LIBRO: El Efecto Lucifer

EL  EFECTO  LUCIFER

Phillip Zimbardo

Phillip Zimbardo es un psicólogo social, y es famoso por un experimento que hizo (se le conoce como el experimento de la cárcel de Stanford), y que ha sido llevado al cine varias veces (unas más apegadas a la realidad que otras). Aquí los datos de una de las versiones: http://www.imdb.com/title/tt0420293/

Dice en su libro: ““Los psicólogos sociales intentamos entender las causas de una conducta inusual. Preferimos iniciar nuestra búsqueda de significado planteando preguntas sobre el qué: ¿qué condiciones pueden contribuir a determinadas reacciones? ¿Qué circunstancias pueden generar una conducta? ¿Qué aspecto tiene la situación desde el punto de vista de quienes se encuentran en ella?”. El dice que el psicólogo social más que querer entender quién es una “manzana podrida” que pueda echar a perder a las demás, le interesa conocer qué hay en la cesta de manzanas que está haciendo que se pudran.

Este libro lo leí porque con un club de lectura donde estábamos haciendo una ruta sobre la segunda guerra mundial, y las lectoras  nos preguntábamos como era posible que hubiera atrocidades que no se detuvieron y peor aún, que no se detienen pues seguimos en  guerras, con crisis humanitarias y parece que la mayoría hace lo que hicieron durante la segunda guerra mundial: voltear hacia otro lado, evitar involucrarse y  no pelear si no les afecta personalmente.

En el libro, Zimbardo pone esta imagen del artista holandés M. C. Escher

En palabras de Zimbardo: “En la imagen de Escher se plasman 3 verdades psicológicas: La primera es que el mundo está lleno de bondad y de maldad, lo ha estado, lo está y siempre lo estará. La segunda es que la barrera entre el bien y el mal es permeable y nebulosa. Y la tercera es que los ángeles pueden convertirse en demonios y, algo que quizá sea más difícil de imaginar, que los demonios pueden convertirse en ángeles”.

Nos podemos convertir en uno u otro dependiendo del medio ambiente, y por supuesto, de la fortaleza que tengamos para resistir lo que no nos parece bueno (o la facilidad con la que podamos quitarnos nuestra responsabilidad diciendo: “todos lo hacen”, “es lo que hay en estos tiempos”, etc). Todos dividimos el mundo en bueno y malo y así dividimos todo lo que hay en él: personas, hechos, actitudes, conductas, etc. Cuando hacemos esto en automático, sin reflexionar, esa manera de pensar y dividir ayuda a que se cree, mantenga, perpetúe o acepten condiciones que contribuyen al crimen, delincuencia, vandalismo, provocación, violación, intimidación, tortura, terror y violencia. Por eso es tan importante que de vez en cuando me detenga a revisar lo que pienso, los prejuicios que tengo, las ideas preconcebidas, desde cuándo pienso eso y quien me lo inculcó. Pudo ser en mi familia (“a los López no nos gusta que nos griten y si lo hacen, hay golpes porque no nos dejamos de nadie”), en mi barrio (“aquí no queremos migrantes, porque son peligrosos”), el gobierno de la ciudad  (un anuncio pagado por el gobierno mostrando a un fanático de un equipo de futbol de las conductas antisociales…por ser fanático de ese equipo o ¿qué querían decir con el comercial?), la publicidad (que va induciendo lo que es deseable, aspiracional, y lo que no), los titulares de los periódicos (que pueden ser muy tendenciosos), etc.

Cuando no revisamos que pensamos, el mal se va aceptando gradualmente, nos vamos acostumbrando a él. Vamos aceptando las ideas que llegan de fuera sin cuestionarla, vamos asumiendo que lo que nos dicen los medios es verdad. Y nos vamos volviendo actores que hacen lo que quienes amueblan el escenario quieren que hagamos.

¿Se puede evitar que en circunstancias que van cambiado, en el medio ambiente que ya no es el que yo conocí evite hacer el mal, y sea un medio para el bien? Si, pero para ello se requiere que esté alerta, que revise mis ideas y las que tratan de implantarme y que me resista a lo que no me parece bueno.

