LIBRO: Ladydi

unademagiaporfavor-libro-novela-mayo-2014-lumen-ladydi-jennifer-clement-portadaLADYDI
Jennifer Clement
Editorial Lumen

“Todo lo que supuestamente no se debe saber,

eso de lo que no se debe hablar, tarde o temprano,

acaba en un corrido.”

Acapulco, uno de los destinos turísticos más importantes de mi país, está en el estado de Guerrero. Quien vea fotos de este puerto, sus puestas de sol, sus playas, podría pensar que es un lugar idílico. Sin embargo, a nivel mundial, la gente comenzó a escuchar otras cosas sobre Guerrero. El 26 de Septiembre, estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero serían agredidos por la misma policía, por órdenes de un Alcalde. Hubo muertos en la refriega, pero la noticia que el mundo conocería (y a la cual se sumarían exigiendo y protestando) sería por los 43 estudiantes desaparecidos.

No sólo conocimos de la agresión de los policías a los estudiantes, sino que al estar buscándolos comenzaron a aparecer por todo Guerrero fosas clandestinas con restos humanos. ¿De quién son esos restos? ¿Quién los puso ahí? Las personas que viven cerca de ellas dicen que saben desde hace tiempo que existen, se los dice el olor y los zopilotes.

Stand ediciones Era en la FIL de este año, con las fotos de los 43 desaparecidos.
Stand ediciones Era en la FIL de este año, con las fotos de los 43 desaparecidos.

Aquí es donde transcurre la acción de este libro, escrito en Mayo del 2014. El libro está dividido en tres partes. La primera narra la infancia de Ladydi. La segunda, cuando le consiguen un trabajo como nana en una casa en Acapulco, y la tercera, su estancia en la prisión de mujeres.

Es un libro que no te deja indiferente porque además, Ladydi  no tiene idea de que lo que vive es espantoso. Para ella es normal. Se presenta: “Me llamo Ladydi García Martínez y tengo la piel morena, los ojos cafés y el pelo chino y castaño; mi apariencia es igual a la de toda la gente que conozco. De chica, mi madre me vestía de niño y me decía Niño. Les dije a todos que nació un niño, decía. Si era niña, me raptarían. Todo lo que necesitaban los narcotraficantes era saber que por acá había una niña bonita, y se dejaban venir a nuestras tierras en sus Escalades negras y se la llevaban. Yo veía por la televisión a muchachas que se iban poniendo bonitas, se peinaban el cabello y lo trenzaban con moños rosas, o las veía usar maquillaje, pero en mi casa eso nunca ocurrió. A lo mejor necesito romperte los dientes, decía mi madre. […] Fue a la mamá de Paula a quien se le ocurrió cavar los hoyos. Vivía enfrente de nosotras y tenía su casita propia y un campo de papayos. Mi madre decía que el estado de Guerrero se estaba convirtiendo en una guarida de conejos llena de jovencitas escondidas por todos lados. En cuanto alguien oía el ruido de una camioneta acercándose, o veía un punto negro a lo lejos o dos o tres puntos negros, todas las muchachas corrían hacia los hoyos.”

En la novela los hombres aparecen sólo momentáneamente, igual que en la vida real de estas mujeres. Los hombres se van a Acapulco a probar suerte, o cruzan hacia Estados Unidos buscando un mejor futuro. Y ellas quedan expuestas a la violencia del narco, que acampa a sus anchas haciendo lo que quiere, tomando lo que se le antoja (sean vidas, mujeres, propiedades). Poco hace el gobierno por ayudarlas. En vez de fumigar los campos de amapolas, las niñas saben que si escuchan los helicópteros deben resguardarse, porque soltarán el veneno en cualquier lado, y puede caerles a ella encima. Los maestros que llegan a darles clases no duran, se quedan un año a lo más, que es el que tienen que dar servicio. A veces cuentan con servicios médicos.

Y lo que cuenta no está alejado de lo que sucede todos los días en México.
Y lo que cuenta no está alejado de lo que sucede todos los días en México.

”Había tres camiones del ejército estacionados afuera de la clínica y doce soldados vigilando. Todos con pasamontañas en la cara. Además traían lentes de aviador sobre los huecos de los ojos. El sudor les relucía en la nuca. Los soldados llevaban las ametralladoras en ristre, mientras rodeaban la pequeña clínica rural. En uno de los camiones alguien había puesto un letrero que decía: “Doctores operando niños”. Estas medidas se tomaban para que los narcos no fueran a venir a secuestrar a los doctores y llevárselos. Los secuestraban por dos motivos. Ya fuera para que operaran a uno de los suyos, por lo regular de heridas de bala, o bien para pedir rescate por ellos. Sabíamos que los doctores no venían a nuestra montaña si no tenían protección.”

La  autora
La autora

La autora nació en Estados Unidos pero creció en México. Dice en su página web que durante 10 años estuvo escuchando a las mujeres que fueron afectadas por la violencia porque le interesaba escribir sobre la cultura de la droga en este país. “Aunque no hay estadísticas exactas, los números de mujeres traficadas en México es muy alto. De acuerdo al Departamento de Estado de los Estados Unidos, se trafican cada año a través de la frontera de 600,000 a 800,000 personas. La mayoría de ellos son robados y vendidos a redes de prostitución y otras formas de esclavitud moderna: trabajo forzado, cautiverio por deuda, o para ser filmados para pornografía. Una mujer puede ser vendida varias veces a diferentes amos, incluso muchas veces al día como prostituta, mientras que una bolsa de drogas solo puede venderse una vez” (Fuente aquí).

Anuncios

16 comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s