LIBRO: Las Seis Esposas de Enrique VIII

LAS  SEIS  ESPOSAS  DE  ENRIQUE  VIII

Antonia  Fraser


 

Se dice que si va uno a Londes, (lo creeré porque no les puedo confirmar que sea cierto…nunca he ido) cuando se visitan los lugares históricos le van a uno diciendo ante las tumbas de las esposas de Enrique VIII: “Divorciada, decapitada, muerta…divorciada,decapitada, muerta”. Cada una se conoce por estereotipos que se les dió a través de la historia: “la esposa traicionada”, “la tentadora”, “la buena mujer”, “la hermana fea”, “la muchacha casquivana” y “la figura materna”.

 

Este libro a mi me encantó porque está escrito por una historiadora, no novelista y realmente hace un retrato muy apegado a lo real, basado en fuentes que vivieron en la época del Rey Enrique VIII.    Es como una arqueología psicológica histórica de los personajes, digo yo.

En resúmen, para quien no desee leer más, está buenísimo. Es un paseo por la vida de cada una de estas mujeres que durante algún tiempo, llevaron sobre sus cabezas la corona de Inglaterra. Unas lo hicieron con la dignidad que el cargo les daba, otras felices por el poder y prestigio que les daría…otra atarantada jovenzuela quizá ni cuenta se dio del poder –y peligro- en que la colocaba ponérsela. Apasionante.

Este libro fue hecho serie por la BBC hace ya unos años, y así se llamó “Las 6 Esposas de Enrique VIII”


CATALINA DE  ESPAÑA, HIJA DE LOS REYES CATÓLICOS

Catalina era la hija menor de los reyes católicos, y fue prometida en matrimonio al Príncipe de Gales (Arturo) desde muy jóven. Catalina siempre vió en su madre a una mujer que puso la voluntad de Dios y el bienestar de su reino por encima de su propia comodidad; y creció siendo educada para reinar. No sólo se preocupó su madre por educarla en aquellas cosas que le servirían para reinar (hablaba varios idiomas, aprendió geografía, política, estrategia militar) sino también en aquellas cuestiones que una mujer de la época debía hacer por su marido (coserle la ropa, bordar, cocinar, llevar una casa). Se dice que hasta su muerte, Catalina siempre hizo las camisas de su esposo Enrique VIII –para berrinche  de Ana Bolena-.

Llega a Inglaterra para casarse con Arturo, y este muere menos de un año después. Su padre Fernando, no había terminado de pagar su dote. Pos este motivo, su suegro Enrique VII decide tenerla como rehén hasta que su padre pague el resto de su dote. Fernando quiere que parte de la dote, se acepte para casarla ahora con el siguiente hijo del rey, Enrique. Catalina vive varios años en una situación de mucha pobreza pues su padre no envía el dinero de la dote, y su suegro la tiene viviendo miserablemente y ella se ve en la necesidad de comenzar a vender parte de su menaje de casa para poder comer. Si bien se hace un compromiso entre Catalina y el príncipe Enrique, parece que Enrique VII no tenía realmente la intención de casarlos. La muerte del rey, y un probable enamoramiento que Enrique VIII sentía por su cuñada (aunado a su sitación poco afortunada, que hacía sentir seguramente a Enrique VIII como el héroe que rescataba a la damisela en apuros) hacen que el compromiso sea efectivo a la muerte de su padre y prontamente se casa con Catalina.

Se dice que durante 17 años vivieron en armonía y dicha, a pesar de que la reina sufrió varios abortos, la muerte prematura de un bebé varón que vivió solo 2 meses, y que su única heredera viva era una mujer (María Tudor).

El rey tuvo un hijo llamado Enrique Fitzroy, y esta autora (historiadora) dice que no tuvo hijos con María Bolena (lo que es factible, dado que nunca buscó favorecerlo –de ahí que se presuma que no eran suyos- porque si ya había favorecido a uno, lo lógico hubiera sido que favoreciera a todos los bastardos). Se dice que se encaprichó con Ana Bolena, y que el hecho que lo hizo buscar deshacerse de Catalina fue su deseo de un heredero varón a quien legar su reino, y que la reina parecía no poder engendrar más. Enrique era un hombre muy religioso, al que su conciencia parecía molestar bastante; pero también era un hombre que tendía a autojustificarse mucho, no haciéndose responsable de nada. En el asunto de los hijos, el encontró un versículo de la Biblia (Levítico 20, 21) que dice que “Si uno toma por esposa a la mujer de su hermano,es cosa impura; pues descubre la desnudez de su hermano” y que el castigo de Dios por violar la ley se expresa de manera explícita: “Quedará sin hijos”. Entonces, Enrique se autoconvenció de que su matrimonio no tenía hijos varones, porque él y Catalina habían pecado al haberse casado habiendo sido antes cuñados.

Catalina, que siempre había sido una esposa modelo, sumisa y que procuraba siempre no contrariar al Rey jamás cedió a dejar de ser su Reina. Se opuso con  vehemencia a pesar de los castigos a que la sometía  Enrique por no ceder  a su voluntad. Se la alejó de la corte, se le separó de María su hija y se le limitó mucho el dinero del que ella podía disponer para el mantenimiento de su casa y su corte.

El pueblo la amaba pues había sido una reina generosa, piadosa y porque la mayoría de las personas veían que Ana Bolena era una arribista, cruel y que el rey estaba sometido por sus apetitos sexuales, por más que tratara de convencerse (y convencer a los demás) de que lo único que estaba haciendo era arreglar una situación ilícita con Catalina (el decía que su matrimonio no era válido) y que buscaba un heredero para Inglaterra.

