LIBRO: Oscar y Mamie Rose

OSCAR  Y  MAMIE  ROSE

Eric-Emmanuel Schmitt

Reto Tsundoku

El autor estudió filosofía y durante un tiempo ejerció la enseñanza, pero en 1993 dejó todo para dedicarse a escribir novelas y obras de teatro. Le ha ido muy bien, porque es uno de los autores  más representado en teatro en Francia. Ha escrito un “ciclo que habla de las religiones” (en un principio le llamaba la “Trilogía de lo Invisible”, pero ya son 5 títulos) . Los títulos son:  El Señor Ibrahim y las Flores del Corán habla del judaísmo y el Islam (hay película de ese libro). Milarepa trata sobre el budismo, El Hijo de Noé trata sobre el judaísmo, El Sumo Que No Podía Engordar trata sobre budismo zen y este libro que hoy traigo al blog trata sobre el cristianismo.

En el 2004 la revista Lire hizo una encuesta donde le preguntaba a los franceses cuales eran los libros que “habían cambiado su vida”. Este libro se citó junto a la Biblia, Los Tres Mosqueteros y El Principito. Además,  recibió un premio de la Academia de Medicina por contribuir a la humanización del personal hospitalario.

El autor.

¿Qué tiene de especial el libro? En mi opinión aborda algo que las personas suelen evadir: el sufrimiento cuando alguien recibe la noticia de que “no hay nada más que hacer para recuperar la salud”. Hay quien no quiere que sus familiares sepan que su enfermedad ha llegado a un punto sin retorno, otros quieren evitar que el médico de el diagnóstico al enfermo( no se cómo hacen para ocultárselo al paciente si se supone que ellos son los que deben saber, va en contra de la ética médica), se llega al ridículo de pretender que no pasa nada, que quien hoy sufre mañana se va a aliviar, y en vez de hacer planes para despedirse, se vive desde una especie de limbo donde “aquí no pasa nada”.

Pero ¿qué sucede cuando no es un adulto el enfermo terminal, sino un niño? ¿Qué pasa cuando los papás están tan asombrados y dolidos que no saben que hacer con lo que les ha dicho el médico, y no les pasa por la cabeza contarle nada al  hijo?

El autor y Amir Ben Abdelmoumen, quien da vida a Oscar en la versión cinematográfica del libro.

Pues puede pasar algo como lo que sucede en el libro: que el enfermo se encuentre con alguien más para hablar de lo que le está sucediendo y lo que le falta vivir. Y que ese alguien quede por siempre cambiado por la experiencia.

Hace algunos años, perdí a las amigas más cercanas que tenía. Murieron por enfermedad o accidente. Con las que podía hablar de la inmortalidad del cangrejo, de lo que esperábamos lograr con nuestras vidas, las que sabían de mis cimas y valles emocionales, con las que filosofaba, me reía hasta quedar sin aire, o con las que podía llorar con toda confianza sabiendo que era contenida y amada.

Las que enfermaron  me enseñaron que: la vida es corta, apreciala al máximo; no te rehúses a ver el sufrimiento (ni el propio, ni el ajeno) y sobre todo no te alejes de quien está pasando una enfermedad, o un dolor por no saber que decir. No digas nada. Hazte presente. Con eso es suficiente. No evites mencionar la palabra salud, futuro, no evites mencionar a alguien el hijo que perdió, no pretendas que no existió. Eso lastima más, mucho más, que recordarlo y mencionarlo.

Otra escena de la película

Acompañándolas a ellas, vi como evitaban a algunas amistades porque llegaban a visitarlas como si no estuvieran enfermas y hacían todo lo posible para que el tema saliera a la luz. Hacían sentir a mis amigas culpables de estar enfermas, que eran visitas de compromiso hechas desde el miedo. Y con las que enfrentaban la enfermedad  la acompañaban, podían bromear sobre su futuro, reír, ser ellas. Mostrar su miedo y su enojo, su esperanza y su frustración.

¿Qué pasa cuando no dejo que el otro exprese lo que vive? ¿Cuándo mi miedo a su sufrimiento es más grande, y por evitar este me pierdo la oportunidad de acompañar? ¿Qué preguntas hará a las que yo no tenga respuesta? ¿tendría por qué tener una respuesta? ¿Y que hago con las preguntas sin respuesta propias?

Mamie-Rose trabaja en el hospital como voluntaria. Por eso mismo puede acompañar a Oscar, porque no hay un componente emocional que la ate y la llene de miedo con su diagnóstico. Y lo que sucede entre ambos es magia pura.

Hay momentos hilarantes en el libro, a pesar de la tristeza de la trama. Porque así mismo es la vida: pasamos de las lágrimas a la risa, y de la risa a las lágrimas…es mucho más fácil cuando no tememos a ninguna emoción.

Mi recomendación: compren el libro y léanlo. Es una joya. En este enlace pueden ver el trailer de la película.

Otros libros de este autor en el blog: aquí y acá.

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