LIBRO: El Retorno

EL  RETORNO

Dulce María Cardoso

“Un hombre pertenece al sitio que le da de comer, a no ser que tenga un corazón ingrato […] un hombre tiene que seguir al trabajo como el carro sigue a los bueyes”

Este es un libro que me recomendó mi librera favorita, Rosa Muro. Como Portugal es el país invitado este año en la FIL, y ella se prepara desde antes, nos recomendó este libro a unas amigas y a mí y nos lo mandó traer de España.

Portugal tuvo colonias en África, y la de Angola se independizó en 1975. Ahí vivían portugueses que se viajado con la esperanza de encontrar una mejor calidad de vida que la que tenían en la metrópoli, como le llaman en el libro a Portugal.

Colonias portuguesas en África

Como todo el que migra, la metrópoli era el paraíso perdido y extrañado. Se adaptaron bien a su vida en Angola, y Rui, un adolescente nos cuenta a través de sus ojos como sus padres hablaban de Portugal y parecía que todo era felicidad y prosperidad allá: las muchachas más guapas, la fruta más apetitosa. Recibían revistas, cartas de los parientes que les contaban como estaban, con fotos de los eventos que se perdían, relatos de romances, nacimientos, muertes, celebraciones, cartas  atesoradas y vueltas a leer una y otra vez. El padre de Rui con mucho esfuerzo tenía una casa, trabajaba en los muelles, casi no tomaba vacaciones, trabajaba mucho por su familia. Conminaba a sus hijos a aplicarse en los estudios. La hermana de Rui era juiciosa, y hacía caso. Rui estaba en la edad de comenzar a faltar, hacer vagancias con los amigos, etc.

Seguramente había otros que vivían mejor, y que explotaban a los lugareños y que poco a poco iban ganándose el odio de la población local. Pero eso Rui no se daba cuenta de eso.

La autora.

Tan solo supo que algo no estaba bien, que muchos comenzaban a irse, que había noticias de que lugareños estaban asesinando blancos en plantaciones, había disparos, gente que desaparecía. Además, Angola dejaría de ser colonia y eso hacía que familias blancas huyeran del  barrio, a las que su padre criticaba porque se iban justo cuando podrían comenzar a construir un país más igualitario. Quizás el papá de Rui no huía porque estaba tratando de llevarse lo más posible y que tanto trabajo le había significado. Comenzaban a tener vecinos que se apropiaban de casas de los que las dejaban vacías.

Rui tenía un tío militar, que quería la independencia de Angola y quería ayudar a reconstruir el país libre después de la independencia. El tío y el padre tenían diferencias de opinión.

El libro comienza una noche antes de que la familia vaya a irse, están haciendo maletas y pensando en que se llevarán de regreso a la metrópoli y como a ser su vida allá. Pero sucede un evento que los obliga a irse antes, con las maletas  medio llenar.

Llegan a la metrópoli y son llevados a un hotel, donde vivirán un tiempo (pues no hay dinero ni manera de conseguir una vivienda, y el gobierno los ayudó hospedándolos en hoteles, que seguramente recibían una subvención del gobierno, aunque el libro no lo dice). Primero la vida ahí no era tan mala. Luego si: estaban hacinados, la comida iba bajando de calidad, era tardada y lenta la   fila para poder desayunar, cenar. Se les trababa al principio con cortesía, pero ya se sabe que donde hay personas hay diferencias. Los de Mozambique (otra ex colonia portuguesa) se peleaban con los de Angola para ver cuál había sido la mejor colonia, algunos rompen las reglas que les pone el hotel (no cocinar en los cuartos, no llevarse las toallas, permitir que entren a limpiar las personas del hotel una vez a la semana a los cuartos). Al no tener actividades (no conseguían trabajos, los chicos no tenían escuela) comienzan a aburrirse, y algunos se envician, las travesuras comienzan a pasar a conductas de riesgo, pequeños delitos.

Al parecer, en la metrópoli los resentían, les llamaban así: los retornados. Las personas los veían con prejuicios: que si eran los que habían abusado de los africanos, que si se habían ganado que nos los quisieran y se rebelaran contra ellos, que solo los que habían sido crueles con ellos habían sido atacados; pensaban que venían  a quitarles el trabajo, alegaban que el gobierno les ayudaba a ellos nada más. Los retornados habían tenido que salir dejando sus propiedades, que no les ayudaron a recuperar. Algunos ya no tenían familias que los recibieran, otros tenían familias que no querían recibirlos o ayudarlos (o no estaban en condiciones de hacerlo).

Vista da Praia da Zambujeira do Mar
Desde el cuarto de hotel, la familia de Rui veía el mar.

Visto todo esto a través de los ojos de un adolescente es lo que no lo hace tan pesado. Rui estaba feliz de que gracias a el caos que había, el -junto con dos amigos- habían visto la película de Emmanuelle con binoculares. ¡Ah, juventud, bendita resilencia! Un amigo de Rui había emigrado a Sudáfrica y otro amigo a Venezuela.

 

“Así hubiera sido solo para ver a Emmanuelle desnuda, el golpe de estado había valido la pena”

La autora es portuguesa y vivió su infancia  en Angola, y fue, como Rui,  una retornada. Esta es su cuarta novela, y por ella   recibió el premio Especial de la Crítica en Portugal y el estado francés le dio la Caballería de la Orden de las Artes y las Letras en 2012.

Viene a la FIL y tendrá 3 eventos en ella:

 

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