Catalina, ya enferma, le dicta una carta al rey que comenzaba: “Mi más querido Señor, Rey y Esposo, la hora de mi muerte se acerca… por el amor que siento por vos debo advertiros de vuestra salud del alma, que debieras preferir a todas las consideraciones del mundo o de la carne….os perdono todo y ruego a Dios que haga lo mismo” Murió musitando “In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum” (En tus manos Señor, encomiendo mi espíritu)

ANA BOLENA

Ana Bolena no era una muchacha que hubiera sido educada para ser Reina, como Catalina, pero según sus contemporáneos, era una mujer brillante, rápida para aprender y deseosa de educarse. Al rey debe haberle atraído también que era una muchacha que sabía bailar con mucha gracia (al rey le encantaba el baile) y dicen que tenía una hermosa voz y que tocaba varios instrumentos (el rey también amaba la música e incluso compuso música y canciones).

Era conocida por tener una afilada lengua, que podía hacer reir mucho al rey con sus comentarios; era una excelente compañía pues sabía divertirse y mantener a las personas que la rodeaban siempre entretenidas. Esta sería la mujer por la que el Rey separó la Iglesia de Inglaterra de la sumisión ante el Papa y a raíz de eso se creó la Iglesia Anglicana.

El lema de Ana en la navidad de 1530 fue Ainsi sera, groigne qui groigne (Así será, proteste quien proteste) y retrata bien como se comportaba Ana en aquella época. Le gustaba que se hiciera su voluntad, y Enrique seguramente se deleitaba de haber encontrado un alma tan afín a la suya. Al principio fueron muy felices. Enrique la coronó reina el 1 de Junio de 1533, embarazada de casi seis meses de su hija Isabel.

Cuando nació Isabel, Ana Bolena se mostró especialmente cruel con  María, la hija de Catalina. La hizo ir a rendirle honores a Isabel, y quedarse como ayuda de la hermanita, lo que no ayudó a mejorar la imagen que el pueblo tenía de ella.

Enrique había estado acostumbrado en su matrimonio con Catalina a que esta, inteligentemente, le sugiriera al rey como actuar dejando que el pensara que era su voluntad y su idea en primer lugar. Sabía que no debía llevarle la contra. Jamás le hizo escenas en frente de su corte (y se duda que se las hiciera en privado), y Ana comenzó a discutirle  y celarlo. Decía  cosas que nadie más se habría atrevido a decir. Ana hizo un comentario por ejemplo de que el rey no tenía aspecto vital, ni habilidad ni virilidad suficiente para satisfacer a una mujer. Al parecer, el rey comenzaba a tener problemas de impotencia.

La pérdida de otros embarazos, las constantes peleas (el rey en una de ellas le dijo que no olvidara que así como la había encumbrado podía volver a rebajarla), hicieron que el rey se cansara de Ana. Dejó de ser divertida. Y el rey puso sus ojos en Juana Seymour. Una chica muy decente, piadosa, que era como un remanso de paz para él, que no alegaba y en todo le daba la razón (así le gustaban a él pues…como diría un amigo, las quería lobotomizadas).

El rey fue cruel para deshacerse de Ana. La acusaron de haber embrujado al rey, luego de haber tenido otros amantes, entre ellos, a su propio hermano Jorge Bolena. La condena para todos: la muerte. Ana nunca admitió haber cometido delito alguno y las pruebas en su contra jamás fueron irrefutables. Dijo antes de ser ejecutada: “Señores, humildemente me someto a la ley tal como la ley me juzgó, y por mis ofensas, no acuso a ningún hombre. Dios las conoce; las remito a Dios rogándole que tenga merced de mi alma. Que Jesucristo salve a mi soberano y señor el Rey, el príncipe más devoto, noble y gentil que existe, y que reine largamente sobre vosotros” Luego se arodilló y dijo “A Jesucristo encomiendo mi alma” y fue decapitada.

JUANA SEYMOUR

Enrique diría de esta mujer que era su verdadera reina, pues según él, no sintió que su matrimonio con Catalina o Ana fuera legítimo y que con ella había sido muy feliz. Juana elige como lema “Obligada a obedecer y servir” y eso causó una favorable impresión en Enrique y el pueblo de Inglaterra.

Se considera que fue una mujer amable, piadosa, que no contradecía al rey y que se somentía a lo que él decía; y que fue una madrasta generosa con María e Isabel y que ella fue la causa de que el rey comenzara a tratar mejor a su hija María (se habían distanciado porque ella no estaba dispuesta a renunciar a su título de princesa).

Juana queda embarazada y Enrique está feliz…puede demostrarle al mundo que a pesar de los comentarios de Ana Bolena, es viril y fecundo. Juana da a luz el 12 de Octubre de 1536 a Eduardo.  El 24 de octubre, tan sólo 12 días después del nacimiento de su hijo, moría con 28 años y 18 meses de reinado de fiebre puerperal. Se dice que el rey estaba profundamente afligido con su muerte, pero inmediatamente se comenzó a planear volver a casarse. Debía dejar más herederos varones pues con uno solo no quedaba segura su descendencia y no quería dejar al país sumido en una guerra civil.  Su familia era el mejor ejemplo de que se necesitaban cuando menos 2 varones.

ANA   DE  CLÈVES

La autora plantéa que Enrique VIII había tenido un privilegio raro en esa época donde los matrimonios se concertaban por razones políticas: los tres matrimonios que llevaba habían sido concertados por amor. El había querido casarse con Catalina (de quien se dice, quedó prendado desde que la vió cuando era solo un niño de 11 años y ella novia del hermano mayor; dicen que dijo en aquella época que envidiaba mucho al hermano), se enamoró también de Ana Bolena apasionadamente, y encontró en Juana Seymour un refugio cuando se sentía un hombre desgraciado con Ana. El rey no gozaba de buena reputación en Europa (¿Quién en su sano juicio mandaría una esposa a Inglaterra donde el rey parecía maltratarlas si no eran de su agrado?) por lo que Europa no daría una nueva esposa a Enrique.