Zimbardo propone 10 pasos para resistir influencias sociales no deseadas .

1.- Reconocer nuestros errores, primero a nosotros mismos, y después reconocerlo frente a los demás. Sólo así podemos aprender de ellos y evitar volver a cometerlos.

2.- Estar atento. Reconocer palabras, actos peligrosos, sobretodo en situaciones nuevas. No vivir en  “piloto automático”.

3.- Ser responsable. Asumir que soy yo quien decide, actúa, habla. No dejar que otros la reduzcan, la diluyan, y entender que la obediencia ciega a la autoridad solo disfraza mi complicidad si estoy siguiendo una orden que va en contra de principios básicos como la vida o bienestar de otro.

4.- Afirmar la identidad personal. Conocerme, saber quién soy, cuáles son mis valores, como pienso acerca de acontecimientos en el mundo me hace menos propenso a ser manipulado. No permitir  que nadie nos coloque en una categoría donde nos convierta –o convierta a otros– en objetos. No olvidar que el anonimato y el secretismo encubren la maldad y debilitan los lazos humanos. No permitir ni decir  palabras, etiquetas, bromas que presenten estereotipos negativos o rebajen a los demás.

5.- Respetar la autoridad justa, pero rebelarse ante la injusta. Si la autoridad es injusta alzar la voz y reclamar, más cuando solicita obediencia sin fundamento. Así como les enseñamos a los jóvenes a ser educados y corteses, también hay que enseñarles a resistirse ante  lo que vulnere sus derechos o los de otros.

6.- Desear ser aceptado, pero valorar mi independencia. Hay quien en su deseo de encajar, hacen lo que sea, e incluso más si sienten que el grupo que ya los había aceptado puede rechazarlos. A veces el grupo puede pedir cosas que van en contra del orden social, o la dignidad de otros. Ahí es imprescindible tener fortaleza para   rechazar la presión del grupo. Hay que aprender a distanciarse, y buscar un grupo que comparta y fomente nuestros valores.

7.- Estar atento a las formulaciones. ¿Qué ideas tratan de meterme a través de eslóganes, logotipos, titulares, imágenes. Sólo así podremos contrarrestar su influencia en nuestras emociones, pensamiento y votos .

8.- Equilibrar mi perspectiva del tiempo. Dejar de vivir en un presente continuo. Lo que decido hoy, afecta mi futuro. Igual que lo que hice ayer, moldeó mi hoy. Hay que analizar costes y beneficios de actos en función de consecuencias. El poder situacional se debilitan cuando el pasado y el futuro se combinan para contener los excesos del presente.  (los holandeses que ayudaron a sus vecinos en la Segunda Guerra Mundial lo hicieron sabiendo que se preguntarían en el futuro si habían actuado correctamente o no).

9.- No sacrificar libertades personales o civiles por la ilusión de seguridad. Cuando la autoridad nos dice que va a implementar ciertas medidas porque “nos va a proporcionar más seguridad” porque estamos amenazados, comenzamos a renunciar a muchas libertades por creernos protegidos. La libertad real es irrenunciable, sobre todo frente a una pretendida seguridad que es sólo ilusión. (Así comienzan los toques de queda que luego son para tener encerrada a la población).

Escena de la película The Wall.

10.- Saber que puedes oponerte a sistemas injustos. Las personas titubean ante regímenes militares, carcelarios, pandillas, sectas, fraternidades, grandes corporaciones e incluso a familias disfuncionales. Pero la resistencia individual puede cambiar las cosas. El sistema podrá decir que uno que se oponga es porque está delirante, si son dos que hay una psicosis compartida, pero ya 3 es una fuerza a tener en cuenta.

La patrona, http://www.animalpolitico.com/2013/03/la-patrona-la-esperanza-del-migrante-parte-1/

Un libro interesante, muy interesante, para entender los recovecos que nos hacen humanos, y que da tips para evitar que hagamos el mal cuando podríamos hacer el bien, a pesar del medio ambiente.

Aquí, una plática de Zimbardo en TedTalks.

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