenían 11 hijos (contando los del matrimonio anterior de él) y durante las comidas discutían asuntos legales pues recibían a estudiantes de una escuela cercana.

El matrimonio Stowe

En 1949 sufre la pesadilla de cualquier madre: su hijo Samuel -de 18 meses- muere de cólera, lo que la sume en una profunda depresión. Se cuenta que el primer día que volvió a la iglesia después de la tragedia, recibió una revelación que la animó a escribir una novela que hablara sobre el daño que produce la esclavitud (sus personajes sureños son personas perdidas para la fe). En 1950 se promulgó la ley de esclavos fugitivos, donde aquellos que ayudaran a un esclavo que huía sería castigados, y eso la anima a comenzar a escribir una historia contra la esclavitud.  Harriet pensó que serían 3 o 4 capítulos y terminó escribiendo más de 40, que fueron publicándose en el periódico abolicionista The National Era. En 1852 aparece como libro y tiene muchísimo éxito. El libro le trajo seguridad financiera y una fama que atravesaría fronteras y la llevaría a conocer a Charles Dickens y  la reina Victoria de Inglaterra, recibir correos donde le expresaban admiración y otros donde la vituperaban -de los que apoyaban la esclavitud. Vendió más de 300, 000 libros el primer año y se dice que en el siglo XIX fue el libro más vendido después de la biblia.

Harriet.

En el libro, está muy presente las creencias religiosas de ellas y en el siglo XX fue muy atacada por el personaje del Tío Tom, pues decían que se representaba a los negros como serviles, besando el yugo de sus opresores y ese nombre se convertiría en uno de los más terribles insultos que se podía dar a un negro. Y el autor habla de la preocupación de Harriet por como pinta a sus personajes, sin saber si está haciendo mal o bien, si no los pinta como infantiles. La repercusión del libro fue muy grande pues trajo a la mesa la discusión de la esclavitud en un país que ya estaba dividido y a punto de entrar en una guerra civil.

El libro me ha gustado mucho porque va intercalando la vida de Harriet, con la novela que está escribiendo (La Cabaña del Tío Tom), así que es como leer la cabaña de nuevo. Ciertamente, no fue el único libro que escribió Harriet, pero es el que la ha hecho famosa a través del tiempo. Por ejemplo, en 1853 publicaría el libro The Key To Uncle Tom’s Cabin, donde documenta la veracidad e las historias que narra en la Cabaña del Tío Tom.

Es imposible no sentir (al menos, para mi) que una fe congruente con la manera de vivir, da fuerza para luchar por lo que uno cree correcto, en contra de lo que digan los demás. Harriet fue valiente por expresar que la esclavitud estaba mal desde el punto de vista de la religión: si todos somos creados iguales ¿cómo puede uno pretender poseer a otro ser humano? Para ella, claramente era un pecado tener esclavos. En Florida creó una escuela integrada, y su hermano Carlos le animaba a continuar con enseñar a niños y adultos emancipados.

La manera de escribir de este escritor hace que se vaya como agua el libro. Los capítulos son cortos, y debo decir que me conmoví en muchos fragmentos.

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