Cleves era un país del Bajo Rin: un conjunto de ducados que eran un aliado atractivo para Inglaterra. Cromwell (primer ministro de Enrique) fue el encargado de llevar a cabo las negociaciones. El no se fijó en que Ana no tenía talento para la música (y este, recordémoslo, era un rey al que le encantaban las pachangas: bailar, cantar y tocar instrumentos). Ana era ignorante, tímida, solo sabía manejar la aguja. No poseía el talento para agradar a un marido quisquilloso, inseguro de su virilidad, ególatra. Enrique mandó a su pintor Holbein a hacer un retrato de Ana. Se dice que tenía que pintar bajo la mirada atenta de los funcionarios de la corte, y Enrique dio su visto bueno para casarse con ella.

Dícese que cuando el rey por fin la vió sufrió una decepción. Además, Ana no hablaba inglés, poco entendía y fue incómodo para ambos. El rey le dijo a Cromwell “No me gusta”. El rey comentó después de la noche de bodas que “La reina no me gustaba mucho antes, pero ahora me gusta menos”. Era difícil de contentar pues. 😉 Siendo el tirano que era, culpaba por supuesto a su esposa. Dijo que tenía los pechos tan flojos y otras partes de tal manera que el sospechaba algo acerca de su virginidad. Y dijo “nunca en compañía de ella podría ser provocado y movido a conocerla carnalmente”. No era galante para nada. Hubo testimonios de que el matrimonio no se consumó.

La autora dice que afortunadamente para Ana, estaba protegida de cualquier humillación porque nadie le traducía esto a ella. Ana decía “cuando el rey viene a la cama, me besa, me toma de la mano y me dice “buenas noches, querida” y por la mañana me besa y me dice “adiós querida ¿no es eso suficiente?” Nadie había discutido con ella que es lo que se supone que debía ocurrir entre marido y mujer.

Usando como base un contrato matrimonial previo de Ana, se dijo que el matrimonio no había sido válido. Se dice que la reina Ana se desmayó cuando le dieron esta noticia. Yo pienso que del miedo…a de haber pensado “ahora me corta la cabeza”. Enrique ya había sido cruel con su primera esposa manteniéndola casi prisionera hasta que murió, había decapitado a otra…Ana debe haber pensado que tenía que actuar cautelosamente si no quería terminar como alguna de las previas.  Por puro terror o instinto (dice la autora) Ana envió al rey la respuesta perfecta para serle grata le mandó decir que “Ella siempre estaría contenta con Vuestra Majestad” y firmó como Ana, hijas de Clèves –en lugar de hacerlo como la Reina Ana-. Le mostró una imagen de las mujeres que Enrique adoraba: sumisa, aceptaba su voluntad, y se ponía su merced. Enrique, como el buen tirano que era, siempre era generoso con quien se ponía como su tapete y no cuestionaba su voluntad. Así, se mostró muy magnánimo con Ana: se dijo que sería la mujer más importante de Inglaterra, solo debajo de la Reina y las hijas del rey por un matrimonio futuro y sus hijas existentes. Se le dieron varias mansiones y propiedades que daban 3,000 libras anuales (que era muchísimo). Todo eso sería suyo con una sola condición: que no saliera de Inglaterra y en su nueva vida sería la “buena hermana adoptiva del Rey”. Así dejó de ser reina de Inglaterra, puesto que ocupó sólo 6 meses.

CATALINA  HOWARD

Era una mujer que se había criado en la pobreza,  y por lo tanto no era inteligente con los manejos del mundo como  Catalina de Aragón, o incluso Juana Seymour o Ana Bolena  que había servido en casas reales. Era prima de Ana Bolena y fue educada por una tía abuela de esta.

En 1536, cuando Catalina Howard tenía 15 años, Henry Mannox su maestro de música, intentó seducirla, pero Catalina dijo que no había habido sexo completo. Su siguiente romance fue con Francis Dereham y hay indicios que permiten suponer que esta relación fue más seria y si se consumó plenamente. Se llamaban esposo y esposa lo que sugiere un precontrato matrimonial  (que era común en la época y para el cual no era raro consumar el matrimonio). Se dice que en la casa donde todas las jóvenes dormían juntas, Dereham visitaba secretamente a Catalina y contaron las demás que escuchaban “bufidos y resoplidos” que denotaban sexo para quienes escuchaban. Dereham viajó a Irlanda, y Catalina se trasladó a casa de su tío Norfolk, donde conoció a Thomas Culpeper y se sospecha que estaba muy enamorada de él en el otoño de 1539 (tenía 18 años ella). Pero entonces, el rey se enamoró de ella.

La relación de Catalina con Dereham no había sido secreta y “muchos la conocían” pero nadie fue lo suficientemente valiente para decírselo al rey sabiendo que podía provocar su ira. El rey se casó con Catalina ignorando su pasado.

Para Enrique VIII, Catalina era “su rosa sonrojada, sin una espina”. Crónicas de la época cuentan que no podía apartar sus manos de ella y sus constantes caricias en público hicieron pensar a los observadores que el rey amaba más a esta mujer más que a “las otras” El lema que eligió Catalina fue Non autre volonté que la sienne (Ningún otro deseo que el suyo). Era una muchacha muy impresionable e ingenua, durante su juicio se supo que ella creía que el rey se enteraba de los pecados que se mencionaban en el confesionario (ella era adolescente cuando Enrique se proclamó cabeza de la Iglesia de Inglaterra)…este comentario nos da una idea de lo tontilla que era…

Ya reina, Francis Dereham fue nombrado su secretario. No fue algo prudente, pero se piensa que pudo haber sido un soborno para cerrarle la boca. Enrique había engordado mucho, no era ya el rey apuesto de comienzos de su reinado y comenzaba a tener ulceraciones varicosas en la pierna que lo hacían cojear. En la primavera de 1540 enfermó y la reina no estuvo entre los que lo atendían por deseo del rey:  no deseaba que su jóven esposa se impresionara negativamente con piernas que supuraban. Se cree que durante ese tiempo, jóven y aburrida, sintiéndose desatendida, reanudó su relación con Culpeper y no porque fuera mala, pecadora…sino que se aburría pues y era jóven. La reina le escribió una carta de amor a Culpeper (la única de sus cartas que aún se conserva) en donde le pone “desearía que estuvieras conmigo ahora…me enteré de que estuvisteis enfermo y nunca deseé tanto como veros…hace que mi corazón muera pensar que no puedo estar siempre en vuestra compañía…” y está firmada por “vuestra en tanto siga la vida, Catalina”.

