LIBRO: The Sunflower

The-Sunflower-9780805241457THE  SUNFLOWER

Simon Weisenthal

 

Simón Wiesenthal nació en Buczacz, (en lo que hoy es Ucrania) en 1908. Estudió en Praga Arquitectura y trabajó ahí hasta que fue detenido, por ser judío, en 1941.  Sobrevivió a doce campos de concentración y exterminios nazis. Durante su estancia ahí, tomó nota de todos los que eran responsables de lo que ahí sucedía y después de que fue liberado por las tropas americanas en Mauthausen, abocó su vida a conseguir que esos criminales fueran llevados ante la justicia. Logró detener a más de 1, 100 criminales de guerra. En 1977 se fundó en Los Ángeles el Centro de Holocausto Simón Wiesenthal, que tiene sedes en Toronto, Buenos Aires, Jerusalén y París. Este centro alerta sobre el antisemitismo, monitorea grupos neo-nazis y busca que lo sucedido no sea olvidado (ni negado). Weisenthal murió a la edad de 96 años en 2005.

En este libro, el autor narra un incidente que sucedió cuando él estaba preso en un campo de concentración. A él y a su cuadrilla, los llevaron a que limpiaran desechos médicos en un hospital para soldados alemanes. Antes de llegar ahí, pasan por un cementerio militar y en cada tumba habían plantado un girasol. Esos muertos le dieron envidia, pues él temía quedar en una tumba desconocida con cientos de cuerpos; además de que no sabía si sobreviviría un día, dos, o una semanas. La vida en el campo de concentración dependía de hacerte invisible a los guardias más sanguinarios.

Cuando llegaron al hospital, una enfermera le preguntó a Simón si era judío y cuando le dijo que si, le pidió que la siguiera. Lo llevó a la cama de un soldado alemán, de 21 años, que estaba muriendo. Estaba lleno de vendas en la cabeza y sólo tenía unos agujeros para la boca y nariz. Le dijo que le quedaba poco tiempo de vida, y quería contar su historia, una historia que lo estaba torturando y que no podría morir en paz hasta contarla a un judío.

Simon Wiesenthal por Crhistian Charriere. Dedicaría el resto de su vida a llevar a juicio a criminales nazis.
Simon Wiesenthal por Crhistian Charriere. Dedicaría el resto de su vida a llevar a juicio a criminales nazis.

SPOILER: Simón estaba pasmado. ¿Cómo se atrevía este nazi a hacerlo llamar, y para qué quería contarle su historia? A él no le interesaba. Se hubiera ido, pero ese hombre tomó su mano y le pidió que lo escuchara. Y le contó su historia: le habló de su infancia, de cómo creció siendo católico e incluso fue monaguillo. Hijo único, que en su juventud se une a la Juventud Hitleriana, y como sus padres –que se opusieron a que entrara a la Juventud Hitleriana- comenzaron a verlo con miedo, a no criticar al gobierno delante de él porque temían que los delatara y la relación con su padre se rompió totalmente cuando decide irse de voluntario con la SS. Lo mandaron a Rusia y ahí cometió un acto que tanto lo atormentaba. Había ayudado a meter a la población judía de una villa dentro de un edificio. Dice que probablemente eran 150-200 personas. Había hombres, mujeres y niños; algunos lloraban, los niños más pequeños no querían separarse de los brazos de sus madres. Los metieron en una casa y al poco tiempo, llegó un camión lleno de bidones de gasolina. Después llegó otro camión con más judíos. Los metieron dentro de la casa. Se roció con la gasolina. La puerta se cerró con llave y frente a ella se puso una ametralladora. Se les pidió que rodearan la casa, le quitaran el seguro a unas granadas y las aventaran por las ventanas dentro de la casa. Lo que siguió fue espantoso, y este soldado recordaba a una familia, un hombre, su esposa y un niño que estaban en la segunda planta y que brincaron al vacío intentando no morir quemados, tan sólo para ser baleados mientras caían. Por supuesto, estaban los gritos, comenzaron a escapar cuerpos que se quemaban…mataron a todos. Pero los ojos de ese niño, era lo que atormentaba su alma. Le dijo “no puedo morir, no sin contar esto…en las últimas horas de mi vida, tú estás aquí. No sé quién eres, solo sé que eres judío y eso es suficiente…en las largas noches mientras he estado esperando la muerte, una y otra vez he querido hablar con un judío y pedirle perdón. Sólo que no sabía si habían quedado judíos…se que estoy pidiendo demasiado, pero sin tú respuesta no podre morir en paz”.

