LIBRO: Autobiography of a Face

AUTOBIOGRAPHY OF A FACE

Lucy Grealy

Reto: Rory Gilmore

 

“Ser diferente era la cruz que tenía que cargar,

pero ser consciente de esto era la compensación que obtenía de ello”

“Estuve cinco años en tratamiento por el cáncer, y 15 por verme diferente a los demás.

El dolor de ello, de sentirme fea, es lo que vi como la gran tragedia de mi vida.

El hecho de que tuviera cáncer era menor en comparación”

 

 

La autora nació en Dublin, Irlanda en 1963, y se mudó a EUA en 1967. Ahí vivió con sus papás, y 4 hermanos. Cuando tenía 9 años, un accidente en la escuela, que provocó que amaneciera al otro día con la quijada muy hinchada la llevaría a que descubrieran que tenía un cáncer en su mandíbula (sarcoma de Ewing). Y este libro es un recuento de su experiencia.

El diagnóstico viene seguido de una operación que la dejaría desfigurada, pues pierde el hueso de la mandíbula, y cinco años de tratamiento para erradicar el cáncer. Desde su primera estadía en el hospital, se da cuenta de que su relación con sus hermanos ha cambiado: ahora son muy amables con ella. Sus padres enfrentan como pueden esta tragedia: la madre, pidiéndole que sea fuerte y no llore cuando van a que le den su sesión de quimioterapia; el padre, evitando pasar mucho tiempo con ella durante los tratamientos. Después del cáncer, tuvo que estar 15 años en tratamiento para corregir lo que esa operación y tratamientos habían hecho con su cara (se sometió en ese tiempo a más de 30 procedimientos).

La autora.

Su vida escolar sufre, pues los viernes recibe la quimio que la deja muy mal hasta el miércoles, día en que comienza a mejorarse y el jueves que es el mejor día de la semana pero donde ya anticipa que al día siguiente tendrá que ir otra vez a que le pongan ese tratamiento que la hace sentir tan mal.

Cuando no puede ir a la escuela, aprovecha para explorar su casa, los secretos de los hermanos, y toma una actitud estoica frente a su enfermedad. Su imaginación le ayuda a entretenerse en las largas horas que pasa en el hospital (a donde tiene que ir cuando hay complicaciones o para las cirugías que tratarán de corregir su desfiguramiento.

Nunca le explicaron que tenía cáncer, o lo que la operación le había hecho. Se dio cuenta de ello la primera vez que salió y vio la reacción que su cara provocaba en los demás. Al igual que el niño de Wonder, su festividad favorita era Halloween pues podía esconderse detrás de una máscara y sentirse como cualquier otra persona. En el hospital se sentía a gusto, pues la trataban igual que a los demás enfermos, no hacían diferencias y seguramente -razona ella- lo suyo no era lo peor que habían visto. Trabajó un tiempo con caballos, y la pasaba a gusto porque ellos tampoco se asustaban al ver su rostro, ni parecía importarles.

Cuando regresa a la escuela se enfrenta a la crueldad de sus compañeros, que hacen comentarios maliciosos, que se ríen, se burlan. Ella no baja la mirada, ni les demuestra que la lastiman. Por el contrario, les sostiene la mirada. Se lo toma muy filosóficamente, no cree que las agresiones sean dirigidas tanto a ella, porque quieran lastimarla, sino que su rostro les sorprende y su reacción tiene que ver con ellos y no con ella. No se si un adolescente pudiera razonar así, pero ciertamente la enfermedad da una madurez que pudo hacer que así fuera.

A través del libro explora que es la belleza y como sabernos bellos, o no, forja nuestra identidad; pues no solo somos lo que creemos que somos, sino lo que los demás nos muestran que somos. Que la belleza (o su concepto) es una tiranía pues la sociedad espera que nos veamos de determinada manera y los que no encajan con ese ideal son hechos sentir que no están a la altura. “La sociedad no nos ayuda. Nos dice una y otra vez que podemos ser nosotros mismos al actuar y vernos como otras personas, renunciando a nuestros rostros originales para ser transformados en fantasmas que inevitablemente nos seguirán y resentirán […]súbitamente se me ocurrió que no es casualidad cuando en las películas y en la literatura los muertos saben que lo están cuando se les ofrece la prueba irrefutable: no se pueden ver más en un espejo.” En ese querer encajar, nos perdemos, y nuestra verdadera imagen desaparece.

Por el aislamiento en que vivía por su apariencia, era una observadora de sus compañeros y los dramas y máscaras  que había a su alrededor. Vio que el estatus social era volátil  y como se comportaban grotescamente para pertenecer a un grupo. Ella -pensando que no la aceptarían- ponía un aire de desinterés, y estaba contenta con ese personaje que se forjó.

A los 18 años entró a Sarah Lawrence donde hizo amigos, y descubrió la poesía. Se graduó en 1985 y de ahí fue a estudiar escritura en el Iowa Writer’s Workshop, donde conoció a la escritora Ann Patchett con la que tuvo un fuerte lazo de amistad. Ya en este momento de su vida la duda que tenía era si su cara evitaría que ella encontrara un amor de pareja. Cuando ya no pudo encontrar apoyo económico para las cirugías que aún necesitaba, se fue a vivir a Europa. Llegó un momento en que entendió que no era su cara lo que la detenía de vivir la vida como quería, sino sus expectativas, ansiedad y deseo sobre ella.

Un libro muy interesante que hace pensar que tanto peso le doy a mi imagen, que tan sana es o no, y a través de prejuicios miro  los demás.

Esta memoria se publica en 1994, cuando ella tenía 31 años  y tuvo mucho éxito comercial. Murió muy joven, en Diciembre del 2002 a la edad de 39 años.

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