LIBRO: 84 Charing Cross Roads

84 CHARING  CROSS ROADS

Helene Hanff

Relectura

 

La autora nació el 15 de  Abril de 1916 en Filadelfia, Pensilvania. Estudió en una preparatoria especial, que les enseñaba a los estudiantes a ganar becas para la Universidad. A ella le fue muy bien en las materias humanistas, pero tuvo problema con las matemáticas, y supo que no ganaría  ninguna, pues para  aplicar a ellas necesitaba “excelencia general” en las materias. Pero tuvo suerte: La Universidad Temple comenzó un programa de artes liberales, “El Grupo X”. Así fue que Helen puso asistir   a la Universidad un año. Al finalizar este, el rector les comentó a los becados que con la depresión agudizándose, no podrían extenderles la beca a los alumnos que iban empezando porque le darían prioridad a los que estaban por terminar, dedicando los recursos a ellos, para que se titularan.

Helene cuenta en otro libro que esto fue catastrófico para sus papás, pero  para ella fue un alivio, porque entre las materias del segundo año  estaban cálculo y física, además de que ella quería estudiar como escribir mejor, y no le habían enseñado nada al respecto.

December 1943, Cornwall, England, UK — Sir Arthur Quiller-Couch — Image by © Hulton-Deutsch Collection/CORBIS

Buscaría su propio maestro en la librería Pública de Philadelphia durante el verano de 1934. Encontró el libro: “El Arte de Escribir” de Sir Arthur Quiller-Couch, que era profesor de Literatura Inglesa de la Universidad de Cambridge. Helene estudiaba 2 horas el libro de “Q” como comenzó a llamarlo, 5 horas autores recomendados por él en el primer capítulo (2 horas a Shakespeare y 2 horas a Milton y 1 hora de ensayos varios) y sus padres ansiosos porque trabajara en algo, le consiguieron una beca en una escuela secretarial. El resto de la década de los 30’s la pasó estudiando con Q y en varios trabajos secretariales.

Comenzó a actuar en un pequeño grupo de teatro al que escribía las obras y ganó un concurso nacional de obras de teatro que organizaba el Teather Guild. El dinero del premio le permitió irse a estudiar durante un año a Nueva York en un seminario donde les enseñarían sobre escritura de obras de teatro. Al final del seminario, Helene fue tomada bajo el ala de Terry Helburn, uno de los productores del Guild, que  le dio trabajo escribiendo historias sobre los artistas del Guild, para los  periódicos de Nueva York.

Helene Hanff

Después trabajó leyendo en casa y escribiendo resúmenes de obras y novelas que mandaban al Departamento de  Historias de Paramaount Pictures, división de Nueva York. Helene siguió su formación auto-didacta con los libros de Arthur Quiller-Couch, y los libros que recomendaba él. En 1944, cuando se enteró de su muerte, se puso a hacer una lista de los libros que había estudiado bajo su “supervisión” (y que había leído pidiéndolos prestados de la biblioteca) y se dispuso a conseguirlos porque ahora quería poseerlos. Encontró muy pocos, y en  malas condiciones. Del ’45 al ’49, Helene se había mudado varias veces y por lo tanto, no quería mudarse con cajas de libros, pero en el ’49 por fin se estableció en un departamento y encontró el anuncio de una librería de segunda mano en Londres, y comenzó a escribirles para encargarles los libros que no encontraba en Nueva York.Así comenzaría la historia de este libro, que son las cartas que Helene y el librero Frank Doel intercambiaron durante varios años (y con algunos otros trabajadores de la librería).

La librería Marks and Co.

Helene siguió trabajando para Paramount Pictures, la CBS y la NBC. Se dedicó también a escribir para niños y jóvenes, y otros libros para adultos. Sin embargo, su trabajo más conocido es este libro. Murió de neumonía el 9 de Abril de 1997 en Nueva York, a los 61 años de edad.

Helene y Anne Brancroft en el set de la película basada en este libro.

En 1987 este libro se llevaría al cine con Anne Brancroft y Anthony Hopkins en los papeles principales (en español se llama “Nunca te ví, siempre te amé” a saber quien hace esas barbaridades con las traducciones de los títulos…ayyyyy).  Son dos mundos diferentes que se encuentran por carta por amor a los libros, dos personalidades muy diferentes: una americana desparpajada y poco correcta, y un inglés muy propio al que le toma varios años escribirle bromas o incluso dirigirse a Helene por su nombre. Helene, a pesar de que tenía ingresos muy magros, sorprendía a los de la librería mandándoles por correo desde Dinamarca, productos que eran muy difíciles de conseguir en la postguerra.

