LIBRO: El maestro de Alejandro

EL  MAESTRO  DE  ALEJANDRO

Annabel Lyon

                Alejandro Magno es alguien a quien conocí desde pequeña. ¿Por qué? Tengo un tío que lleva el su nombre y en mi niñez cada lunes (¿o era cada 15 días?) salía una publicación llamada “Cantinflas Show” que me mostró la vida de varios personajes ilustres (las imágenes de esta entrada son de esas maravillosas revistas).

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                ¿Quién fue Alejandro Magno? Para quien no lo sepa, Alejandro era hijo de Filipo II de Macedonia y Olimpia. Su madre decía que lo había engendrado un Dios y él creía que era heredero de Heracles (seguro creían que eso añadía brillo a su persona). En aquel entonces, Grecia era una comunidad de ciudades estado, y Filipo aprovechó que estaban ocupadas luchando la guerra de los aliados para comenzar a expandir su reino. Pensando en educar a su hijo de la mejor manera posible,  Leónidas le educaba el cuerpo y  Filipo trajo al filósofo Aristóteles de Atenas para que educara su intelecto Durante 7 años le dio clases de política, ética y (por el título en inglés del libro) sobre la divina proporción (el punto de equilibrio en las virtudes). Alejandro tomó las riendas del reino a los 20 años y en 13 años que gobernó había conquistado mucho del mundo conocido y dio inicio a lo que se conocería como el período helénico. Siempre he pensado que el gran respeto por las culturas que iba conquistando se lo debía a Aristóteles. De los 3 filósofos griegos más conocidos (Sócrates, Platón y Aristóteles) el que mejor me cae es Sócrates. Será porque siempre es más fácil aducir “yo sólo sé que no se nada” que meterse a navegar por el propio cerebro para ver de dónde saco las ideas y valores que rigen mi vida, y estarlos rumiando para aclararlos (o enredarlos más). Lo primero requiere humildad y lo segundo, mucho trabajo neuronal 😉

En 13 años, esto es lo que Alejandro conquistó

                Así el libro imagina cuál podía haber sido la vida de Aristóteles con su alumno Alejandro. ¿Extrañaría estar en la Academia? ¿querría tener tiempo para escribir sus libros? ¿era Alejandro un buen alumno, o era impertinente y simulaba no poner atención? Las respuestas a todo esto, por supuesto, salen de la imaginación de la autora. Este Aristóteles ficticio, sumido en la depresión no me gustó mucho, pero por lo demás, disfruté de la lectura del libro. Eran dos caracteres muy diferentes: Aristóteles racional, Alejandro apasionado. Aristóteles veía que Alejandro se comportaba como si nada lo lastimara nunca, ni en el campo de ejercicio, ni en el campo intelectual pues mostrar eso, habría sido demostrar debilidad antes quienes después serían sus súbditos. Añoraba Atenas, y quería regresar, pero Filipo lo quería ahí junto a su hijo. Una vez que Alejandro reinó, lo dejó partir de regreso a Atenas.

                Seguro que la relación fue amistosa y había cariño entre ambos. O eso quiero pensar yo.

Imagen de las conquistas de Alejandro, tomada de aquí.

Si quieren leer el primer capítulo, aquí.

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12 comentarios

  1. Qué mono cantinflas vestido de Aristóteles. Encuentro un libro muy didáctico, aunque entiendo que no te haya gustado la caracterización de un Aristóteles depresivo y racional y un Alejandro apasionado. Muy previsible. Supongo que habrá que quedarse con los datos y filtrar el resto, que al fin y al cabo es la interpretación de la escritora.
    El mapa impresionante. A veces me pregunto si no será un error vanagloriarnos de conquistadores así, que más que una proeza pudiéramos tildarlo de otra cosa, aunque sé poco de esto, creo que no era conquistador de aniquilar culturas, sino que las iba aglutinando respetándolas, si fuese así la cosa cambia. Muy ineresante, Ale, “as usual”.

    • Icíar:
      todas las ilustraciones del cantinflas show valían la pena 😉 dulces recuerdos de mi niñez jajaja.
      Me alegra que te gustara la reseña 😉
      Conquistó mucho, pero le duró poco el gusto…ese afán de conquistador terminó con él.
      Un beso,
      Ale.

  2. Debido a la diferencia de edad no creo que hubiese mucha amistad entre ellos y, además, recordemos que Aristóteles dejó muy pronto de ser su preceptor al ver el modo despótico y poco compasivo de gobernar de Alejandro.
    Besines,

  3. Fue una relación convulsa entre la razón y la pasión. Me gustó este libro y los diálogos ácidos y directos entre los protagonistas. Además ayuda a conocer un poco de la época histórica en que se desarrolla.
    Besos

  4. Hola Ale!
    Suele ocurrir con las novelas históricas que el autor pone mucho de su imaginación junto con los hechos reales.Yo suelo ser muy reticente con este tipo de novelas, porque hay que saber muy bien hacer la distinción. Parece un libro bastante interesante.
    Cuando yo estudiaba filosofía en el colegio, Aristóteles era de los que más me llamaba la atención. Porque, si no recuerdo mal, de Sócrates lo único que sabemos es a partir de Platón y a mí me daba que éste pudo haberlo idealizado (cosas que le da a una por pensar cuando tiene 17 años jaja)
    Alejandro tuvo que ser un niño difícil. Fue un gran conquistador y, a pesar de que intentó respetar las culturas, como en todas las guerras, cometería errores y excesos. Y al final, después de tanto años de conquistas… tras su prematura muerte, sus propios generales desgranaron el imperio.
    Ha sido muy didáctica tu reseña, Ale! Un beso!

    • Ma. José:
      ahhhh, los 17 años. Yo estaba medio enamorada de mi maestro de filosofía. Me parecía tan culto, eran tan sencillas sus clases, tan interesantes 😉
      Como todo niño que se le hace sentir que es un Dios sobre la tierra, si, Alejandro debe haber sido chocante, por decir lo menos, como niño. De alguna manera, los excesos posteriores a lo mejor eran porque le salió el niño que no había podido divertirse porque “lo estaban educando para reinar”. Mientras niño, sabía que sus fallas serían pequeñas fisuras en su coraza como autoridad, y tenía mucho cuidado de que no lo vieran perder, dudar, preguntar, dolerse. Debe ser terrible vivir así.
      Un beso,
      Ale.

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