LIBRO: The Express

Autor: Robert Gallagher

Caracteres: 10

En casa, la televisión es un adorno para el charro negro y para mí  hasta el fin de semana. Y entonces aprovechamos para ver películas o series de televisión que nos hacen reir, y pensar. Elegimos muy bien lo que vemos en familia. Hace unos meses, vimos una película de Disney que nos encantó a toda la familia. Se llama “The Express” y en ella se cuenta la historia del primer jugador negro que ganó el trofeo Heisman. Este es un premio que se da al jugador universitario de futbol americano más destacado.

A mi francamente los deportes no me gustan y no corro ni para salvar la vida. Pero la película me gustó mucho. Tanto, que compré el libro en el que está basada. Gracias a él he podido conocer mejor a Ernie Davies y estoy admirada por la vida tan ejemplar que llevó.

La madre de Ernie y su padre se separaron cuando él era muy pequeño. Su madre lo lleva a vivir con sus abuelos.

Ernie tenía problemas de lenguaje y tartamudeaba, situación que lo hizo sufrir en su infancia. Para sobreponerse, su abuelo le hacía leer en voz alta, y le pedía que practicara con aquellas palabras que más trabajo le costaban. Trabajó mucho para superar esto y cuando se fue a la universidad, seguía practicando en su habitación aquellas palabras que sabía podían ser difíciles de pronunciar.

Esto lo hizo un niño compasivo,  pues sabía que quien se siente diferente no se encuentra cómodo en ningún lugar. Ernie era un niño grande para su edad, pero no era agresivo. Evitaba las peleas y siempre ayudaba cuando veía a otro en dificultades.

Sus abuelos eran personas religiosas, que instaban a todos sus hijos a dar lo mejor que podían dar. Cuando Ernie ya jugaba en la universidad, su compañero de cuarto decía que todos los domingos buscaba a donde ir a misa, y que tomaba en seriosu religión.

El actor y el verdadero Ernie
El actor y el verdadero Ernie

Cuando tenía 8 años, entrenó mucho para entrar a un equipo de beisbol, y el día que llegaron lo uniformes hubo para todos excepto para él…que era el único negro del equipo. Dijo “No podía creerlo, estaba ahí parado tratando de detener las lágrimas. Fue mi primera decepción en el deporte y pocas me dolieron como esa”

Cuando tenía 12 años, su madre que se había vuelto a casar, se llevó a vivir a Ernie con ella a Elmira, Nueva York.  Ahí, tuvo que esforzarse más porque se acentuó su tartamudez, pero pronto encontró algo en lo que era muy bueno: los deportes. Ya en su último año de bachillerato era una leyenda en la ciudad, y en ese tiempo cuando aún existía la segregación en los Estados Unidos, le ofrecieron 50 becas deportivas. Su entrenador de la preparatoria dijo de él: “El talento es importante. Pero necesitas saber contar con la persona. Agrégale intensidad, y tienes un corcel. Ernie era un líder, pero callado. Era respetado por sus compañeros y por los maestros. Nunca humilló o avergonzó a otro jugador con menos habilidad. Jugaba para ganar, no para lucirse. Hacía que todos jugaran mejor. Tenía una asombrosa capacidad para actuar bajo presión”.

Ernie con su Trofeo Heisman

Ernie entra a la Universidad de Syracuse, Nueva York. Es una época tensa, por el racismo imperante. Pero este muchacho pensó en dar ejemplo, a través del deporte y de su manera de ser. Todas las personas que el escritor quiso entrevistar le decían “Estoy muy ocupado…pero lo haré por Ernie”. Le reconocían haber sido modesto, generoso, con un gran sentido del humor, cálido. No permitió que la fama entorpeciera su vida, o fuera motivo para tratar mal a los demás. Fue una persona que alcanzó sus sueños…no se quejaba de las cosas que tenía en contra (ser negro, lo que le impedía entrar en ciertos lugares, que le negaran el saludo, que lo atendieran)…el seguía siendo educado, amable, siempre con una sonrisa. No usaba lo que tenía en contra para vivir enojado o ser grosero.  El libro, a pesar de todo el espacio dedicado a los deportes, me gustó muchísimo.

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14 comentarios

  1. A mí lo que dice Isi no me sorprende tanto, desgraciadamente.

    No sé cuándo pasó esto del equipo infantil, pero si tenemos en cuenta que había segregación cuando ya iba al instituto… si había cuartos de baño para negros ¿iban a dejar que sus hijos se cambiaran en el mismo vestuario?

    Lo que sí resulta asombroso es que en el mundo del deporte, los negros pasaron en Estados Unidos, en cosa de ¿30 años? de no ser nada a dominarlo completamente.

