LIBRO: A Cada Rato Lunes

A cada rato lunesA CADA RATO LUNES
Ulalume González de León

Ulalume nació en Uruguay y fue hija de padres  poetas. Por su casa pasaron muchos de los más  importantes: Pablo Neruda, Octavio Paz, Gabriela Mistral, entre otros. Así que su formación estuvo ligada a las letras desde temprana edad. Se casó a los 16 años (un crimen) con un arquitecto mexicano, y se vino a vivir a México, y se nacionaliza mexicana.

Ella tradujo obras de escritores en 4 idiomas (inglés, francés, portugués e italiano), también trabajó en las revistas Vuelta y Plural; y su poesía fue galardonada con los premios Xavier Villarrutia y la Flor de Laura. Recibió el premio Alfonso X por su labor de traductora.

Este es un libro pequeño (apenas 113 páginas) donde hay cuentos, y en todos ellos vas descubriendo lo que pasa en la vida diaria de una mujer, que ama y espera que llegue el marido; que escribe; que vive. Todo lo común que tiene su día a día. ¿Qué sentirá un personaje cuando lo van creando, y el autor se olvida un poco de él? ¿Cómo trabajan los hados dando inspiración al que escribe? (ella los nombra A-2 y provienen de un planeta lejano), y esto es de solo dos cuentos (ni modo que les cuente de todos muajajá ¡leánla! Me lo van a agradecer). Me gustó mucho. Aquí les pongo un extracto del que da nombre al libro:

Ulalume (1932-2009)
Ulalume (1932-2009)

A cada rato lunes

Me tocó sobrevivir a mis contemporáneos más amados. Ya no hay nadie más viejo que yo. No sé cómo puedo resistir esta todavía existencia a dos velocidades tan contradictorias: en patines hacia la muerte y de caracol por mi casa. No me sorprendería que de repente dejara de moverme como una de esas muñecas bailarinas de cuerda: con el pie suspendido a la mitad de un paso y la mano adelantada hacia un objeto imposible. Tampoco me sorprendería que una mañana, entre el té de las ocho y la sopa de las doce, transcurrieran años. A veces me pregunto, por ejemplo, donde dejé ayer el hilo negro, cuando pensándolo bien lo puse hace tres años en algún sitio…o me digo que otra vez está nevando, cuando pensándolo bien la última nieve cayó hace una década. Comprendo por qué es tan difícil el diálogo entre distintas generaciones. La gente dice: “los jóvenes de hoy son diferentes”. Yo digo que son iguales los jóvenes de todos los tiempos: viven a toda velocidad en años lentos, y mientras se está a favor de ellos el desfase entre su tiempo y el tiempo, actúan como jóvenes, piensan y proyectan como jóvenes. La gente tiene mala memoria. A menos que la memoria no sirva, después de todo, para revivir el pasado; que aunque la más fiel memoria, sin mezcla de sueños intermedios, solo proporcione datos exactos, inteligibles, coherentes: una película de la vida que no es la vida misma. Y así, el pasado reconstruido tiene la naturaleza de una realidad matemática, algo de esa cuarta dimensión que la razón acepta pero que de algún modo rechaza.

De nada sirve recrear los años largos de otros días, porque ahora los años están cortos. Sé, sin embargo, que ni aún con la prisa que llevan iré yo lejos. Hace un mes celebraron el fin del siglo XX. Y se celebró como era de esperar, con fuegos de artificio; toda la noche se desmenuzaron estrellas. Pensé que esta era una forma sutil de los antiguos sacrificios humanos: hostias que parodiaban, al arder a medio vuelo, nuestra existencia. Pensé: pienso solemne, pienso viejo. Pensé por último que no volarán para mí los siglos. Y si algún día volaran para el hombre, si la ciencia lograse prolongarme enormemente la vida y aplazar también el deterioro de nuestra envoltura, tal vez gastaríamos nuestros dos o tres siglos disponibles tan estúpidamente como hoy gastamos nuestra ración de años. Por otro lado, más cerca está la ciencia de lograr vida eterna que eterna juventud. Porque la juventud es otro cuento –o no habría tantos “viejos” de cara lisa jugando engañosas partidas de tenis o bailando rocks desenfrenados-. En cuanto a la muerte, sería lo de menos si nos desangráramos de repente en plena alegría, si pudiéramos prescindir de tanto preámbulo dramático. Lo malo es dejar que prospere el desfase entre la velocidad propia y la del tiempo a favor de este último. La juventud se pierde cuando comienza a ser lunes a cada rato.

Ahí voy, no en patines, sino en bicicleta (puedo llevar más cosas jajaja). Dibujo de Quentin Blake.
Ahí voy, no en patines, sino en bicicleta (puedo llevar más cosas jajaja). Dibujo de Quentin Blake.

Lo único malo de la lectura es que veo que he perdido la juventud porque para mí, el lunes llega,  efectivamente, a cada rato :P. Aunque  más bien estoy atenta del fin de semana jojojo 😉 .

Libro 17 para el reto Leer 25 libros escritos en español.

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