LIBRO: Las Uvas de la Ira

LAS  UVAS  DE  LA  IRA

John Steinbeck

Reto Tsundoku

 

Hay obras que nacen por la conciencia social del escritor y las ganas que tiene de que la realidad que observa sea diferente. Este es uno de estos libros. En una entrevista, Steinbeck dijo: Quiero ponerles  la etiqueta de la vergüenza a los codiciosos cabrones que han causado esto.

¿A que se refería el escritor? La depresión económica de los años 20’s no había podido superarse aún. En el este de Estados Unidos los granjeros estaban arruinados. El peor desastre ecológico del siglo XX en Estados Unidos produjo el  dust bowl (cuenco de polvo): el viento levantaba el polvo que impedía a veces ver el sol, pues la tierra estaba seca, estéril;   la industrialización de la agricultura estaba dejando sin trabajo a muchas personas, y otros  debían sus tierras al banco tras años de cosechas desastrosas.  Los bancos comenzaron a apoderarse de las tierras, desalojando a los granjeros y dejándolos sin medios para subsistir.

Sin tierras y sin trabajo, más de tres millones de habitantes tuvieron que dejar sus granjas. La carretera 66 se llenó de personas que buscaban la manera de sobrevivir, buscando oportunidad en otro lugar.

Steinbeck había hecho unos reportajes sobre esa migración, que le sirvieron para, en 5 meses de trabajo intenso, hacer esta novela. Su entonces esposa, Carol, fue quien le sugirió el título. Es una estrofa de “Himno de la Batalla de la República” de Julia Ward, que dice: “la vendimia que contiene las uvas de la ira”…esa ira que los granjeros estaban sintiendo al ser despojados primero de sus tierras, sus recuerdos, sus posesiones, su salud, trabajo y dignidad.

El autor

Así surge la familia Joad, a quien acompañaremos en el éxodo, de Oklahoma a California. Los granjeros californianos a través de volantes, solicitaban mano de obra para la cosecha de sus cultivos. Pero ofrecían un trabajo que no existía. Había exceso de trabajadores, y cada día llegarían más. Así, estos migrantes serían poco apreciados por los dueños de negocios (ya no tenían dinero para comprar), por los dueños de las granjas (las condiciones de trabajo serían terribles) y por los trabajadores californianos, que de repente verían como su medio de vida estaba amenazado.

“Si un hombre tiene una pequeña propiedad, esa propiedad se transforma en él, en una parte de él, y es como él. Si es dueño de una propiedad, aunque sólo sea para poder andar por ella, trabajarla, apenarse cuando no marcha bien y estar contento cuando la lluvia caiga sobre ella, esa propiedad es él, y de alguna manera, él es más grande porque la posee. Incluso si las cosas no le van bien él tiene la grandeza que le da su propiedad. Es así. […] Pero cuando un hombre tiene una propiedad que no ve, que no puede tocar con los dedos porque le falta tiempo, ni pisar porque no está allí, entonces, la propiedad es el hombre. Él no puede ni hacer ni pensar lo que desea. La propiedad se apodera del hombre por ser más fuerte que él. Y él ya no es grande, sino pequeño. Tan sólo sus propiedades son grandes y él se convierte en el servidor de su propiedad. Esto es lo cierto, también.”

Retrata la injusticia de un sistema que ha quitado la tierra a sus legítimos propietarios, a los que la sembraban y comían de ella, el sistema los volvió arrendatarios,  luego estorbos de los que se desharía la tecnología. Llegará a trabajar la tierra un hombre que no la ama, que no le importan sus ciclos, que ni la toca. Mecánicamente sembrará sin respetarla, como si la violara. Y usará a otros hombres como si fueran meras herramientas y no seres humanos.

El libro fue llevado al cine con mucho éxito.

Al principio, está la rabia y la indignación de ser despojados de sus tierras. Cuando ven que no tienen más remedio que irse, si quieren salvar la vida, son obligados a decidir que van a llevarse con ellos.  ¿Se llevan lo útil o lo que les recuerda su propia historia? ¿Cómo van adelante sin pasado? Que brutal es el sistema que para sobrevivir nos hace renunciar a recuerdos, memorias, aquello que nos ata a los que amamos, vivos o muertos. Hubo quienes no resistieron irse. Se negaron a hacerlo viviendo entre las ruinas, o muriendo en el camino.

