LIBRO: Parece que Fuera es Primavera

PARECE  QUE  FUERA  ES  PRIMAVERA

Concita de Gregrorio

 

“la pérdida de un hijo es la piedra de toque, la medida áurea del dolor. El rasero. Todas las demás dificultades de la vida -una enfermedad, un dolor físico lacerante,un abandono, una pobreza extrema- están contenidas en ese perímetro-”

Irene Lucidi conoce a Mathías, se enamoran, se casan y tienen unas hijas mellizas. Su vida parecía buena.  “Nunca me levantó la mano. Era otra clase de violencia. Empecé a tener miedo de sus silencios. De sus pequeñas manías silenciosas. Del modo aparentemente indulgente en que destruía y rehacía por completo todo lo que había hecho yo. Ponía por todas partes post-its amarillos: instrucciones. En la nevera, en los armarios, dentro de los cajones. Decenas en el espejo del baño. Las instrucciones -órdenes- eran para mí.” Al principio le parecía lindo que pensara en “ayudarle” a que no se le olvidaran las cosas. Llegaron a ser tantos post-its que la casa estaba tapizada de ellos y sólo se dio cuenta de que era demasiado un día que recibió una visita y ella se extrañó al verlos. Para Irina, habían pasado a ser normales. Entonces, pone atención en el comportamiento de él: se da cuenta de que le gusta mostrarla, sin verla; y en una salida al cine se da cuenta de que él actúa con “total ausencia de compasión. Total, absoluta. Perfecta.” Ahí decidió  buscar ayuda. Fueron  un tiempo a terapia, las cosas no mejoraron  y se separaron. Lo hicieron en términos amistosos, no hubo peleas ni sombrerazos.

Irina con sus hijas. https://goo.gl/images/kncpqU

En Enero de 2011, el padre se llevó a las niñas, Alessia y Livia el fin de semana, y el 30 de Enero (domingo) que no regresaron, las reportó como desaparecidas. El 3 de Febrero, el padre se suicidó en la isla de Corsica, aventándose a las vías del tren. Dejó una nota donde le decía a Irina su intención de suicidarse y que no volvería a ver a las niñas. Hasta el día de hoy, no las  han encontrado a ellas, ni sus cadáveres.

Irina se enfrentó a una investigación tibia, donde le recordaban que ella era italiana (¿qué importancia tenía eso? ¿era xenofobia?), donde no se pidió informes al psicólogo que veía a Matthias, a la niñera que trabajaba con él, donde se dejaron muchos cabos sueltos. Pidió los trabajos de sus hijas en la escuela y no se los dieron, no la dejaron hablar con la maestra de sus hijas.

Esto la llevó a dos cosas: una, hacer una fundación para ayudar a otros padres que buscan a sus hijos. Y buscar a la periodista (la autora del libro) para que le ayudara a contar su historia. Que le ayudara a poner en palabras esta pesadilla.

La autora.

“Ayúdame a decir lo que no puede decirse, me pides.»

¿Cómo ha sobrevivido a ese dolor?

«Hace falta miedo para tener coraje. La ausencia es la verdadera medida de la presencia. El calibre de su valor y su poder.

El luto en ausencia del cuerpo es una hemorragia misteriosa e imparable: siempre tienes nueva linfa que perder, se regenera, nunca llega el día en que se extingue. He visto madres buscar a sus hijos durante treinta años, en Argentina. También he visto a abuelas reencontrar a sus nietos desaparecidos después de cuarenta, y es un espectáculo que no se puede explicar. Los ojos, sobre todo. La piel del ostro que se estira como si fuera nueva, y los ojos que brillan dentro.

Lo único más doloroso que no tener al lado a quien se ama es no saber dónde está aquel a quien se ama. No tener siquiera su cuerpo para imaginar que camina por otro lugar. Te miro, te escucho y todo cambia de luz. Tú eres la piedra de la ausencia. Eres su presencia. Mientras tanto sonríes, y me hablas de amor. Un amor nuevo, otro amor. Lo describes.»

https://goo.gl/images/8TMRgU

No hay una palabra para nombrar al progenitor que se ha quedado sin hijos. Y es importante tener una. ¿Por qué?

«¿Cómo se llama, como se dice, quién es aquel a quien se le ha muerto un hijo? ¿Qué lugar ocupa en la historia? Falta la palabra, falta la palabra. Carencia, ausencia. ¿Quién la ha borrado? ¿Cuándo?, del diccionario italiano, francés, alemán, español, inglés. Y, además, ¿por qué?

En alemán: Falta. En francés: falta. En italiano: falta. En español: falta (deshijado indica genéricamente aquel que ha sido privado de los hijos, pero está en desuso). En inglés: brevedad, privado de aquel a quien se ama. Inespecífica. A quien se ama, a quienquiera que se ame.