Dice la autora de Catalina –que me encanta como lo dice y lo copio textual- “Con su pasado travieso (por decirlo de algún modo) y su presente indiscreto (para no decir más) era un objetivo muy vulnerable”.

Se le habló al rey del pasado de la reina, y por supuesto, se engoriló. Dereham fue trasladado a la torre y torturado. El implicó a Culpeper, que también fue arrestado y torturado. Cuando se supo toda la verdad, se enojó el mundo. Culpó a su consejo de este daño que ahora se le inflingía –nunca pensó en la culpa de él por casarse con una jovencita, por no atenderla, por dejarla sola-  mandó matar a Catalina y dicen que lloraba desconsoladamente al hacerlo, como un crío.

Catalina fue acusada de haber llevado “una vida abominable, baja, carnal, voluptuosa y viciosa antes del matrimonio, había ocultado del precontrato con Dereham e incitó a Culpeper a la relación carnal” y además, por si fuera poco  –esto debe haber sido terrible para Enrique- “le decía que lo amaba más que al Rey”. El día de su ejecución Catalina confesó que “merecía mil muertes por haber ofendido de esa manera al rey que la había tratado con tanta bondad”. Fue decapitada en el mismo lugar en el que menos de 6 años antes habían decapitado a Ana Bolena.

CATALINA  PARR

Esta fue la última esposa del Rey Enrique VIII y la única que le sobrevivió. Quizás Enrique ya había aprendido (ji, ji, ji) que no le convenía una muchachita como Catalina Howard que tuvo el descaro de ponerle el cuerno, si no una mujer más sensata y sin esas pasiones de la juventud.

En ese sentido, ella fue una excelente elección. Catalina había estado casada y enviudó dos veces. Después de la segunda viudez, quedó en una posición de riqueza que le permitió elegir a quien amar, y su corazón pertenecía a Thomas Seymour. Si se fijan en el apellido, este señor era hermano de Juana Seymour, la tercera esposa de Enrique y por lo tanto, tío del hijo del rey.  Se dice que cuando el rey le pidió matrimonio le escribó a Thomas Seymour y le dijo “tan cierto como que Dios es Dios, mi mente estaba totalmente inclinada a casarme con vos antes que con cualquier hombre que conozco. Sin embargo, Dios se opuso a mi voluntad con vehemencia por un tiempo, y con su gracia y su bondad, hizo posible lo que me parecía más irrealizable; es decir, me hizo renunciar por completo a mi propia voluntad y seguir de buen grado la suya” y se casó con el Rey Enrique VIII el 12 de julio de 1543. Ya para entonces, Enrique había engordado terriblemente, el problema de sus úlceras varicosas lo postraban en cama con grandes dolores y si antes había sido cruel, su enfermedad lo hacía más iracundo y terrible. Para sus súbditos, era un alivio que la nueva reina tuviera una  disposición amable, tierna y amistosa.

Catalina tamibén tuvo el deseo de perfeccionarse, pues no había recibido la educación excepcional de una princesa y esto la hace un personaje admirable e interesante (para la autora y yo comparto su opinión). Ella comenzó a estudiar latín de mayor, y el principe Eduardo alababa mucho su esfuerzo. El llegó a quererla mucho y ver en ella a la madre que no tenía.

Se considera que ella es la responsable de que las relaciones entre Enrique y María e Isabel (sus hijas) fuera  más afectuosa. Después de años de ser consideradas bastardas, y de acercarlas y alejarlas de la corte según su estado de ánimo, tuvieron una cierta estabilidad pues Catalina Parr fue una madrastra muy cariñosa con los hijos de su esposo; los llamaba “nuestros hijos” en la correspondencia entre ella y el rey.

Catalina tomó como lema “ser útil en todo lo que hago”; y probó ser una madre preocupada de las necesidades  de sus hijastros, y ellos correspondian a ese afecto. Por ejemplo, Catalina escribió un libro Prayers and Meditations, e Isabel la tradujo a tres lenguas (francés, italiano y latín) y se las hizo imprimir y se las presentó como regalo en alguna festividad.

El rey Enrique murió el 28 de Enero de 1547, con lo que Catalina quedó viuda de nuevo.  Se casó el 7 de Abril de ese año  con Thomas Seymour. Su vida matrimonial estuvo envuelta en escándalos porque se dice que mientras vivió con ella la princesa Isabel, Thomas la trataba muy confianzudamente (sentándosela en las rodillas mientras ella aún no terminaba de vestirse, o entrando a su recámara mientras ella se vestía); así que Isabel fue retirada de la mansión de quien una vez fuera su madrastra. Catalina se  embarazó y dio a luz a una niña en Septiembre de 1548 y ella murió de las complicaciones de ese parto.

Pasó a la historia como una mujer prudente, buena, enfermera del rey, madre sustituta de sus hijos (ellos después la recordaban con cariño) y es la Reina de Inglaterra que más maridos ha tenido.

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60 comentarios

  1. Ale
    !pero cuánto trabajas para que nosotros sepamos un poco más!

    Me fascinan muchas etapas de la historia. Lo relacionado con Enrique VIII y sus mujeres, Los Borgía, la leyenda negra de Felipe II…, siempre parecen buscar lo más truculento, por eso me parece buena la propuesta de indagar en la vida de estas mujeres. Ya te hablé en otra ocasión de mi indagación personal a través de los retratos que de ellas se conservan y lo que nos dicen sus miradas….
    Vamos, que me encanta que nos cuentes y seguir aprendiendo!!
    Un abrazo 😉

  2. Madre mía!! vaya vida que llevó este hombre!! yo creo que debía de ser muy caprichoso para tener tantas mujeres y acabar tan mal…

    lo cierto es que es interesante la historia de este rey, lo que más me gusta es la parte de catalina y ana bolena..

    un beso ale!!

