LIBRO: Vieja Navidad

VIEJA  NAVIDAD

Washington Irving

Reto Tsundoku

El autor es un escritor estadounidense, nacido en 1783, en la ciudad de Nueva York. Fue el más joven de 11 hermanos. Fue un joven enfermizo, que leía mucho y gustaba del teatro. Sus pininos como escritor los hizo escribiendo en el periódico Morning Chronicle, que editaba su hermano Peter, y que fimaba como Jonathan Oldstyle. Estudió derecho y para 1806, ya litigaba, pero seguía gustándole más la escritura. Junto a su hermano William y su amigo James Kirke publicaba Salamagundi, un periódico de ensayos humorísticos. Bajo ese género escribió Una historia de Nueva York desde el principio de mundo hasta el final de la dinastía neerlandesa, por Diedrich Knickerbocker en 1809. Antes de publicarlo, hizo lo que sería una de las primeras campañas para que la gente esperara ansiosa el libro. En una serie de anuncios en periódicos de Nueva York, buscaba información sobre Diedrich Knickerbocker, que había desaparecido del hotel. También publicó un aviso del supuesto dueño del hotel, donde informaba que si no regresaba el cliente Diedrich Knickerbocker a pagar una factura, publicaría un manuscrito que había dejado. Así, cuando se publicó el libro, fue un éxito por los que habían seguido la saga desde los periódicos. Se dice que el nombre de los Knicks de NuevaYork Knicks viene de abreviar el apellido de ese seudónimo, que pasó a ser un apodo para losresidentes de Nueva York.

Siguió escribiendo, ahora biografías (de héroes navales como James Lawrence y Oliver Perry), editó revistas y sirvió en la guerra. En 1815 se fue a Inglaterra para ayudar a la empresa comercial de su familia y estuvo en Europa los siguientes 17 años.

La empresa familiar se declaró después en bancarrota, pero Irving quiso quedarse allá pues quería seguir escribiendo y ya era amigo de otros escritores como Walter Scott, Thomas Campbell y Thomas Moore.

El título original de este libro fue “Old Christmas” y se publicó en 1820 y en él narra las tradiciones navideñas  “lamento tener que añadir que estas tradiciones van perdiendo día a día su vigor, siendo pertinazmente erosionadas por el tiempo, y más cruelmente aún por las modas actuales. Me recuerdan a esos pintorescos pedazos de arquitectura gótica que  vemos desmoronarse en varios lugares del país, en parte castigados por el paso de los años, y en parte perdidos entre las adiciones y alteraciones de los últimos tiempos.”

Hay algo en la propia estación del año que le presta encanto a la fiesta de Navidad. En otras épocas del año una gran parte de nuestros placeres se deriva de la mera belleza de la naturaleza: nuestros sentimientos brotan y se disipan en medio del paisaje soleado, y vivimos “fuera de casa y en todas partes”. El canto de los pájaros, el murmullo del arroyo, el fragante aliento de la primaera, la suave voluptuosidad del verano, la pompa dorada del otoño; la tierra con su manto de refrescante verdor, y el cielo con su profundo y delicioso azul y su algodonosa magnificencia…todos nos llena de una alegría exquisita, y nos gozamos sólo en los placeres de los sentidos. Pero en lo más profundo del invierno, cuando la naturaleza yace despojada de todo encanto, envuelta en su mortaja de sábanas de hielo y nieve, buscamos de nuevo aquietar nuestras pasiones en fuentes morales. Lo inhóspito y desolado del paisaje, los días cortos y sombríos y sus tenebrosas noches, reduciendo a estrechos límites nuestros vagabundeos, o apartando de nuestro ánimo la idea de aventurarnos fuera de casa, nos disponen más agudamente para los placeres del círculo social. Nuestros pensamientos están más concentrados, nuestras simpatías amistosas más excitadas. Respondemos más expansivamente al encanto de la compañía de los demás mortales, y nos dejamos llevar más confiadamente por nuestra dependencia del prójimo para el disfrute. Corazón llama a corazón; y así extraemos nuestros placeres de los profundos pozos de viva bondad, que se hallan en los más recónditos recovecos de nuestros pechos; y nos proveen, cuando recurrimos a ellos, del elemento de la felicidad hogareña en su estado de máxima pureza.

Y así nos cuenta de una diligencia que lleva a sus pasajeros al campo, a donde van a pasar las fiestas. Los niños que vienen de los internados para ser recibidos por sus familias y como van platicando emocionados de los platillos, las travesuras, los animales (perros y ponies), sus familiares que han echado de menos al estar lejos. Nos describe a los cocheros, que eran tan importantes en esta estación del año, llevando y trayendo además de paquetes, notas unas de amor, otras de cobro, etc. De la nochebuena, que cenaban y su protocolo, de la mañana de navidad con un desayuno en la casa señorial, donde se leían salmos, y después se acudía a medio día a la iglesia a escuchar la misa, como eran los sermones, ahí se encontraban los vecinos y en la noche tenían la muy formal cena de navidad, el evento más importante de la temporada.

Un libro bonito para ver desde la comodidad del sillón las navidades de otros tiempos. Dicen que este fue uno de los libros que sirvieron de inspiración a Charles Dickens y su “Cuento de navidad”. Si lo encuentran ¡leánlo! No se van a arrepentir.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s