Simón abandonó el cuarto sin decir una sola palabra. Al otro día, al llegar a seguir trabajando en el hospital, la enfermera le dijo que el soldado había muerto, y que le había dejado algo. Él lo rechazó, dejó el paquete y se retiró sin volver la vista atrás. FIN DEL SPOILER.

 Sunflower Field 2

Con los años, Simón se preguntó si habría hecho bien al no perdonarlo, al no decirle nada. El libro está dividido en dos partes. En la primera, Simón narra la historia. En la segunda, varias personalidades responden a esa pregunta de Simon. ¿Habría  perdonado? Algunos de los que responden son el  Dalai Lama, Dith Pran (fotógrafo en quien está basada la película de “Los gritos del silencio”),  Yossi Klein Halevi (periodista israelita hijo de un sobreviviente del holocausto), Theodore Hesburgh (presidente emérito de la universidad de Notra Dame), Primo Levi (escritor), Albert Speer (criminal de guerra nazi y autor), Tzvetan Todorov (crítico literario francés), Mattheu Ricard (maestro budista, autor del libro “En defensa de la felicidad”), Desmond Tutu (clérigo anglicano ganador del Premio Nobel de la Paz en 1984).

Tutu responde en el libro: “¿Qué habría hecho yo? Nuestro presidente, Nelson Mandela, fue encarcelado por 27 años y no estuvo en un lecho de rosas. Su vista se arruinó porque tuvo que trabajar bajo el resplandor de una cantera; su familia fue acosada por la policía estatal de seguridad. Debía estar consumido por la amargura y con anhelo de venganza. El mundo ha visto con admiración cuando magnánimamente invitó a su carcelero blanco a su inauguración como primer presidente electo democráticamente. Si yo pudiera decirle a otros, blancos o negros y menos conocidos, “¿qué hubieras hecho tú?”. Muchos dicen ser cristianos. Dicen seguir al rabino judío que, cuando fue crucificado, dijo: “Padre, perdónalos pues no saben lo que hacen”. Yo me siento y me maravillo de todo esto mientras presido el proceso para buscar la reconciliación y sanación a una nación profundamente dividida, lastimada y traumatizada. Es claro que si sólo buscamos justicia retributiva, tan sólo nos queda cerrar la tienda. El perdón no es una cosa nebulosa. Son políticas prácticas. Sin perdón, no hay futuro”.

Un libro que te hace pensar mucho, y por eso me gustó. Mi religión dice que hay que perdonar infinitamente. Ciertamente que es muy difícil hacerlo si hubiera pasado lo que él, pero es lo que da paz al corazón.

Con este libro llego a 14 en el reto de Isi. ¡Ya sólo me faltan 6 para terminarlo! ¿alcanzaré? Ta ta ta chán….

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22 comentarios

  1. El saber perdonar requiere reflexión, meditación e incluso aprendizaje, pero a veces el dolor lo hace casi imposible. E incluso se puede pensar que perdonar es una especie de deslealtad a la víctima. Es difícil pero posible, creo yo. Y la única vía de solución.
    Un abrazo,

    • Carmen:
      creo, igual que tú, que el perdón es la única manera de solucionar un dolor y dejar atrás…porque si no, sigues cargando el sufrimiento. Difícil ¡siempre! pero posible 😉
      un beso,
      Ale.

  2. ¡Qué historia tan dura y tan interesante! Me horrorizan las historias de la Segunda Guerra Mundial precisamente por estas cosas, pero esta historia es distinta le da una imagen más humana. No todos los alemanes eran seres sanguinarios como muchas veces terminamos pensando. Perdonar es mucho más difícil de lo que parece.
    Este título ya está en uno de los primeros puestos de mi lista.
    Un saludo.

  3. Qué interesante!!!
    He buscado el libro en castellano (imposible encontrarlo), pero creo que lo tengo fichado en una web de segunda mano.
    Gracias por la reseña!

    Besotes

  4. Hola Ale!
    No he leído el spoiler y me muero por saber qué le cuenta el soldado! Pero prefiero esperar y saberlo por mí misma cuando tenga oportunidad de leerlo.
    El perdón es mi mayor handicap. Bueno, no el perdón, el no saber perdonar bien. Porque perdonar sí que perdono y mantengo la relación con la persona que sea, pero jamás jamás se me olvida lo que me haya hecho. Heavy-Chef (que sí que es cristiano) intenta hacerme mejor en ese sentido, siempre me dice que no sea rencorosa, que uno es más feliz olvidando las cosas malas… que nos pudren por dentro… Y yo lo intento! Pero hija Ale, que tengo una memoria de elefante y no se me olvidan las cosas! jaja qué le voy a hacer! Trataré de mejorar…
    Un besito muy fuerte y gracias por el descubrimiento!