  3. Ale: acabo de llegar de trabajar y no tengo la cabeza (ni el cuerpo) para leer la entrada entera, así que la termino mañana por la mañana y te comento.
    Veo que este rey es de tus favoritos, porque otras reseñas también hablan de libros sobre él o sus esposas.
    Me imagino que será una de tus muchas lecciones de historia: menos mal que nos iluminas con estos libros del saber!! 😀
    Un beso muy grande.

  4. He reído el resumen de arriba y he de decir que el tema no me atrae. Me dá mucha pena lo que hizo aquel pobre rey, que no miraba más allá de su ombligo.
    Yo con esta entrada podría fabricar todas las entradas de un año (jajaja). Espero que a Soeur no se le ocurra nunca publicar algo así. Sino la despediré.
    En otro momento me pasaré para leer la clase de historia, que ya las echaba de menos.
    Saludos.

  5. Me encanta volver a los Tudor, de la mano de tus comentarios, me hace sonreir incluso leer este rosario de atrocidades del Rey Asesino.

    Por cierto ¿Por qué no se le conoce por este sobrenombre?

    Muy bueno lo de que le gustaban lobotomizadas.

    Yo, a la frase “llevaron sobre sus cabezas la corona de Inglaterra” le añadiría “hasta que perdieron la corona, e incluso sus cabezas”

    • Pues mira, “Loquemeahorro”: sería imposible “defender” a un Enrique VIII, es indefendible. Pero encuadrarlo, sine qua non, como un “Rey Asesino”, me parece fuera de escala y ponerlo en los cánones de nuestra época. Y que es muy distinta, por cierto. Si uno dice “asesino”, entonces ¿en qué o en dónde se queda la gran Isabel de Castilla, la Reina Católica? Fue a sus instancias en que dio lugar la Inquisición, con esos miles de muertos torturados y ejecutados por ser -claro- mujeres, en primer lugar: parteras, en probable segundo. Aparte de una directa expulsión de toda la gente judía, los más capaces de los administradores y comerciantes de entonces: ¿para qué? Todos ellos emigraron al norte de Italia, a Flandes, a Países Bajos, a la Alemania tolerante (Lutero fue antisemita). España no se sacó la Lotería con Colón y su “descubrimiento”: y esto puede verse en el lugar social y económico que, a cinco siglos después, se encontraba España con respecto al mundo. Y esa terrible Guerra Civil consecuente fue un estallido de todas las contradicciones cebadas en la dilapidación de riqueza que fue la que se dio en tales cinco siglos. Ahora, con su bestialidad y todo, comparemos: ¿en qué lugar dejó Enrique a Inglaterra? Me odiará Don Arturo Pérez-Reverte, pero soy un profundo admirador de su gran hija Isabel I Tudor. Gracias a ella el UK se volvió esa “Armada invencible” verdadera, y afianzó toda la separación Iglesia-Estado que dio lugar a la posterior rebelión de la República del 30 de Enero de 1649. Esta Revolución fue la que inspiró a los franceses de fines del 1700 para hacer la suya: sin contar que en Francia estuvieron los “Padres de la Patria” estadounidense para, antes de la francesa, hacer a la suya contra el Reino Unido en 1777. Veamos más: ¿asesino? Y ¿qué fue entonces Ricardo Corazón de León? La Reina Victoria fue la más grande narcotraficante de su tiempo. Ahora, a fines de cerrar esta reflexión, decir que “llevaron las coronas en sus cabezas…mientras no se las cortaran” es excesivo. Enrique la ejecutó a Ana Bolena -no lo justifico- por haber fallado en dar un Hijo Varón (no había Ley Sálica, y Enrique, tendía a pensar que improvisaría al respecto). Fue estalinista la ejecución del núcleo Boleyn-Howard alrededor de ella: pero fue Cuestión de Estado, en relación a administradores y Poder. Recordemos a Thomas Cromwell, tatarabuelo de Oliver: más que Enrique, lo que le cortó la cabeza fue el cierre del núcleo aristócrata a su alrededor el que se lo sacó de encima (y antes lo odiaban al Cardenal Wollsey). A Catherine Howard la ejecutó porque lo cagó con un paje de confianza (Cullpeper): o sea, no hay una entera Responsabilidad “culpable”, en torno a tales terribles decisiones soberanas de vida y muerte. Isabel I debió matar a su prima Mary Stuart no sólo por escocesa codiciante de aquel trono inglés: representaba la reacción clerical a la que, Isabel, se limitó a combatir para reforzar el Lugar del Estado en U.K. No quería abundar, pero… Saludos.

      • Pues no estoy de acuerdo, que haya habido muchos más reyes (la mayoría, si me apuras) que fueran injustos, crueles, genocidas, esclavistas y todo lo habido y por haber, no significa que no él no fuera asesino, ni él, ni muchos más.

        Eso sí, reconozco que el epíteto casi sería superfluo si tuviéramos que ponerle a cada rey “asesino” al lado. Aunque mira, para que quede más claro

        Enrique VII El Asesino de Esposas
        Los Reyes Católicos (ambos dos) Los Genocidas

        Y si quieres seguimos

        Ricardo Corazón de León el Asesino racista
        Felipe II el Asesino y torturador y ….

      • Mariano:
        en tu primera oración sostienes que no es posible defender lo indefendible. Dejémoslo así.

        Los demás que mencionas, son tan asesinos como él. Hay un santo, Tomás Moro, reconocido como tal por la Iglesia Católica y la Anglicana, y lo es porque se opuso a ese rey, y le decía que lo que estaba haciendo era incorrecto.

