LIBRO: Estoy Contigo

ESTOY  CONTIGO

Melania Mazzucco

Reto Tsundoku

 

“Siempre he creído que la dignidad de los demás es la base de mi libertad.”

 

Esta es una novela que también trata la migración y el exilio…y como a los migrantes se van sintiendo indignos por la manera en que son tratados en el camino y a su llegada a una nueva tierra; maltrato que no deberíamos permitir ni perpetuar. Porque, como dice la cita, cuando alguien no es tratado con toda su dignidad que merece, mi libertad está en entredicho.

La historia la cuenta una de las mejores novelistas de Italia, y su protagonista es Brigitte Zebe, una mujer que llega a Italia escapando del Congo. ¿Cómo fue que surgió esta novela?  El centro Astalli en Italia ayuda a migrantes a pedir refugio, y además pone en contacto a estudiantes con migrantes para que no sean indiferentes a ellos.  Mazzucco fue invitada a hacer de juez en unas narraciones que los estudiantes  tenían que hacer después de haberlos conocido.

Nos cuenta en el libro: “Ninguno de ellos conoce a estudiantes extranjeros, inmigrantes o refugiados, ni la vida cotidiana les ha ofrecido la oportunidad de ponerse en contacto con ellos o de tratarlos asiduamente. Los ven con simpatía, pero desde una distancia sideral: la forma de representarlos en los reportajes de los telediarios. Así que solo son capaces de imaginarlos siempre durante su dramático viaje, mientras se ahogan en el mar o cuando desembarcan por fin en Italia. Ignoran todo lo que les sucede después”.

La autora menciona que muchos migrantes pasarán por Italia para dirigirse a un lugar donde hay alguien que los espera. Pero muchos otros se quedarán ahí. “Italia es el lugar al que he llegado o adonde Dios me ha llevado -me dicen, como en su momento me dijo Brigitte- y es aquí donde quiero vivir. En qué o en quiénes piensan, lo que son o lo que lleguen a ser, es algo que nos concierne. Conocerlos -y asegurarse de que nos conozcan -es necesario. El futuro se está construyendo ahora.

La inocencia de los jóvenes está justificada, la nuestra es miopía o incluso ceguera. Tenemos que escribir su historia, una historia que ahora ya es también la nuestra. No solo por ellos, sino por nosotros. Me parece que se ha vuelto algo necesario”.

Entonces, alguien le propone a la escritora que cuente la historia de Brigitte. Y Brigitte accede a contarle su historia.

Lo que le cuenta es para erizarle a uno el vello. Conocemos a Brigitte en los primeros capítulos dando vueltas por la estación Termini, sin comida, sin poder entender el lenguaje, poder leer los letreros, al parecer en estado de shock. Pasan varios días antes de que alguien se vea impulsado a ayudarla, tratar de ver que idioma habla, comunicarse con ella…y brindarle ayuda para llegar a un lugar donde pueda comer, asearse.

La historia de como llegó y por qué estaba en esas condiciones es espeluznante. Nadie sale de su casa porque quiera aventurarse a llegar a otro país si no es porque en el suyo las condiciones son insoportables, porque ya no se puede pensar en otra cosa que no sea salvar la vida, a veces tienen que huir dejando atrás seres queridos (a veces aún dependen del que huye, pero no se los pueden llevar), manera de vivir. Brigitte vivía bien, era enfermera y dirigía dos clínicas. Era respetada y apreciada en su comunidad pues sabían que en esas clínicas recibirían la ayuda sin que se enriquecieran con los tratamientos, a veces incluso, no cobraba a quien no tenía para pagar. Un gesto de esos le permitirá salvar la vida cuando a quien se le ha ordenado la desaparezca la reconozca como aquella que le permitió a su hijo nacer en la clínica gratuitamente.

No es un libro cómodo porque nos confronta. ¿A cuantas Brigitte dejamos deambular con hambre, con sed, cansadas y sin tener donde reposar la cabeza? ¿A cuantas se les da la mano? ¿Cómo podemos hacer una diferencia? Detrás de cada migrante hay una historia, una persona que está pasándola mal, a quien le duele el corazón, que se ha arrancado su raíces y no sabe si aguantará la transplantada.

El título viene de un versículo del libro de Isaías 10, 41 “No temas, que yo estoy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios, que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi mano”

2 comentarios

  1. No conocía ni el libro ni la autora, pero me parece súper interesante, muchas gracias por descubrírmelo. Muchos besos.

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