En hebreo existe. Surge de la Biblia. Av shakul, masculino. Em Shakula, femenino. Verbo: shakal, perder un hijo. Génesis 27, 45. Isaías 49, 21. Jeremías 18, 21. Antiguo Testamento. Existía, y se ha conservado en la lengua moderna.»

 

«En sánscrito: vilomah. Literalmente, contra el orden natural. Inespecífica, pero frecuente para indicar la pérdida de un hijo. (Me gusta mucho vilomah. Quien sabe si esa hache al final se aspira, se respira. Me gusta mucho el sánscrito, una raíz, un misterio.)

En griego moderno: charokammenos. Quemado por la muerte. Charos, el masculino de la muerte. Inespecífica, pero utilizada preferentemente para el progenitor que pierde un hijo.»

Aquí pueden descargar un fragmento del libro.

Este libro no se centra en el horror. Bucea en el alma de Irina para tratar de poner en palabras lo que vivió, y como se ha reconstruido después de ello.

Por supuesto, no pierde la esperanza de que aparezcan vivas.

“[…]Sólo al final de todo sé, sabemos ambas, por qué esta historia, tu historia, no es una historia cualquiera -claro que no lo es- y es tan potente. Tan fuerte que cambia a quien la escucha. Me explicas como se sobrevive a la ausencia. Como se hace para estar sin aquel a quien se ama más que a nadie en el mundo. Cualquiera entiende de qué estamos hablando. No hace falta imaginar la experiencia de verse privado de los propios hijos. Cualquiera sabe el esfuerzo que supone soportar, transformar, convivir con la ausencia de una persona amada. Un trabajo incesante. Una constante batalla. Un asedio, como tú dices. La presencia de quien falta es un asedio.”

6 comentarios

    • Margari:
      terrible, lo sufre uno mucho por lo que dice este poema de Andrés Eloy Blanco:
      Los hijos infinitos
      Cuando se tiene un hijo,
      se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,
      se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga
      y al del coche que empuja la institutriz inglesa
      y al niño gringo que carga la criolla
      y al niño blanco que carga la negra
      y al niño indio que carga la india
      y al niño negro que carga la tierra.

      Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños
      que la calle se llena
      y la plaza y el puente
      y el mercado y la iglesia
      y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle
      y el coche lo atropella
      y cuando se asoma al balcón
      y cuando se arrima a la alberca;
      y cuando un niño grita, no sabemos
      si lo nuestro es el grito o es el niño,
      y si le sangran y se queja,
      por el momento no sabríamos
      si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

      Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño
      que acompaña a la ciega
      y las Meninas y la misma enana
      y el Príncipe de Francia y su Princesa
      y el que tiene San Antonio en los brazos
      y el que tiene la Coromoto en las piernas.
      Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,
      todo llanto nos crispa, venga de donde venga.
      Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro
      y el corazón afuera.
      Y cuando se tienen dos hijos
      se tienen todos los hijos de la tierra,
      los millones de hijos con que las tierras lloran,
      con que las madres ríen, con que los mundos sueñan,
      los que Paul Fort quería con las manos unidas
      para que el mundo fuera la canción de una rueda,
      los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño,
      quiere con Dios adentro y las tripas afuera,
      los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima
      entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra,
      porque basta para que salga toda la luz de un niño
      una rendija china o una mirada japonesa.

      Cuando se tienen dos hijos
      se tiene todo el miedo del planeta,
      todo el miedo a los hombres luminosos
      que quieren asesinar la luz y arriar las velas
      y ensangrentar las pelotas de goma
      y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda.
      Cuando se tienen dos hijos
      se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas,
      toda la angustia y toda la esperanza,
      la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega,
      si el modo de llorar del universo
      el modo de alumbrar de las estrellas.

  1. Lo leí y lo reseñé en su día… «No hay una palabra para nombrar al progenitor que se ha quedado sin hijos. Y es importante tener una… Recuerdo esta frase como si la estuviese leyendo ahora mismo. El libro me gustó mucho me parece de mucha profundidad, pone nombre a cosas que muchas personas no saben como describir con palabras. Veo que tú tampoco has podido pasar de puntillas por él. Un fuerte abrazo

    • Susana:
      voy a ir a Libros y Literatura a buscar tu reseña, que siempre son maravillosas. Últimamente el tiempo se me comprime…ayyy. Me pareció que toca el dolor de una manera muy cuidadosa y respetuosa, y habla a veces de lo duro que se juzga a quien ha tenido una pérdida y sigue viviendo. Pareciera que los demás no quieren que se reponga ¡carajo!
      Un beso,
      Ale.

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