        Loque:
        ¡que gracia tienes! 😀 muy buenos apodos sin duda…

  6. Interesante tu entrada, como siempre. A mí, por formación y afición me encantan los libros de historia y la inglesa es realmente fascinante. El papel que jugaron las reinas en la historia, alianzas, etc. también.
    ¿Sabías que Isabel la Católica, además de gran estadísta era una mujer muy, muy celosa y su marido una especie de “Bill Clinton” de la Edad Moderna?

    • Maribel:
      Esos retratos y sus miradas deben ser maravillosos…estudiarlos en vivo…yo a falta de poder hacerlo, mientas voy leyendo 😉

      Ismael:

      ¿quien no hubiera sido tan caprichoso de no haber sido criado sin jamás recibir objeciones? no era un rey con poder absoluto, pero se fue asegurando de quitar del camino a quien le pusiera objecciones. El poder absoluto, corrompe absolutamente…no recuerdo quien decía esto, pero es verdad.

      Isi:
      y me imagino que más sueño te dió cuando viste la extensión de esto 😀 jijiji

      Hilario:
      😀 lo sé, lo sé…esta vez me he excedido. Pero la clase de historia está interesante ¿verdad chicas? 😉 jajaja. Yo creí que te iba a dar el patatús y así sin más, ni comentarías siquiera 😉

      Loque:
      buenísima la frase ¿cómo no se me ocurrió? ¿a tí se te habría ocurrido ponerle sobrenombres siendo tan malgeniudo???? yo creo que por eso no le decían “el asesino” jajaja

      Lammermoor:
      Si, conocía esa faceta de Isabel. Hay una trilogía que leí en mis juventudes y que tengo planeado releer este año sobre la historia de Isabel y Fernando. Ya las verán por aquí reseñadas (si es que lo llevo a cabo, eso de releerla).

      Isi:
      ¡Bravo! lo lograste 😉 la próxima pronto 😀

      Un abrazo para cada uno,
      Ale.

  7. Muy completa clase de historia, que poderio, en fin esta claro que te gusta este periodo, este rey en concreto y sus esposas porque ya has reseñado otros libros, pero que trabajazo te tomas, no me extraña que tengas muchos libros por reseñar, si es que con tanto despliegue de medios como te va a dar tiempo a todo.
    Besotes es un placer leerte

    • Carmina:
      este periodo me gusta si ¡quiero ir a Londres y encontrame con la ciudad de Don Henry! 😉 y viajar a donde vivió con sus mujeres, y a dónde mataron a unas y se dice que se aparecen los fantasmas de otras; recibirte aquí en un placer para mí y que me leas más (porque hoy fue toda una proeza ehhh).
      Un beso,
      Ale

  8. Wowwwwwwww, Ale, gran reseña, ¡tengo que leer el libro!
    Cuando fui a Inglaterra me dijeron que el fantasma de Ana Bolena vaga por la Torre de Londres, pero yo no vi nada 😦 (quizá porque soy una incrédula) je je
    Voy a poner esta reseña en mis favoritos para refrescar la memoria de vez en cuando, muchas gracias por escribirla.
    ¡Abrazos!

    • Andrómeda:
      😀 ya me contarás que te parece…yo no he ido a Inglaterra, pero también he escuchado que el fantasma de Ana es UNO de los muchos que andan por ahí. Espero no encontrármela tampoco (también incrédula….pero miedosa ¡ja!)
      Un abrazo,
      Ale.

  9. Pues precisamente yo sigo una serie por televisión, Los Tudor que cuenta la vida de Enrique VIII. No voy a entrar en la calidad de la serie – que para mí deja que desear – pero sí diré que se centra bastante en este aspecto de su vida. El último capítulo que vi estaba ya tonteando con Catalina Howard.

    No soy mucho de este tipo de libros – los históricos sí, pero tanta biografía me agobia -, pero sí me lo apunto de todas formas porque tengo en casa a una persona a la que le chiflan este tipo de lecturas.

    Besos.

    • María:
      he visto la serie, pero no la sigo (veo muy poca televisión). Pero ¡que guapo pintan a Enrique! ¿veradad? porque para cuando tonteaba con la Howard ya era bastante obeso, calvo y feíto…esa lesión en su pierna no lo dejaba ejercitarse como antaño…en la serie creo sigue muy guapo aún…
      Un beso,
      Ale.

    • María: comparto contigo lo de la mala calidad de esta serie de Los Tudor, no tanto en relación a la puesta en escena (que es muy buena) sino en las exageradas libertades que se toman para hacer encajar momentos claves de los detalles que son del dominio histórico. A ustedes de seguro les llegan primero las nuevas temporadas: el atraso en donde vivo se compensa por mi proveedor de DVD que me las baja del sistema -así, he pecado y confieso-. Ya de entrada en la última temporada, es decir la Cuarta, quedé confundido con el rol del tío de esta 5° esposa de Enrique VIII, Katherine Howard. Sería el Duque de Norfolk, si mi confusión lo permite: salvo que aquí lo empiezan a llamar “Earl of Surrey”. Si mi inglés es decente, sería “Barón” su traducción: Duke es Duque y Count es Conde, no? Pero si este tío era el mismo de Ana Bolena -prima de Katherine-, en las primeras temporadas lo encarnaba Henry Czerny: y aquí, en la cuarta, es el irlandés David O’Hara. Si ustedes sienten que están como perro en cancha de bochas, las acompaño en el sentimiento. Ya a Alejandra, le había adelantado que hubo gruesos errores de imputación con la historia graciosamente narrada por Antonia Frasier: esa espantosa represión contra civiles de Escocia y norte de Inglaterra constituidos en lo que fue el “Peregrinaje de Gracia”, se la encajan al pobre Duque de Suffolk, Charles Brandon. Y en realidad, si entendí bien, el responsable de perfidias y matanzas (se ejecutó a niños) fue ese anterior Norfolk. Al hijo bastardo que Enrique VIII obtuvo de Bessie Blount, Henry Fitzroy, si no me equivoco lo “matan” en la primera temporada: cuando el joven murió para cuando se la ejecutó cruelmente a Ana Bolena, en realidad. Pues bien, ahora en la última/4° temporada, han encajado una aparición de Dereham para acelerar la conveniente caída de Katherine. No fue el Obispo Gardiner quien movilizó influencias para una inculpación por adulterio de Katherine con Dereham y Thomas Culpepper: fue otro conveniente “Traidor” a la Causa de Ana Bolena, el arzobispo Cranmer. También ahorran mostrar que, Culppeper, fue atrozmente torturado: como involucran a sólo cuatro víctimas en ese Auto de Traición al Tirano Enrique VIII, cuando casi toda la familia Howard atestó la Torre de Londres en el proceso de liquidación de ese quinto matrimonio del rey. El orden de ejecución de la última víctima, Lady Rochford, sale inverso en la serie: cuando a la reina la ejecutaron primero. Y aparte de que la hacen pronunciar una frase que Miss Frasier subraya ostensiblemente apócrifa (“Prefiero morir como mujer de Culpepper que como Reina de Inglaterra”). Ya, a la sexta y última esposa de Enrique, Catherine Parr, la exhiben como la amante de Thomas Seymour: cuñado del rey, e influyente en tal corte (su hermano suplió no oficialmente al puesto que ya habían ocupado el Cardenal Wolsey y Thomas Cromwell). Así que retornaré a la lectura de Antonia, para despejar toda esa serie de inexactitudes. Saludos a todos.

