LIBRO: Fausto (Primera Parte)

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FAUSTO
1era. Parte
Goethe

“¡Ay de mí! Ya he estudiado filosofía, derecho, medicina, y por desgracia también teología bien a fondo y con ardoroso esfuerzo, y ahora, aquí estoy, pobre loco, y soy tan sabio como antes de empezar; tengo título de licenciado y hasta de doctor, y ya es el décimo año que arrastro de aquí para allá, y de arriba abajo a mis discípulo bien amarrados y veo que nada podemos saber.

En la primera parte, Mefistófeles hace una apuesta con Dios: que podrá atraer a su humano favorito (Fausto) para que deje el buen camino –un poco parecido a la apuesta que hace el diablo con Dios acerca de Job, donde el Diablo quería que Job renegara de su Creador-. Fausto ha buscado por todas las ramas del saber, y siente que todo su esfuerzo ha sido en vano, pues no ha podido lograr el saber infinito. De alguna manera, ha dado vueltas en círculo. Este hastío lo llevó un pacto con Mefistófeles, que consistía en lo siguiente: Mefistófeles haría todo lo que Fausto quisiera, pero una vez muerto, Fausto sería su sirviente en el infierno; así, si Fausto estaba lo suficientemente complacido tanto para desear que ese instante se prolongara eternamente, en ese momento Fausto moriría.

Fausto es un personaje que desdeña el saber de los libros, que lo alejaron durante mucho tiempo de vivir (es como si quisiera encontrarle explicación a la vida a través de los libros y la razón) y Mefistófeles le da la oportunidad de experimentar de primera mano el saber. Su mente tan racional, hace a Fausto frío y egoísta. Conoce a Margarita, y se empeña en enamorarla. La persigue, la seduce, la embaraza, y la abandona. Margarita, que parecía sinceramente enamorada de Fausto, se siente culpable de todo el dolor y muertes que ha ocasionado y muere arrepintiéndose. Mefistófeles le dice a Fausto que Margarita está juzgada, pero unas voces cantan que “está salvada”.

Ilustración de Peter Cornelius "La muerte de Margarita"
Ilustración de Peter Cornelius “La muerte de Margarita”

¿Nos salva el amor, el arrepentimiento? ¿Margarita sale mejor librada de su búsqueda personal que Fausto, porque se entrega a un amor, mientras que Fausto sólo quiere experimentar o saciar un deseo? A mí me parece que sí.

Goethe terminó la primera parte en 1806 y se publicó en 1808. La edición de 1828 sería la última que Goethe revisaría. La segunda parte, a la que dedicó los últimos años de su vida, la terminó en 1931 y se publicaría póstumamente en 1832. (Esto siempre me lleva a preguntarme ¿y el autor querría que se publicara? ¿Era así como quería dejar su obra?).

Fausto y Mefistófeles
Fausto y Mefistófeles

Con este libro, llego al primero  del reto Grandes Monstruos de la Literatura. Espero después tener oportunidad de contar algo sobre la segunda parte. Por lo pronto les digo que si a alguien le gusta la mitología, la segunda parte de Fausto es un manjar :D. Gracias a Sandra, que nos animó a leer esta obra y que, acompañada por otras valientes lectoras, fue más fácil persistir hasta terminar 😛

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20 comentarios

    • Goizeder:
      Bueno, debo confesar que a ratos me parecía muy enredoso…pero totalmente leíble con calma 😀 jajaja. No es de esos libros que hay que agarrar para entretenerse frente a la piscina, y ciertamente no es tan monstruoso como otros clásicos 😛
      un beso,
      Ale.

    • ¡Querida Lechuza!
      hay que retomar la Ilíada 😛 que la dejamos en el capítulo 3. Sin ustedes no la hubiera leído este. ¡Todas para una y una para todas! (ahh no, eso es de otro libro jajaja).
      un beso,
      Ale.

    • Susana:
      eso, es una telenovela (si en aquellos tiempos hubiera habido telenovelas).
      Bueno, tengo que decirte que una amiga estaba indignada de que Fausto la librara en el último momento, ella quería que se fuera a ser sirviente de Mefistófeles y le parecía todavía poco castigo por todo el daño que dejó a su paso en esa búsqueda de saberlo todo. No podía creer que Margarita intercediera por él.
      Asdí que según ella, Fausto si salió ganando a pesar de los pesares 😉 jijii
      un beso,
      Ale.

  1. No sabes cómo me apetece. Este Fausto y el “doctor Faustus” de Thomas Mann también. He leído atentamente la trama de esta primera parte y no me parece engorrosa, que pensaba que iba a ser algo más espesa, parece amena, como un cuento. La frase final que comentas es para mí demoledora: ¡un manjar! ¿¡Un manjar!? ¡Dios! ¡tengo que picar!

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