    • sucedió en 1947…
      Y si, lo que es la vida, ahora dominan el deporte. Tu comentario me recordó al de un amigo que decía que los EUA nos habían robado california a los mexicanos…pero es nuestro nuevamente, pues aunque los gringos lo tienen como parte suya en el mapa, en realidad, sus habitantes son mayoritariamente hispanos. La ley del karma, dice él 😉

  2. Me encantan esos libros, te aconsejo que leas “El factor humano que es la historia de Mandela, o veas la película de “Invictus”, el libro es estupendo, pero la película me encantó, es un ejemplo y para los chicos también.
    Un saludito
    Teresa

    • ¡Hola Teresa!
      mira tu las coincidencias, mi amigo Mariano me recomendó precisamente este libro. Al ratito voy a la librería a ver si me lo encuentro porque estos temas me gustan mucho y los leemos en familia luego para comentar. ¡Gracias!
      Un beso 😀
      Ale.

  3. Caray, este tipo de personas me impresionan. Creo que en su situación, yo reaccionaría con odio o con ganas de hacer daño. Aún no vi Invictus pero me muero de ganas de leer El Factor humano; lo que pasa es que antes debería leer uno de los 20 que tengo en casa esperando turno.
    ¡A ver si soy capaz de contenerme!

    • A mi también me impresiona. Creo que mucha de su disposición se debía también a su gran fe. Hay una escena en la película que a mi me gustó mucho donde su abuelo lo pone a leer la biblia y la cita es 1 Corintios 15, 10: “Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no ha sido en vano para conmigo”. Creo que su fe tiene mucho que ver con por qué era así. Uso al máximo los talentos que Dios le dió, estaba agradecido por ellos y era humilde. (yo ya ni digo como van los libros comprados pero no leídos…soy un desastre)
      besitos,
      Ale.

  4. Triste es saber de esas historias,pero mas triste es saber que somos parte de ellas dia a dia..a poko no han discriminado a alguien?es decir,hacemos comentarios sin pensar,pero que duelen,por ejemplo:mira a esa gorda,no sabe vestirse!
    esa chica deber ser anorexica,que flaca esta,o yo no entiendo a la gente que profesa tal o cual religion,etc.
    tal vez mis ejemplos no sean del todo claros,¿pero quien dicta que esta bien y que esta mal?
    un poco de comprension al projimo,por favor…

  5. Hola Ale!!, hacía mucho que no comentaba por aquí, es que llevamos una vida!!!, así no hay manera, jajaja.

    Historias como la que cuenta este libro, siguen ocurriendo hoy día, no solamente en Estados Unidos, donde su moral dice una cosa y la sociedad actua de otra muy diferente, sino que es algo común en todos los países.

    Por eso, cuando escucho historias como The Express, me revuelvo un poco. Un negro que llega lejos, un ejemplo, si es un buen chico fíjate….
    Y no quiero que se me malinterprete. Como historia de superación personal, me parece fantástico. Pero como ejemplo de que incluso “los que son diferentes” pueden triunfar, no me gusta nada. No se trata de que una persona lo consiga, sino de que cualquiera pueda hacerlo, independientemente del color de su piel o de su condición social. Y esto, actualmente, no es así, en la mayor parte del mundo, y en Estados Unidos, desde luego que no.

    Un saludo!
    Roberto

    • ¡Hola Roberto! 😉 ahhh todo fuera no tener tiempo para comentar por andar de viaje 😀 que envidia

      A mi me gusta la historia porque es la de una persona que llega lejos, con su trabajo y su actitud ante la vida. Tenía compañeros de equipo muy resentidos por la situación a la que se enfrentaban. Jim Brown, que es super conocido en ese deporte, cuenta que él estaba resentido. Era soberbio, peleonero. Triunfó también. Porque era bueno, y no lo pudieron negar a pesar de su raza. Pero también dice que le impactó profundamente conocer a Ernie, que se sabía el nombre de el aguador, que platicaba con los niños cuando le pedían su autógrafo, que iba a su ciudad y trabajaba repartiendo el periódico en las vacaciones que tenía. Su sencillez, su disciplina para sobresalir (a pesar de ser el mejor, entrenaba desde más temprano y hasta más tarde que los demás) y su calidez lo cambiaron.

      Hay un asunto que no he querido revelar porque sería un spoiler mayúsculo, pero si quieres leerlo, aquí hay un artículo que Ernie escribió que se titula “No soy Desafortunado”. Creo que los que son diferentes pueden triunfar. Sólo se necesita que quieras/creas que puedes hacerlo. Y que no dejes que lo que los demás dicen, te detenga. La actitud puede más que la aptitud muchas veces. Ernie poseía ambas cosas.
      Un abrazo,
      Ale.

  6. Preciosa entrada, aunque nos hable de la injusticia racista.

    A mí tampoco me gusta correr, pues hace un tiempo, un profesor de matemáticas hablando con mucha guasa de los que no eramos demasiado deportista, me dijo que el no corría porque “correr es de cobardes”.
    Yo desde entonces me lo aplico como excusa para no tener que practicar ningún deporte que implique un movimiento uniformemente acelerado.

    Un beso.

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