  10. Pues sí, aún sigue guapo – es el del anuncio de una colonia, creo que la de Hugo Boss -. Es interesante la vida de este hombre, que hizo de su capa un sayo y se dijo, “pues como soy el rey a hacer exactamente lo que yo diga”, he hizo hasta su propia iglesia para nadie le pudiera rechistar… pobrecitas mías estas mujeres, no me hubiera gustado estar en el pellejo de ninguna de ellas.

    Besos!!

    • Eva:
      muy buena recomendación 😉 ¡gracias! un beso,

      María:
      😉 es que fue un rey-dictador tal cual…un beso,

      Ana:
      no te preocupes, que el post aquí se queda para cuando desees leerlo. Esto es lo bueno (o malo) que tienen los blogs 😀 Un beso guapa,

      Ale.

  11. Y yo pensaba que conocía a estas mujeres!! Desde luego, un trabajo esplendido. Una entrada fantastica!!! Anoto el libro de inmediato, porque me llama mucho la atención la vida de este hombre.
    He leido por los comentarios que hay una serie…”los tudor” , es de la BBC??

    Un abrazo y que tengas un buen día!!!
    (Ah! También estuve en la Torre de Londres y no vi el fantasma de Ana Bolena, jaja, pero me “cagaría de miedo” si lo viera)

  12. alguien me podria decir como conseguir el libro de enrique viii el rey y su corte?soy de gijony no lo consigo ni en la casa del libro.gracias

    • Loque:
      yo me acuerdo de todos los BIB’s cada que veo un capítulo. Ya nos veo con esos vestidos hampones y cotilleando en el palacio, prestándonos libros y escondiéndolos debajo de las enaguas.
      ¡muy buen link!
      un beso,
      Ale

  13. gracias por ayudarme,si lo intente pero no encuentro nada o es que soy muy torpe buscando ja,ja,ja.si alguien me lo encuentra que me lo diga porfa,me han comentado que es muy bueno.chaoooo¡¡¡¡

  14. gracias.no lo encuentro ahi.veras:meto en busqueda avanzada todos los datos y me sale como resultado de busqueda 0.el libro es:ENRIQUE VIII,EL REY Y SU CORTE ES DE ALISON WEIR ARIEL 2004 (ARIEL CAMPAÑA 60 AÑOS 2004)esto es todo lo que se de el.pensareis que torpe es esta chica pero lo de la informatica e internet es nuevo para mi y no me defiendo bien aun.

  15. no me defiendo muy bien con el ingles.sabes hoy me voy a ir a una libreria de aqui en gijon que se llama VETUSTA y me han comentado que consiguen libros antiguos,descatalogados etc…voy a probar suerte.tengo varios libros que no encuentro.conoces :LA DAMA DE LA TORRE Y LAS HERMANAS HECHIZADAS DE JEAN PLAIDY.

  16. Excelentes tus comentarios. Es como dar un bocado de prueba antes de saborear el manjar. Desde adolescente que me obsesionaba (gracias a la música de Rick Wakeman) las seis historias de mujeres alrededor de un cruel barbazul de mala sangre -los Tudor tenían raíces Plantagenet, una familia malparida desde todo punto de vista-. Justo conseguí el libro de Antonio Frasier antes de que en People & Arts pasaran la larga miniserie (ya van cuatro temporadas) acerca de Enrique VIII y sus pobres seis esposas. Me sirvió para investigar más sobre era apasionante, y descubrir “tonterías” como el grado de parentesco de Enrique con Carlos V de España -o sea, su tío político-. También, que el Carnicero enviado por Henry a reprimir el Peregrinaje de Gracia con una perfidia siciliana en su estilo, no fue Charles Brandon (Conde de Suffolk) sino un Norfolk. Como asimismo, que la serie tiene discotinuidades a nivel temporal y pone en escena a vagos rumores de época. Como por ejemplo: la edad de la muerte del hijo que tuvo al embarazar a Elizabeth Blount (Henry Fitzroy), quien murió un mes antes de la cruel ejecución de Ana Bolena; o el rumor de que Enrique tuvo sexo posmatrimonial con Anna de Clèves. En fin: que el libro de Antonia Frasier, es un placer enormemente llevadero e invita a la reflexión sobre el destino de mujeres y hombres en situaciones históricas de poder.