El libro es tan querido en Inglaterra que ahora hay una placa ahí donde estuvo la librería:

Los dejo con una carta que le mandó a Helene una amiga suya cuando viajó a Inglaterra:

“Querida:

¡Es una tiendecita antigua y encantadora, que parece salida directamente de una novela de Dickens! ¡Te chiflará cuando la veas!

Tienen fuera unos expositores, y me paré a hojear unas cuantas cosas simplemente para asumir la apariencia de una amante de los libros antes de pasar al interior. Dentro está oscuro: hueles los libros antes de poder verlos; un olor de lo más agradable. No soy capaz de describírtelo, pero es una combinación de moho, polvo y vejez, de paredes revestidas de madera y suelo entarimado. Hacia el fondo de la tienda, a la izquierda, hay un escritorio con una lámpara de estudio encima. Frente a él estaba sentado un hombre de unos cincuenta años, con nariz a lo Hogarth. Levantó la mirada al entrar yo, y me saludó diciendo: “Buenas tardes, ¿puedo ayudarla?”, con marcado acento del Norte. Le respondí que sólo quería curiosear, y me animó a hacerlo.

Hay metros y metros de estantes, inacabables. Llegan hasta el techo y son muy antiguos y de tono agrisado, como de roble viejo que ha absorbido tanto polvo al correr de los años que ya ha perdido su color originario. Tienen una sección dedicada a grabados, que es una gran mesa alargada en la que se exponen grabados de Cruikshank, de Rackham, de Spy y de otros muchos ilustradores y caricaturistas ingleses que no soy capaz de reconocer porque apenas sé nada de ellos. Hay asimismo algunas revistas ilustradas, antiguas y deliciosas.

Permanecí dentro como una media hora, esperando que aparecieran por ahí tu Frank o algunas de las chicas; pero era alrededor de la una cuando entré, así que supuse que probablemente habían salido a almorzar, y yo tuve que irme porque no disponía de más tiempo.”

Frank Doel, con su esposa e hijas.
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4 comentarios

  1. Querida Ale…no puedo dejar de comentar en esta preciosa entrada, tan bien documentada y que transmite tan maravillosamente bien todo lo que nuestra Helene Hanff nos dejó en herencia…sin duda alguna fue una mujer autodidacta, que dio sentido a su vida a través de los gestos más pequeños. ¡¡Quién la iba a decir que sus cartas con Frank Doel, la llevarían a Londres!!
    La película fue un regalo de aniversario para Anne Bancroft, y aquí se llama “La carta final”…qué curiosos son los títulos traducidos. Lo podían haber dejado con el nombre de la calle…en fin…
    Desde la primera vez que fui a Londres, quise ver donde estaba ubicada la librería que le había abastecido de libros…y con el tiempo…y tras muchas reformas hoy en día es un triste Mc Donalds. El único que permanece impasible…aún…es el árbol que vivió lo suficiente como ver la correspondencia de ambos…
    Es una historia de amor, más allá de lo que pudiera ser enamorarse de él…Ella se enamoró de toda su familia…y de los que formaban parte de la librería…
    Un abrazo y gracias…una entrada preciosa.

    • Querida María:
      fue una mujer sin duda especial, que nunca se desanimó y enfrentó la vida con un carácter animoso y desafiante (como lo muestran sus cartas a Frank).
      No sabía que la película había sido un regalo de aniversario para Anne ¡eso es amor! y me gusta mucho más el título que tiene allá…acá es todo un tema las tonterías con las que traducen algunos títulos.
      ¡Cómo que el lugar ahora es un MacDonald’s! ayyyyyyyyy…espero que algún día me toque conocer aunque sea el árbol que mencionas 😦
      Creo que Anne estaba enamorada del Londres que conoció a través de las lecturas, y por ende a las personas que se los dieron a conocer.
      Un beso y gracias por pasarte por aquí,
      Ale.

    • Al calor de los libros:
      si que lo es…yo lo conocí gracias a los blogs literarios (El de María, precisamente).
      es algo que siempre le agradeceré a este mundo virtual 😉
      un beso,
      Ale.

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