LIBRO: 3934 Kilómetros

3934 KILÓMETROS

Juan Carlos Quezadas

Editorial Castillo

Reto Tsundoku

” El Muro es el principio del fin del principio del infierno”.

La historia comienza en El Salvador. Irene Madariaga es una niña que vive con su abuela, porque sus padres han emigrado a los Estados Unidos. La abuela trabaja con una cooperativa de pescadores y la nieta, a la que le dicen la gata, va a la escuela pero en cuanto puede, se sube al techo de la escuela donde se recuesta pasar las hojas de los libros (pues aún no sabe leer). Cuando tiene 10-12 años la violencia la ha alcanzado (SPOILER: Ha presenciado un ataque a su maestra y la mara salvatrucha ha asesinado a su abuela FIN DEL SPOILER)  y decide dejar su país para ir a buscar a sus papás.

El Salvador está marcado con una cruz.

Por supuesto, el viaje está lleno de peligros (y hay que agradecerle al autor que a esta niña no le sucede todo lo que podría sucederle…lo que las estadísticas nos dicen que pasa todos los días a quienes están huyendo de un lugar, y son vulnerables precisamente porque no hay registro de que hayan entrado a un país, son invisibles en términos legales y presa para muchos buitres que los ven como mercancías) pero se encuentra con dos mujeres que serán como sus ángeles. El viaje no termina bien, porque aún ahí donde espera encontrar el paraíso, también hay personas que los ven como un peligro para su modo de vida y buscarán hacerles daño.

Lo más triste es lo que dice esta niña en el libro: si muere en el camino migrando, será considerada menos problema que si la encuentran viva. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

 

El libro ganó en la categoría juvenil el Premio Hispanoamericano Castillo de Literatura Infantil y Juvenil 2019, que organizó Ediciones Castillo en colaboración con la Universidad de Guadalajara y el Programa Universitario de Fomento a la Lectura Letras para Volar. (¡Felicidades al autor!). Lo leí para un círculo de lectura, que comentaremos el viernes. Un círculo de mujeres muy generosas que mes con mes, contribuyen a ayudar al comedor de migrantes del FM4 en mi ciudad. (¡Gracias amigas!).

 

Es raro: apenas ayer la muerte del Father Tom se anunciaba en primera plana y hoy el caso había sido reemplazado por el asesinato de un par de mujeres. Mañana se pasaría de las pobres mujeres al secuestro de un empresario y así, poco a poco, la velocidad de la violencia le iría ganando terreno a la sorpresa, a la indignación o lo que sea que deba provocar tanta mala noticia

A veces, en la vida, nos pasa lo que le sucedió a Diane al saltar a la bestia y “no nos queda de otra más que agarrarnos de algo doloroso o caliente o afilado. Nuestra única conexión con la vida nos saca sangre y nos hiere, pero a pesar de todo vale la pena aguantar. Aunque sintamos que la muerte se acerca no hay que soltarse. Aunque las ruedas que giran debajo de nosotros nos prometan un rápido final hay que aguantar. Apretando los dientes, tratando de herir, nosotros también a ese maldito filo que nos rasga la palma. Demostrándole quien es el que manda aquí. Soñando con la nieve o con el sol, porque aunque vayamos trepados en la bestia, sin un rumbo claro”

Otro de los grandes peligros a los que nos enfrentábamos era a las manadas de cazadores de migrantes que habitan los caminos del sur de México: policías migratorios, soldados y traficantes de personas.”

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