imagen LIBRO: On The Move / En Movimiento

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Oliver Sacks

Reto: tsundoku

Reto: leer en inglés

Conocí  al Dr. Oliver Sacks gracias a Noemí, mi maestra de neurociencias. Para una clase, nos dio a leer un ensayo tomado de su libro: “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”. Me encantó su manera de escribir, tan clara que era fácil imaginarse las escenas que produce vivir con un mal neurológico.

En este libro, escribe Sacks: “En 1968 leí “La mente de un mnemonista” de Alexander Luria. Durante las primeras treinta páginas pensé que se trataba de una novela, pero de repente comprendí que en realidad era un historial clínico: el historial más profundo ydetallado que había leído nunca, con la capacidad dramática, el sentimiento y la estructura de una novela.

Luria había alcanzado renombre internacional por ser el fundador de la neuro-psicología. Pero él consideraba que sus historiales, extremadamente humanos, no eran menos importantes que sus grandes tratados neuropsicológicos. La empresa de Luria –combinar lo clásico y romántico, la ciencia y el relato- se convirtió en la mía propia, y su “librito”, como él lo denominadba siempre (“La mente de un mnemonista sólo tiene ciento sesenta páginas), transformó el foco y la dirección de mi vida, y me sirvió de ejemplo para todo lo que he escrito.”

Así se animó a escribir el libro “Despertares” donde habla de los casos de sus pacientes posencefalíticos, y que sería llevada al cine protagonizada por Robert de Niro como uno de esos pacientes y con Robin Williams en el papel del dr. Sacks.

Despertares

No sería el único relato llevado al cine.

De su libro “Un antropólogo en Marte” se hizo la película “A Primera Vista”, basada en un relato clínico del libro.

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En ese mismo libro, dedica un capítulo a Temple Grandin (que también hay película con Claire Danes”) y donde aquí pueden ver una plática de ella en TED Talks.

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Y otra película de un relato de ese mismo libro (“El Último Hippie”) se llamó “La música nunca dejó de sonar”.

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Si bien esos libros son como los que él admiraba que había escrito Luria (casos de sus pacientes), este es una continuación de lo que fue su vida. De su infancia habla más a detalle en el libro “El Tío Tungsteno” y en este habla de su vida adulta.

El Dr. Sacks era inglés, hijo de médicos muy reconocidos, y vivió en Estados Unidos la mayor parte de su vida adulta. Estudia medicina y se especializa en neurología, porque tenía un hermano esquizofrénico.

En movimiento es un buen título, pues era un hombre inquieto, que tuvo muchos intereses a lo largo de su vida. Brincó el océano y se estableció en Estados Unidos y tuvo que hacer estudios para que lo dejaran trabajar como médico ahí; se dedicó a esculpir su cuerpo (¿qué tal de guapo en la portada de este libro? Yo nomás lo conocía como un señor mayor, de bonita sonrisa y ojos pícaros…jamás hubiera adivinado que él era el de la portada), a experimentar un tiempo con las drogas. Quizás se aleja de su país y sus padres porque su madre, al saber de su homosexualidad, le espetó: “Ojalá no hubieras nacido”.

El Dr. Sacks y Robin Williams.
El Dr. Sacks y Robin Williams.

En 1965 se va al otro extremo de los Estados Unidos de donde vivió cuando llegó, y comenzó a trabajar en el Beth Abraham, en 1966. Tenía 85 pacientes posencefalíticos, y cientos de otros que padecían enfermedades neurológicas: enfermedad de la neurona motora (ELA), seringomelia, enfermedad de Charcot-Marie-Tooth, etc; pacientes mayores con parkinson, ictus, tumores cerebrales o demencia senil. Dice “mi impulso de escribir –no de escribir narrativa ni poemas, sino atestiguar y describir- parecía proceder directamente de ellos”.

En 1974, “Despertares” recibió el premio Hawthornden, a la “literatura de imaginación”, aunque le desconcertaba que la comunidad médica no decía nada sobre su libro. El British Clinical Journal escribió que dos fenómenos extraños habían ocurrido ese año: la publicación de Despertares y el mutismo de la profesión. En una crítica dijeron que el libro de Sacks  trataba sobre de pacientes que no existían, en un lugar ficticio, y eso lo llevó a querer hacer un documental para probar que existían. Los pacientes estuvieron de acuerdo, y se hizo el documental. Tuvo que enfrentar entonces críticas de que estaba abusando de sus pacientes al exponerlos.

Siempre disfrutó mucho de la natación.
Siempre disfrutó mucho de la natación.

Pero era un médico compasivo, extraordinariamente observador, atento y que escuchaba con atención. Un médico de antes, de los que pocas veces tiene uno el gusto de toparse con ellos ahora que se les exige rapidez en el sistema de salud actual. Realmente se preocupaba por ellos. En este libro cuenta como durante una huelga, el seguía asistiendo para atender a los pacientes, pues no podía dejarlos así nada más. “Visitar pacientes, escucharlos, intentar penetrar en sus experiencias y problemas (o por lo menos imaginarlos), interesarse por ellos, responsabilizarse de ellos. Los pacientes eran reales, a menudo individuos irascibles con problemas auténticos. No era sólo cuestión de diagnóstico y tratamiento; podían presentarse cuestiones mucho más serias, relacionadas con la calidad de vida y si valía la pena vivir en esas circunstancias”.

La escritura fue algo que siempre le ayudó a encontrar paz. En este libro escribe: “Cuando era niño mi madre me leía durante horas –ella fue quien me dio a conocer a Dickens, Trollope, D.H. Lawrence- y ahora ella quería que fuera yo quien le leyera, oir de mis labios la forma narrativa de esas historias que ya conocía a fragmentos. Escuchaba atentamente, siempre con emoción, pero también con un agudo sentido crítico, afilado por su concepto de lo que era clínicamente real.

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Tengo la impresión de ir descubriendo mis pensamientos mediante el acto de escribir, durante la escritura propiamente dicha. A veces un texto surge sin problemas, pero lo más habitual es que lo que escribo precise una amplia poda y corrección, porque puede darse el caso de que exprese el mismo pensamiento de muchas maneras diferentes. A veces me asaltan pensamientos y asociaciones tangenciales a media frase, lo que provoca un paréntesis, oraciones subordinadas, frases que duran un párrafo. Nunca utilizo un adjetivo si utilizar seis me parece mejor y, en su acumulación, más incisivo. Me obsesiona la densidad de la realidad e intento captarla con (en expresión de Clifford Geertz) una “descripción espesa”. Todo ello crea problemas de organización. A veces me embriaga el flujo incesante de pensamientos, y estoy demasiado impaciente por organizarlos en el orden correcto. Pero hace falta una cabeza fría, intervalos de sobriedad, del mismo modo que se necesita esa exuberancia creativa.

Un libro que disfruté mucho, y que ha añadido títulos a la lista de los que quiero leer. Por contarles de algunos:

“Demencia precoz. El grupo de las esquizofrenias” de Eugen Bleuler.

“Las funciones corticales superiores del hombre” y “El cerebro humano y los procesos psíquicos” de Alexader Luria.

“La mente de un mnemonista” de Luria

“Decadencia y caída del Imperio Romano” de Gibbon.

“Tio Tungsteno” de Oliver Sacks.

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Un comentario

  1. Lo he tenido en la mano alguna que otra vez pero no estaba muy segura. Le has dado un empujón con tu reseña, todo lo que cuentas me interesa la verdad, aunque tengo la sensación de que es para leerlo poco poco.
    Besos

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