LIBRO: Killers of the Flower Moon

KILLERS  OF  THE  FLOWER  MOON

David Grann

 

Los indios nativos americanos de la tribu Osage (nombre que les dieron los franceses cuando se apropiaron del territorio de Luisiana) fueron desplazados de sus tierras por los americanos -después de ese territorio pasó a sus manos- hasta quedar confinados a una reserva, allá en el siglo XIX. Esa reserva está ahora en el estado de Oklahoma. Fueron de las pocas tribus nativas que pudo comprar su territorio (el estado les había comprado gran parte de su tierra, y con eso pudieron comprar ellos su reserva, lo que los volvió más soberanos que otras tribus a las que se les puso en una reserva, pero sin tener la propiedad de la tierra).

 

A finales del siglo XIX sufrieron porque el gobierno no les hizo llegar suficientes medicinas, raciones de comida (el territorio era muy poco fértil) y algunos murieron de hambre. La población declinó en un 50%. En 1879 una delegación fue a Washington D.C. para pedir que les dieran dinero para la manutención (esa manutención era un acuerdo previo) en vez de que hubiera una comisión encargada de manejar ese dinero porque eso era algo que los perjudicaba. Lo lograron. Y siempre se opusieron a perder la propiedad de sus tierras, lo que los volvió más fuertes que otras tribus.  En 1906 cada uno de los 2, 228 indios osage recibió la propiedad de 657 acres, y el derecho a lo que hubiera en el subsuelo.

 

President Calvin Coolidge posed, full-length portrait, standing, facing front, with four Osage Indians, White House in the background, 1925. (Photo by National Photo/Buyenlarge/Getty Images)

Aunque esperaba que se volvieran agricultores, esa tierra no era fértil, pero contaron con el pasto de las praderas que era bueno para el ganado, así que algunos comenzaron a intentar ser ganaderos. Al mismo tiempo, personas llegaban a ese territorio: gente que huía de la justicia, rancheros, comerciantes, banqueros, médicos. Los Osage alquilaban sus tierras a algunas de estas estas personas.

A principios del siglo XX hubo un cambio de fortuna para ellos: se descubrió petróleo en sus tierras. Para 1920, los Osage habían ganado más de 30 millones de dólares en ganancias. Sin embargo, no podían disponer libremente de ese dinero, por un acta de 1921, donde cada Osage tendría un guardián hasta que comprobara ser “competente”. Los menores tenían que tener un guardián, aún si sus padres vivían. Fueron explotados así por el gobierno, y por los guardianes, que cobraban cifras exageradas, y los abogados que usaban también. Los comerciantes que había alrededor les cobraban mucho más que al resto de los clientes.

 

Foto de la editorial Doubleday

Sin embargo, su riqueza era llamativa. Tenían carros (el libro habla de un caso donde a alguien se le ponchó una llanta y mejor compró otro carro), joyas, sirvientes blancos que les atendían, viviendo con excesos. Esto hizo crecer la codicia en algunos que comenzaron a pensar como robarles los derechos de propiedad. Sólo los Osage podían heredar sus derechos a sus hijos, o a sus esposos.

Al comienzo de la década de  1920 comenzó la era del terror: comenzaron a morir varios miembros de la tribu. Unos aparecieron baleados, otros de enfermedades que nadie supo tratar ni detener. Para 1925, cuando fue evidente para los Osage que las autoridades locales no querían o no podían esclarecer los crímenes (y ya vivían con el temor de ser los siguientes), pidieron ayuda al FBI. Hoy estiman que entre 1920 y 1925, 60 personas perdieron la vida por esa  conspiración.

 

De izquierda a derecha: Annie, Molly y Minnie. Sólo la de en medio sobrevivió a la ola de asesinatos.

 

El libro cuenta, como en una novela detectivesca, como fueron dándose los hechos, como se investigaba en aquel entonces, con qué tecnología se contaba, como el  FBI descubrió que todos estaban coludidos con entorpecer las investigaciones y que había personas embarradas del gobierno, médicos que trataban a los miembros de la tribu, hasta dar con la cabeza que había planeado todo. Edgar Hoover estaba muy interesado en tener éxito para así exigir más independencia a su departamento, que la sociedad entendiera que era necesario tener una policía nacional que estuviera por encima de la policía estatal para evitar que sucediera lo que había pasado en Oklahoma  y este primer triunfo que cimentó mucho del éxito del FBI posterior.

 

White, el encargado del FBI de la investigación de los crímenes, con Edgar J. Hoover.

Un libro que me mantuvo sin poder distraerme de él porque tenía que saber quién era el desgraciado que había planeado todo y si finalmente iban o no a detenerlo y castigarlo.

Muestra también el gran desprecio que sentían los blancos por los Osage (un miembro de la tribu decía “no se si ellos se dan cuenta de que son crímenes contra seres humanos o tan solo les parece que están maltratando animales”), la falta de disposición del gobierno por tratarlos como ciudadanos de pleno derecho. El gran daño que les hicieron no sólo a esta tribu sino a todas por obligarlos a dejar sus costumbres e intervenir para que se perdiera su lengua. Los niños eran obligados a vivir lejos de los padres en internados católicos donde no podían usar su ropa, no podían hablar su lengua, y cuando los niños regresaban a sus reservas se avergonzaban de sus padres.

 

No les cuento quienes eran responsables porque no tendría chiste. Supongo que este libro lo van a traducir porque están por hacerlo película.

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