LIBRO: Amor

AMOR

Hanne Orstavik

Reto Tsundoku

 

Vibeke es una madre soltera que vive con Jon, su hijo de 9 años. Tienen 4 meses que se han mudado a una ciudad nueva. La madre ansía encontrar el amor, se cree muy liberada y que da espacios y demás,  pero se la pasa pensando como sería vivir con un ingeniero que conoció en el trabajo; y después como podría decorar el carromato de otro hombre que conocerá en el transcurso de la noche y como sería vivir con él en el carromato al poco rato de conocerlo. No puede conectar emocionalmente con el hijo ¿y quiero conectar con un hombre?

Lo primero que me chocó fue la poca atención que da a su hijo. Llega y en vez de buscarlo para saludarlo, saber como ha ido su día, se queda leyendo en la sala, donde se queda dormida. Después cena con el hijo, pero aprovecha para responder correos y atender el teléfono. Me sorprende lo tarde que podía  Jon andar en la calle (¿será normal en los países nórdicos?). Quizás no siempre había esa desatención hacia el niño, pues había buenos consejos que la madre le había y él se acordaba de ellos. El libro no nos muestra más que  una noche.

Yo, acostumbrada a ser este tipo de mamá, no entendìa a Vibeke.

Será que en mi país la violencia está desatada, pero a cada momento me preocupaba que al niño lo fueran a violar, desaparecer, dañar…y  la mamá igual. Poniéndose en peligro buscando ser vista, admirada. Una vida muy vacía.

Un niño que está esperando lo mejor de su mamá, creyendo que lo tiene presente (vaya, como cualquier hijo), y que tiene que atenderse como si fuera adulto y no está preparado para serlo pues hay cosas importantes que se le van (se sale en una noche de mucho frío sin guantes, se olvida de llevarse las llaves), entra en casas de vecinos a deshoras y nadie pregunta “¿Y tu mamá, dónde está? ¿Te llevo a tu casa? Ya es noche” (lo normal que haría uno en este país) y una mamá cree que es independiente y moderna y que resulta que lo que busca, es pareja.

Así me imaginaba al niño, queríendo acercarse a la mamá y ella muy indiferente.

Una vez que lo comencé no pude dejar de leerlo, aunque lo sufrí. Me mortificaba que les fueran a hacer daño, me entristecía leer las esperanzas que tenía el niño y que la madre no se acordaba de él para nada. A ratos habla ella, a ratos él (cambia de voz de un párrafo al siguiente, pero es fácil saber quien habla).

8 comentarios

  1. Creo que también lo pasaría mal, yo también soy muy koala y mis dos peques también conmigo, somos muy mimosos, de muchos besos, abrazos, y me costaría, pero aun así me ha llamado la atención y no descarto leerlo, aunque más adelante, en otro momento más animado. Muchos besos.

    • Acá nos preguntábamos si sería eso…que somos como las zarigüeyas…ya van creciendo y ellos se alejan y uno cuida a la distancia…pero bueno, para entonces ya saben cuáles peligros existen y como evitarlos. (O eso esperas…)
      un beso,
      Ale.

  2. Pues sí que parece algo angustioso. Pero tú consigues hacernos sonreír, aunque el libro sea angustioso, con las fotos de los koalitas jejeje
    Un beso, Ale.

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