    • Ma. José:
      😀 espero que pronto puedas enterarte de qué cuenta el soldado (y si no encuentras el libro y la duda se hace gigante, siempre podrás regresar a este rinconcito).
      Creo que perdonar en general es uno de los actos que cuestan más trabajos a los humanos, sigamos la religión que sea (o no sigamos a ninguna). El beneficio no es jamás para que el que se perdona (salvo que sea porque él mismo está pidiendo perdón muy arrepentido y necesite ese perdón para poder descansar). El mayor beneficio es para quien lo concede porque deja uno de sufrir. Tengo una amiga que decía de otra -que no perdonaba algo que le había sucedido-: mira nomás, es como si otro hubiera venido a encajarle un cuchillo y cada que se enoja y recuerda lo que le hicieron es como si ella misma tomara el cuchillo con su mano y se lo removiera ahí encajado. Con esta amiga, el mayor problema era que x no le había venido a pedir perdón. Y mi otra amiga le dijo: ¡hija, para de sufrir! es como si quisieras que a fuerza el otro viniera a quitarte el cuchillo del cuerpo cuando eso puedes hacerlo solita por tu bien”
      Y así es: siempre es para nuestro bien. Porque al deshacernos de cargas pesadas, podemos seguir libres hacia adelante.
      No creo que heavy chef quiera hacerte mejor, sino más feliz 😀
      un beso,
      Ale.

  5. las historias de la segunda guerra mundial me duelen en el corazon mucho,.. aun no he descubierto porque jaja pero creo que es porq de niña me obligaron a leer “el hombre en busca de sentido” y me impresionó mucho… creo q no tenía la edad para leerlo…
    en Berlin lloré tanto con las historias de los judios…
    pero lo que mas quería compartirte es lo que leí en un libro de la saga de Ana de las Tejas Verdes, no recuerdo exactamente en cual pero estan hablando los hijos de Ana sobre la guerra y Hitler y todos dicen que si lo tuvieran enfrente le harian miles de cosas… pero el mas pequeño hace una reflexion tan hermosa! él dice que si tuviera a Hitler lo haría una persona buena, para que viera todo el mal que hizo y lo sintiera como sólo una persona de buen corazon sentiria… y eso sería su peor castigo… que cosas no?

    • Chica de mente ocurrente:
      ayy que me has recordado que tengo a Ana muy abandonada y todavía no leo nada de sus hijos ¡voy a poner remedio pronto! ¡gracias por compartirme eso que leíste con ella!
      Un beso,
      Ale.
      pero ¿a quien se le ocurrió que leyeras a Frankl siendo pequeña?

      • jaja! a mi hermano! un lector empedernido tmb… tendria unos 13, 14 años jaja y él intentaba que yo comprendiera y valorara lo que tenía… ya sabes la epoca de la rebeldia y esas cosas jaja y ahora que estoy desquehacerada me he dado a la tarea de tratar de entender porque eso de los judios no es lo mio… y divagando llegué a ese punto… podría ser no? creo que debo reeler ese libro a ver que fue lo que me traumó tanto jaja

  6. Me encanta toda esa parte en la que se plantea qué hubieras hecho tú. De hecho conforme iba leyendo el spóiler (adoro los spóilers), y vi que se levantó y se fue, el alemán muere …
    Yo creo que no hubiera podido evitar perdonar, a pesar de todo lo mal que me hubieran hecho hubiera perdonado si te encuentras con una arrepentimiento de este estilo, en el que el sufrimiento del que lo padece es similar al tuyo, creo que no lo hubiera podido evitar.
    Otra cosa es si son arrepentimiento fingidos, sin dolor real, de pose, ahí creo que me hubiera salido mi mal genio, jeje.
    Voy a coger este libro pero para irme directamente a las respuestas del Dalai Lama, Dith Pran, Yossi Klein Halevi, Theodore Hesburgh, Primo Levi, Albert Speer, Tzvetan Todorov, Mattheu Ricard y Desmond Tutu.
    Hoy me voy contenta. He hecho una buena pesca de verdad, jeje.

    • Icíar:
      pues me alegro que te lo apuntes, y que quieras leerlo.
      Y espero que disfrutes mucho leyendo esas respuestas. Aunque debo decir que ninguna tiene desperdicio. Cada cabeza es un mundo, y como tal, reaccionan diferentes todos y cada uno (aunque pueda haber similitudes).
      Te mando un beso,
      Ale.

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