LIBRO: Los Libros que Leímos Juntos

juntosLOS LIBROS  QUE  LEÍMOS  JUNTOS

Alice Ozma

Reto: Tsundoku

 

Con ese título, ¿Cómo no iba a querer leerlo? ¿Quiénes leyeron? Alice y su papá…desde que tenía ella 9 años, hasta que se fue de casa ella a estudiar la universidad (8 años). O más bien, el  papá le leyó a Alice en voz alta todo ese tiempo. “La Promesa”, le llamaron a ese compromiso de leer todos los días, lloviera, tronara o aunque se presentara cualquier eventualidad. Y cumplirlo no fue siempre fácil.

El padre de Alice dice (y yo estoy de acuerdo con él): “El mayor regalo que puedes dar a tus hijos es tu tiempo y atención íntegra. A medida que pasen los años, al reflexionar sobre tu vida puede que te arrepientas de haber dado prioridad a ciertos asuntos en algunas áreas. Nadie dirá nunca, sin importar lo buen padre que haya sido: “creo que pasé demasiado tiempo con mis hijos cuando eran pequeños”.

El señor es bibliotecario, y durante años, fue el encargado de enamorar a sus visitantes a la biblioteca de los volúmenes que había en ella, y usaba la lectura en voz alta, entre otras herramientas con las que contaba. Cuenta: “En 1985, la Comisión de lectura, financiada por el Departamento de Educación de los Estados Unidos, declaró: “A fin de cuentas, leerle en voz alta a los niños es la actividad individual más importante para el desarrollo del conocimiento necesario para el éxito en la lectura”.

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Sin embargo, años después, las computadoras entraron a las bibliotecas, y le pidieron que dejara de leerle a los niños. Sus colecciones, tan cuidadas, fueron guardadas en cajas. Se rellenaron los estantes con ediciones de bolsillo que no aguantarían los préstamos sin deshojarse pronto. El papá de Alice se jubiló.

No se si sería el motivo por el que Alice comenzó a escribir este libro. Que no trata de qué libros leyeron, sino de lo que esa lectura compartida dejó entre padre e hija. Para empezar: una imaginación desbordada en Alice, habilidad lectora, habilidades para redactar, analizar, sintetizar; y una cercanía entre ambos (a pesar de que su vida no era fácil: tuvieron estrecheces económicas, la madre los abandonó, el padre se queda con las dos hijas que se llevan muchos años y lo que restaba de una familia de 3 pronto se convirtió en familia de 2).

En cada capítulo, Alice cuenta algo sobre su vida, y donde aparecen (o no) algo sobre cómo iba su promesa.

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La historia acaba bien: el padre de Alice, ya jubilado, decide ir a leer a un centro geriátrico. Y el resultado es espectacular. Tanto, que después va al hospital a leerles a los niños. ¿Y es que quien no se deja atrapar por una buena historia, cuando te la cuenta un buen narrador? ¿A quién no le gusta que le lean? Todavía me falta conocer a quien levante la mano ante esa pregunta.

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