LIBRO: Procesos de la Noche

PROCESOS   DE   LA   NOCHE

Diana del Ángel

 

“La primera barrera entre la justicia y las personas

 es el lenguaje”.

 

El 26 de Septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, México estudiantes recolectaban dinero para ir a la ciudad de México y estar presentes en una  marcha conmemorando  del 2 de Octubre. Fueron atacados y como el saldo fue  6 personas asesinadas (Víctor Manuel Lugo Ortiz, David  Josué García Evangelista, Blanca Montiel Sánchez, Julio César Ramírez Nava, Daniel Solís Gallardo y Julio César Mondragón Fontes), y multitud de heridos, y 43 estudiantes desaparecidos.

Hoy, la mayoría no creemos en la versión del gobierno de lo sucedido.  Peña Nieto no tiene interés en que se resuelva y su pueblo está desamparado porque entre el narcotráfico, y las instituciones que no funcionan  porque  protegen a los delincuentes nos preguntamos como el chavo del 8: ¿Y ahora, quién podrá ayudarnos?

El día 27 de Septiembre de 2014, comenzó a circular por las redes la fotografía de un cuerpo encontrado en el camino del andariego, en Iguala. Era un cuerpo, el de Julio César Mondragón Fontes, maltratado por golpes, al que le habían arrancado los ojos, y también desollado el rostro.

La autora

Lo demostrado después del sismo es que lo mejor de México es su gente. Y para muestra la escritora de este libro Diana del Ángel, y la abogada Sayuri Herrera que luchan para que haya verdad, justicia, memoria y reparación a Julio César Mondragón Fontes, y su familia. Las acompaña el colectivo El Rostro de Julio , y después, se termina de escribir el libro gracias a la residencia de creación literaria Ventura- Almadía y después sale a la luz por  Almadía. Creo que ellos muestran lo que es la solidaridad, la empatía, la humanidad que tanto cuesta encontrar en las instituciones.

Sayuri dice que la familia se acerca a ella buscando que defendiera la causa de Julio César porque las autoridades habían hecho a un lado este homicidio porque estaban “ocupadas” buscando a los 43 desaparecidos (deben estar ocupadísimas, donde no las han encontrado aún). No había interés en esclarecerlo.

 

Imagen tomada de http://terceravia.mx/2016/09/palabras-en-homenaje-a-julio-cesar-mondragon-fontes/
Imagen tomada de http://terceravia.mx/2016/09/palabras-en-homenaje-a-julio-cesar-mondragon-fontes/

El libro nos platica, a través de 22 crónicas, el proceso para exhumar el cuerpo de Julio César, hacer una nueva necropsia que documente la tortura que sufrió (la primera necropsia falla en esto, y dice que el desollamiento fue producto de la  “fauna del lugar”), y para identificarlo mediante ADN; y le pone de nuevo rostro a Julio César a través de lo que nos cuentan aquellos que lo conocieron y quisieron. Muestra la frialdad  con la que trabaja  el sistema judicial en este país, donde no les importa el dolor que están pasando quienes tienen que acercarse a ellos: donde el lenguaje, como bien dice la autora, marca una barrera entre ellos y los deudos; y donde en vez de escandalizarse por un crimen cometido, se ofenden por una manta con el rostro de Julio.

Imagen tomada de https://juliocesarmondragon.wordpress.com/tag/mondragon-fontes/

 

La búsqueda de justicia en este país es un sueño guajiro. Es tedioso, farragoso, cansado, lleno de trámites burocráticos que se entorpecen, con condiciones muy lamentables para llevarlos a cabo, y con empleados que no tienen interés en hacer su trabajo (quizás porque son los que saben, de primera mano, que la justicia de todos modos no va a llegar, como se lo hace saber Sagrario Aparicio, a los familiares de Julio; o saben que si ellos no  hacen su trabajo jamás van a ser penalizados por ello). Será que  el estado quiere que  las personas se cansen y dejan la búsqueda a la mitad; quien lucha sabe que aún llevando todos los pasos, todos los procesos, y perder  tiempo, dinero y esfuerzo no hay garantía de obtener lo deseado: que paguen quienes lastimaron a otros, que haya reparación del daño, que conste en papeles los actos cometidos, que se persiga a quienes los cometieron, que paguen sus crímenes.

Marisa, su hija Sayuri y Julio César. La niña tenía sólo 2 meses de edad cuando su padre fue asesinado. Imagen tomada de http://www.proceso.com.mx/419987/exhuman-restos-del-normalista-julio-cesar-mondragon

Se logró lo que se buscaba: identificarlo, y documentar la tortura que sufrió Julio César. Aún sigue pendiente la justicia. Pero que exista este libro es un punto a favor para no olvidar, para seguirla exigiendo.

Aquí pueden leer el prólogo de Elena Poniatowska.

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