LIBRO: Agnes Grey

AGNES GREY

Anne Brontë

Reto Tsundoku

 

“Es tonto desear la belleza. Las personas sensatas nunca la desean para sí

ni le dan importancia en los demás.

Si la mente está bien cultivada y el corazón bien dispuesto,

a nadie le importa el exterior”.

 

La vida de las Brontë fue difícil,  se sobrepusieron a través de la imaginación, creando mundos alternos que les ayudaban a soñar despiertas y evadirse de su realidad. Anne trabajó  como institutriz, y a pesar de que la primera experiencia no fue agradable,  aguantó porque junto con sus hermanas, planeaban poner una escuela. Como no pudieron hacer tal cosa, probaron suerte como escritoras. Al principio, ni siquiera se animaron a publicar con su nombre pues “si eres hombre, juzgan tu obra; pero si eres mujer, te juzgan a ti” (como dice Emily en la película de “Walking Invisible”). Lo hicieron con seudónimos -Anne era Acton Bell. Su libro de poemas no fue exitoso (vendió solo 2 ejemplares) y decidieron probar suerte con novelas. Cada una de ellas escribió una novela y  les fue mejor. Emily y Anne no vivieron para disfrutar mucho del éxito de sus obras (que fue muy moderado en vida de ellas, fue mucho más famosa Charlotte en vida). Anne murió con apenas 29 años, y dejó dos novelas. Esta es la primera de ellas.

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Agnes es una muchacha cuya familia ha perdido su patrimonio y se ve en la necesidad de emplearse como institutriz. Para  1850 se calculaba que había unas 25.000 mujeres como institutrices en Inglaterra. Agnes estaba feliz ante la  perspectiva de ayudar a formar a otros: “Me sentía perfectamente capacitada para la misión: el claro recuerdo de mis propios pensamientos y sentimientos de la primera infancia serían mejor guía que las instrucciones de un consejero más maduro. Sólo tenía que volver los ojos desde mis pequeños alumnos a mí misma a su edad para saber enseguida cómo hacerme con su confianza y afecto, cómo despertar la contrición de los descarriados y consolar a los afligidos, cómo hacer viable la Virtud, deseable la Educación y preciosa y comprensible la Religión

Llega a la primera casa donde va a trabajar y tiene que escuchar a la madre decir puras tonterías sobre sus hijos (¿cuántos maestros el día de hoy no se ven sometidos a lo mismo? “mi hijo es un genio, deje usted que vea lo adelantado que está para su edad, es un niño despierto e inteligente, además se porta muy bien” y bla, bla, bla…cuando en realidad, están exagerando los méritos de sus bendiciones). Cuando los hijos no se comportan como esperan, los padres se quejan de la institutriz (igual como van y se quejan la dirección de  la escuela; a veces sin hablar nunca con el maestro). Los niños se comportan mal por la falta de disciplina de los padres, que están para malcriarlos y esperan que la institutriz los controle, pero sin darle la autoridad para hacerlo. Es una de las denuncias que hace Anne  en esta novela: nos muestra las condiciones de las mujeres que trabajaban como institutrices: abusaban de ellas porque les pagaban poco, consideraban que debían agradecer que tenían un techo y comida, no se tenían en cuenta sus necesidades, y eran vistas casi como un mueble. Podían tenerlas sin comida por grandes periodos, hacerlas caminar mientras los demás iban en carruajes, pedirles cosas sin sentido, y los niños jamás eran responsables de nada, a ella se le reclamaba el mal comportamiento de los niños.

En esa primera familia el matrimonio se llevaba muy mal. Había un tío que le festejaba al sobrino que fuera ruidoso, cruel, grosero -incluso con su madre- porque decía que era bueno que se “alejara de las faldas”. Son una familia ejemplar para aprender a criar personas despreciables. Por supuesto, en ese ambiente muy poco podía conseguir la institutriz. Es despedida porque evitó que el niño torturara a unos pajarillos que encontró aún en un nido.

– Parece usted haber olvidado que todas las criaturas han sido creadas para nuestro provecho.

 

-Si es así, no tenemos derecho a atormentarlas para nuestra propia diversión.

 

-Yo creo que la diversión de un niño pesa bastante más que el bienestar de una bestia sin alma.

 

-Pero para el bien del niño, no hay que alentarle a que se entretenga con tales diversiones -respondí, tan mansamente como me fue posible, para compensar mi inusitada perseverancia. “Bienaventurados los misericordiosos pues ellos alcanzarán la misericordia.”

 

 – Oh, por supuesto, pero eso se refiere a nuestra conducta unos con otros.”

 

– “El hombre misericordioso tiene misericordia para con su bestia” -me atreví a añadir.

 

 

Regresa a la rectoría (a agarrar valor jejeje) y va con otra familia que tenía hijas de mayor edad, una de ellas ya casadera. Esas  adolescentes eran  caprichudas, fatuas, su único interés era ver quien se  interesaba por  ellas para burlarse y despreciarlo.  Jamás les enseñaron a moderar sus deseos, a distinguir el bien del mal, a ponerse en el lugar de otro. Las hijas de esa familia tiranizaban a los empleados de la casa. “Las madres mimaban en exceso a los varones aún a riesgo de hacerlos inútiles”. La institutriz estaba en un lugar muy incómodo: no era de la familia, no era de la servidumbre. Los criados no le hacían caso cuando pedía algo, y viendo que los patrones la apreciaban poco, ellos tampoco. Al parecer la clase acomodada “no tenían ninguna consideración por sus sentimientos, juzgándolos de un orden de personas totalmente distinto del suyo”. La madre de ellas estaba preocupada por conseguirle un marido rico a la hija, aunque fuera un patán. Lo consigue, y será infeliz. Ahh, pero eso si, en una mansión.

Anne Brontë

Otra crítica en la novela es la que hace a los párrocos. Reconoce que hay unos que solamente buscan su interés y son egoístas, soberbios, manipuladores, poco serviciales; que no predican el evangelio sino sus ideas, y que esperan que los demás se comporten como ellos piensan que es correcto -aunque sus reglas no apliquen para ellos-.  Y  había  otros que realmente tenían  la vocación de servicio y que buscaban ser útiles a su prójimo, acompañarlos en sus dolores y penas, y llevar consuelo donde se necesitara.

Por supuesto, hay también romance. Fue un placer conocerla con este libro, y darme cuenta que siempre ha habido personas que entienden que el ser humano necesita educarse y formarse para despertar esa humanidad, y por el contrario dejarlo  «silvestre» deja que se manifieste lo peor en él. No me extraña que después hubiera nanas como Mary Poppins tan poco cariñosas (en los libros, Mary no es muy juguetona).

 

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