LIBRO: Ritos Funerarios

001RITOS FUNERARIOS
Hannah Kent

Este es un libro que llevaba tiempo queriendo leer, pero por una razón u otra, había aplazado su lectura. ¿Qué me hacía querer leerlo? Está basado en una historia real: Agnes, el personaje principal, fue la última mujer decapitada por un delito en Islandia, acusada de haber cometido dos asesinatos. Acusada con ella, estaban una joven de 15 años y un muchacho.

La autora visitó Islandia cuando tenía 18 años como parte de un intercambio estudiantil. La familia que la acogió la llevó al lugar donde Agnes fue decapitada, y le contaron su historia y desde entonces quedó intrigada por esta.

Tumba de Fridrick y Agnes.
Tumba de Fridrick y Agnes.

Investigó en fuentes originales. El asesinato ocurrió en la comarca de Hùnavatn, y los reos fueron juzgados en Reikiavik. En Octubre fueron encontrados culpables por el tribunal islandés, y un Tribunal Supremo en Copenhague, Dinamarca debía corroborar la sentencia de muerte. Islandia no contaba con cárceles, y Björn Blöndal, comisionado de la comarca, pensó que sería bueno dar un escarmiento a los islandeses y decapitarlos en suelo islandés. Pero se presentaba un problema: si no había cárceles ¿dónde tendrían a los reos hasta su muerte? Se decidió que vivirían en granjas, “con buenos cristianos que los animen a arrepentirse dando buen ejemplo y que se beneficien del trabajo que estos prisioneros harán mientras aguardan su sentencia”. Y así fue como Agnes vivió con una familia, en Kornsa (miren que cerca está ya del polo). Y por supuesto, hubo fricciones.

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En Islandia, debido al clima (frío, húmedo y con mucho viento), construían las casas usando tierra para protegerse (en la ladera de una montaña, o rodeando la casa de tierra). No había árboles para construirla con madera, sólo las personas más pudientes tenían cristales en las ventanas (otras usaban vejiga de algún animal). La comida debía prepararse para tener suficiente en el invierno, donde el clima podía dejarlos aislados. Debían cuidar el fuego, y las casas (por la humedad, el humo, la tierra que caía del techo) perjudicaban la salud de sus pulmones. Imagínense en ese espacio tan reducido, tener que estar al lado de alguien culpable de asesinato. Sin embargo la convivencia logró lo que debería lograr la rehabilitación: que unos y otros recordaran que son humanos. Que nadie es un monstruo, y que cuando nos acercamos a querer conocer a quien tenemos delante, vemos a un ser que sufre, teme, ama. Esto no quiere decir que no sean criminales. Pero ser criminal no te quita tu humanidad.

Casa islandesa.
Casa islandesa. Aunque en aquella época eran pocas las que tenían madera, pues era escasa.

Es una novela muy interesante, que me ha llevado a conocer un lugar muy lejos del propio, y con costumbres diferentes. Algo que me ha llamado mucho la atención es como los sacerdotes hacían un censo de sus feligreses, tomando nota de lo que sabían del catecismo y poniendo atención a cómo leían.

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7 comentarios

    • Shorby:
      a mi me hizo agradecer el clima de mi ciudad (que era otra cosa, de unos años para acá hace más frío en invierno y más calor en verano), y eso que andaba renegando por el frío. Nada que ver con lo que viven por aquellos lares.
      Un beso,
      Ale.

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