Quieren vender lo que no podrán llevarse y hay hombres que pagan una miseria por sus caballos, sus yuntas, sus camas, etc. Y les venden a precio de oro llantas que no durarán, carros que no aguantarán. Con lo poco que juntan, emprenden el viaje. Siempre con la esperanza de un futuro promisorio que dependerá de sus manos y ganas de esforzarse.

Pero llegan y no hay trabajo. No hay donde quedarse. Si acampan al lado del camino, son hostigados por la policía. Si se reúnen con otros, será peor. Cada compañero en el campamento, es un rival para encontrar trabajo. El dinero comienza a escasear y la comida también. A lo largo del libro hay niños que pierden la vida porque sus padres no tienen con qué alimentarlos, siendo que en las granjas hay fruta que está cayéndose de madura, que se tira, que se rocía con gasolina antes de tirarla para que nadie pueda comerla. Si siembran algo, y lo cuidan, llega la policía y quita el sembradío. Quieren alimentarse pero la justicia piensa ¿y si luego quieren alegar que esa tierra es suya? Hay mucho terreno que podría sembrarse, podrían darles tierra…y eligen darles hambre.

“¿Cómo se puede asustar a un hombre que no solo carga con el hambre de su vientre sino también con el de sus pobres hijos? No se le puede atemorizar porque este hombre ha conocido un miedo superior a cualquier otro”.

Estos oakies (así les decían, porque venían de Oklahoma) mantenían su dignidad. Se decían: “mientras elija a donde ir, aún soy libre”.

Encuentran un campamento  donde están más protegidos, hay agua para asearse y lavar su ropa, donde están mejor organizados. Pero los granjeros californianos quieren sacarlos de ahí, mandan a la policía, que no puede entrar a menos que haya disturbios. Pagan infiltrados para que hagan disturbios…es la guerra del hombre contra el hombre.

Escena de la película

Y sin embargo, hay esperanza. Su bondad, la estructura familiar les mantiene de pie. Aunque tienen poco, comparten ese poco con quien tiene menos. Ellos no pierden su humanidad. Pero el libro es terriblemente triste, indignante…mucho más cuando piensa uno que eso sucedió. Trata muchos temas: la avaricia, la crueldad de los que tienen con los que no tienen, la solidaridad entre  quienes sufren, la familia que siempre sirve de sustento y protección, la dignidad de aquel que quiere una oportunidad para trabajar, no limosnas, no ayudas que le rebajen.

El libro se publicó en 1939, y fue aclamado por la crítica. Ganó el National Book Award y el Pulitzer de Ficción. Se compraron los derechos para llevarlo al cine.

Su autor pagó un precio muy alto. La asociación de granjeros de California detestó como fueron representados, y atacaron el libro, lo quemaron, llamaron comunista al autor. El FBI lo estuvo vigilando un tiempo. Y en la ciudad de Salinas, California (ciudad donde había vivido Steinbeck), amigos de toda la vida le dieron la espalda. Recibió amenazas de muerte y un sheriff le aconsejó que anduviera armado, para defenderse si lo necesitaba.

El sello personal de Steinbeck era este:

“Hasta las estrellas en las alas de un cerdo”. Se consideraba un espíritu terrenal, torpe, pero con la intención de volar. Creo que con este libro lo consigue. Muestra lo más oscuro del corazón humano, pero también las personas con conciencia para buscar el bien social, para dar al otro desde la compasión y el amor, aquellos que buscan hacer una diferencia aún cuando ellos no vayan a ser beneficiados.

En 1962 se le otorgó el Premio Nobel de Literatura y en su discurso de aceptación, dijo: «Se delega al escritor para que declare y celebre la probada capacidad del hombre para la grandeza de corazón y espíritu; para la gallardía en la derrota, el coraje, la compasión y el amor. En la interminable guerra contra la debilidad y la desesperación, estas son las brillantes banderas de la esperanza y la emulación. Sostengo que un escritor que no cree en la perfectibilidad del hombre no tiene dedicación ni ninguna implicación en la literatura.«

“¿Podremos alimentar una boca más? […] no se trata de si podemos, sino si estamos dispuestos. Haremos lo que nos propongamos…nunca he oído decir que ni los Joad ni los Hazlett negaran comida o refugio o no echaran una mano en el camino a quien lo pidiera. Ha habido algún Joad tacaño, pero nunca ha llegado a tanto.”

 

 

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