Herman Hesse

Estatua de Herman Hesse en la ciudad de Calw, Alemania, donde nació.
Estatua de Herman Hesse en la ciudad de Calw, Alemania, donde nació.

La vida del autor es fascinante: Nació en Alemania en 1887, hijo de unos misioneros pietistas, fue enviado a un seminario evangélico de donde se escapó varias veces, porque no le enseñaban poesía (en su autobiografía escribió: “Sería poeta o no sería nada”). Este hombre sensible no podía con la disciplina que pretendían inculcarle.

Fue aprendiz de librero, relojero, archivador de libros (con lo que leyó mucho), y escribió poesía. Gustaba mucho de estar en contacto con la naturaleza, de dar grandes paseos.

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En 1900 fue exonerado  de hacer el servicio militar por su mala visión, y cuando estalla la primera guerra mundial, se presenta de voluntario para ser soldado y es rechazado para ir al frente (por la vista) pero lo mandan a asistir a los prisioneros de guerra de la embajada. Ahí se pondrá en contacto con las consecuencias de la guerra y lo que deja en los hombres. El sufrimiento que vio le afectaría tanto que buscaría psicoanalizarse e incluso conocería a Jung.

Esta experiencia lo volvió pacifista y publicó artículos muy duros contra la guerra, y después de esta, donde advertía el peligro del nacionalismo y el patriotismo exacerbado. Esto provocaría que le tacharan de traidor y sus obras dejarían de ser editadas durante un tiempo en Alemania. Su vida personal sería caótica (intentos de suicidio en la juventud, búsqueda de respuestas en Oriente, tres matrimonios, perseguido por la prensa de su país como anti-patriota), y buscaría consuelo en la escritura y la pintura.

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En su libro, El Lobo Estepario escribe: “Yo fui durante la guerra enemigo de ésta, y después, se presentó la ocasión, prediqué tranquilidad, paciencia, humanidad y autocrítica y combatí la instigación nacionalista que cada día se iba haciendo más aguda, más necia y más descarada […] Todo pueblo y hasta todo hombre aislado, en vez de soñar con mentidas “responsabilidades” políticas, debía reflexionar dentro de él mismo, hasta qué punto, por errores, negligencias o malos hábitos tiene parte también en la guerra y en todos los demás males del mundo; éste tal vez, sea el único sendero para evitar la próxima guerra. Esto no me lo pueden perdonar, ya que ellos mismos se creen y se sienten inocentes: los generales, los políticos, los grandes industriales, el Kaiser mismo y los periódicos, nadie tiene derecho a echarse en cara nada, nadie tiene ninguna clase de culpa.” Esto lo escribió en 1927, varios años antes de que estallara la segunda guerra mundial. Y su mirada de escritor le permitió darse cuenta de que se avecinaba una nueva guerra.

En 1933 ayudaría a sus amigos escritores Bertrolt Brecht y Thomas Mann a huir de Alemania hacia el exilio.

Sonnenblumen in Montagnola  1927. Herman Hesse
Sonnenblumen in Montagnola 1927. Herman Hesse

En 1946 ganaría el Premio Nobel de Literatura. Así lo anunciaron (un año después del fin de la segunda guerra mundial): “Este año el premio Nobel de Literatura se le ha dado a un escritor de origen alemán que ha sido muy aclamado por la crítica y que ha creado su trabajo sin importar el favor del público […] se le da a Herman Hesse por su inspirada escritura, que -con creciente audacia y penetración, y gran belleza estilística- muestra los tópicos ideales a los que aspira la humanidad.” Hesse no fue a recibir su premio, y acá pueden leer el discurso que se leyó en su nombre el día de la premiación. Murió en 1962 a la edad de 85 años.

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12 comentarios

  1. En mi adolescencia conocí a este autor, y no lo he vuelto a leer, con lo que me gustaba. A ver si algún día me pongo de nuevo con él. Gracias por recordármelo.

  2. Con esta semblanza me has tocado el núcleo del núcleo de la fibra, Ale. Hesse es uno de mis escritores favoritos y recuerdo con inmenso cariño los libros suyos que he leído (Siddharta, Narciso y Goldmundo, Demian, El lobo estepario…). Y su vida posee un interés parejo al de su obra, fue un inconformista y un espeleólogo de las profundidades del alma. Un abrazo, Ale.

  3. ¡Qué buen resumen y bonitas fotografías! ¿Sabes que yo me fui a visitalo a Calw? Un pueblo pequeñito precioso, en la selva negra alemana del noreste, y andando por las calles, de pronto, me lo encontré en un puente (tu primera fotografía), por supuesto me hice una foografía con él, jeje. Salimos muy guapos los dos 😛
    Me voy, pero me llevo de aquí muchas ganas de leer cosas de este escritor.

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