LIBRO: Voces de Chernóbil

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VOCES  DE  CHERNOBIL

Svetlana Alexiévich

Reto: Leer a las mujeres ganadoras del Nobel de Literatura

Reto: Tsundoku

El 26 de Abril de 1986, hubo dos  explosiones en el cuarto bloque de la central nuclear, la a primera, a la 1:26 am. Según los testigos, tuvo un resplandor rojo. La segunda, ocurrida pocos segundos después, azul celeste. Y entonces se observó el hongo atómico encima de la central. La sala del reactor ardía y el departamento contra incendios de la planta nuclear y los bomberos de la ciudad de Chernóbil acudieron a apagar el fuego en las primeras horas. Sin ningún equipo especial que los protegiera de las radiaciones, morirían en las siguientes semanas. Se les atendió en Moscú, y trabajadores del hospital tampoco sabían que hacer con ellos, o como cuidarse de la radiación.  Algunos están enterrados cerca de este monumento en el cementerio Mitino de Moscú, dentro de sarcófagos de material especial debido a los altos niveles de radiación que emitían los  cuerpos.

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La nube radioactiva tuvo una altura  de hasta 1.5 kilómetros, y los vientos del sureste la extendieron a lugares tan lejanos como Escandinavia, y los vientos del oeste las llevaron a atravesar Polonia, Checoslovaquia y Austria. Se dice que hubo nubes radioactivas por todo el mundo. La unión soviética negó que hubiera habido un accidente aunque otros países tenían imágenes satelitales que lo demostraban. Sólo lo admitieron después de que una planta nuclear en Suecia captara las moléculas radioactivas.

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Uno de los lugares más contaminados fue Pripyat, ciudad construida para los trabajadores de la planta nuclear. Ahí   tenían escasa información de qué   hacer después del accidente, o como protegerse. Días después, comenzaron a evacuar a las personas. Les dijeron que se llevaran lo más necesario, objetos que estarían contaminados con altos niveles de radiación. En las zonas rurales, cuando los evacuaron les prohibieron llevarse objetos o a sus  animales. Pero las personas regresaban por ellos porque no querían que se murieran. Sin embargo, eran peligrosos porque ya estaban contaminados. Les pidieron que no comieran de las cosechas que habían sembrado, la leche de sus animales. El gran problema con esto es que no entendían por qué no, no veían la radiación, no les sabían diferentes las cosas.

Bielorusia recibió la mayor parte de la contaminación: aire, aguas, tierra estarían contaminados, y serían poco propicios para el consumo, pero comida salida de ahí seguiría llegando, gracias a la corrupción, a muchos rincones.  El gobierno no pudo evitar que algunos volvieran a su tierra, que hubiera ladrones que vaciaran las casas que habían quedado abandonadas o   robaran maquinaria. Inmigrantes llegados de Tajikistán, se establecerían en pueblos fantasmas, porque tenían menos miedo a la radiación, que a la guerra que enfrentaban en casa. El gobierno destruyó algunas casas como manera de evitar que las personas volvieran a restablecerse en esos lugares.

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Todas estas historias son narradas por quienes lo vivieron. Alexievich deja que cada persona narre su propia historia, con su lenguaje, a su ritmo. Hay unas que son de uno o dos párrafos, o de páginas. Algunos narran lo sucedido justo después del accidente, y hay quien cuenta lo vivido  10 años después del accidente. Los personajes son muchos cristales a través de los cuales ver el suceso. Se nota el dolor por el desplazamiento, porque no pudieron echar raíces en otro lado, y eligieron regresar porque no tenían nada más.

Aquí nosotros tenemos nuestra planta nuclear en Laguna Verde, Veracruz. Me pregunto que tanta información tienen los que viven alrededor para protegerse, y si saben lo que tienen que hacer en caso de una emergencia. Si estamos preparados para una emergencia (con la corrupción que hay, no creo). Recuerdo que había mucha oposición a ella, pues la pusieron después de lo de Chernóbil.

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Con este libro llego a 6 en mi propio reto 😀 ¡que lo he revivido e incluso tuve que actualizar pues  cuando me lo propuse eran 12 ganadoras del Premio Nobel de Literatura, y ya son 14! (No lo habían ganado aún ni Alice Munro, ni Alexandra Alexievich).

Aquí pueden leer las primeras páginas del libro.

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6 comentarios

  1. Un libro que me gustaría mucho leer y más tras leer tu estupenda reseña. Era pequeña cuando esto sucedió pero recuerdo el miedo que sentía ante las noticias y las poquitas imágenes que sacaban.
    Besotes!!!

  2. ¡Hola!
    Aún no he leído nada de esta autora y le tengo muchísimas ganas, es más pronto leeré algo suyo. En mi caso, me voy a animar a leer ‘La guerra no tiene rostro de mujer’ y luego tal vez me anime con este otro.
    Tengo que reconocer que siempre me pico la curiosidad el tema de Chernóbil. Me ha puesto la piel de gallina que algunos inmigrantes se establecieran en pueblos fantasmas, porque tenían menos miedo a la radiación, que a la guerra.
    Espero poder leerlo pronto, aunque como ya digo, antes leeré el otro título de la autora.
    Un beso

    • Isa:
      Ese que mencionas también es muy bueno. Lo leí ya hace rato (voy muy pero muy atrasada escribiendo sobre los libros que he leído).
      Es terrible que el ser humano se ponga en un peligro huyendo de otro, y que nadie los socorra. No se que pasa con nuestra “humanidad”.
      Un beso,
      Ale.

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