  17. A “Loque meahorro”: Estoy parcialmente de acuerdo contigo. Pero noto que te falta algo de perspicacia, ya que continúas pensando en términos como los de mi hija: “Papá, ¿el presidente es ‘bueno’?”. Por decirlo suavemente, son términos infantiles, digamos. Perfectas “buenas personas” u hombres en general admirables por el fabuloso legado histórico de su personalidad imbricada con su obra histórica (un Julio César; un Augusto), ¿entonces serían “malos” por haber mandado a asesinar a enemigos que contra ellos no habrían titubeado en asesinarlos recíprocamente? Veamos cómo Shakespeare trató a ese villano fabuloso, Ricardo III: ya que lo fue en toda la línea. Sin embargo, se trata de Entender, y Pensando: ya que hablamos de un nivel de “juego” superior. Todos los grandes revolucionarios, se jugaron su cabeza a suerte y verdad en el cometimiento de sus actos: si no hubiesen fusilado a sus enemigos, no se trataba de un poco de “leve pérdida de poder”. En un balance de esas características, perder implica de forma directa perder la vida y hacer perder la de muchos más consigo. Podría llevar esta discusión más lejos incluso sacándola de tal tema escabroso: asesinar para sobrevivir (e incluso, asesinar porque el juego de oportunidades de Poder invoca a tomar a aquel atajo directo a asumir posiciones escaladas que a uno lo lleven al Poder). En este caso te citaría, por ejemplo, a la hipótesis de si “¿era malo?” Fernando el Católico: frente a su consuegro Enrique VII; por endurecer sus posiciones respecto a ese espinoso tema de la dote de su hija Catalina de Aragón una vez que se convirtió en viuda adolescente. Si te interiorizaste del tema y que Alejandro amable y apasionadamente nos comentó a todos, el matrimonio de ella con Arturo quedó en el aire cuando a éste se lo llevó una peste común de época: y eso abrió el camino a Enrique VIII. Dicho así, parece sencillísimo: pero es exactamente lo contrario. Se trataba de durísimas posiciones de poder y negocios, y así de negocios y poder y viceversa: estamos hablando de reyes que si se debilitaban y perdían, entraban en el rango de víctimas posibles de las intrigas de los otros poderosos lobos que los rodeaban. El Poder implica, en su juego, el tema “Oportunidad”. Así que me detengo acá dejándolo para tu reflexión. Cierro con un caso concreto (ya que de las esposas de Enrique hablábamos): ¿estaba plenamente consciente, Katherine Howard, de las vidas que costaría su jueguito sexual personal con Thomas Cullpeper? ¿Y el modo en que fueron arrebatadas? Este no es un tema para nada “inocente”: ni para comentar superficialmente mientras se zampa un bocadillo para luego pasar a otra cosa.

    • Mariano:
      no va dirigido a mi, pero al ser mi blog, por ello te respondo. Y va desde el respeto que me mereces.

      Loque opina que por su conducta Enrique VIII es un rey asesino. Es eso: su opinión y tiene derecho a ella. Pareciera que te molesta que disienta de tu punto de vista. Incluso dices suavemente -usando tu palabra- que opina en términos infantiles.

      Por tu parte, tu opinas que hay personajes históricos que dejan un legado admirable, a pesar de la crueldad con que puedan haber actuado. Y lo justificas porque evitaron perder poder, afianzaron sus reinados, etc.

      Yo opino (y me expongo a que ahora la tomes conmigo) que sin importar el “nivel” de poder que una persona tenga, mandar matar a alguien es un asesinato y que nada justifica tomar la vida de otro. Quienes tienen poder obligadamente debían velar por aquellos bajo su cargo. No están jugando ajedrez, monopoly ni ningún juego de estrategia. Estaban matando personas VALIOSAS por el simple hecho de ser un ser humano.

      Tu tienes tu opinión, loque la suya y yo la mía. Cada uno podemos exponer por qué pensamos así. Pero sin ofendernos, sin sarcasmos, sin demeritar la opinión del otro.

      Siempre que lo hagas así, serás bienvenido.

  18. Bibliobulímica: gracias por tu comentario. Aunque te parezca increíble, sostengo esa contradicción hegeliana con todas las comas en mi posterior contestación a “Loquemeahorro”. Así, que no voy a repetirme: se trata de simple dialéctica de Poder y no puede defenderse desde nuestro Nivel (¿más bajo; más alto?) de humanismo optimista. Comparto contigo lo de Tomás Moro: y no por la hipócrita Iglesia, que lo canonizó de manera política contra la corte Tudor. Para mí, fue un crimen terrible: y se rumorea que Enrique VIII, sintió remordimientos por haber dejado que se cometa. Mucho más aún, en cuanto T. Moro fue su mentor, quien lo preparó ideológica y políticamente. Fue un tipo de tragedia como la que narraron Mario Puzo y F. Coppola en las “El Padrino”: fue como matar a un íntimo amigo. Y hago esta contestación a mi ocasión de deslizar una Fe de Erratas: María Estuardo no fue “prima” de Isabel I Tudor. Era sobrina, más bien: ya que fue hija de Jacobo V de Escocia, hijo del IV, casado con su tía Margaret Tudor. Y para cerrar: aprovecho al “Padrino” para contestarle por elevación a Loquemeahorro. En la Primera Parte, Michael Corleone regresa de Sicilia, para buscar como Mujer a su noviecita Kate. Ella se asombra para el momento en que él le dice “Vine a hacerme cargo de todos los asuntos de mi padre”. “¿Asesinatos?”, le inquiere ella. Así Michael le explica, paternalmente: “Mi padre, es un poderoso hombre de negocios, con aliados, y enemigos. Tal como lo es un Presidente, o un Senador”. Ella sonríe: “No seas ingenuo. ¿Acaso un Presidente o un Senador mandan matar personas, Michael?”. Y él responde: “¿Quién de los dos es el ingenuo?”.

    • Mariano:
      espero que un día los presidentes no maten a nadie. Como acaba de decir un canta-autor popular de mi tierra: que el año que viene más que celebrar un bicentenario podamos celebrar un primer aniversario de la evolución. Como un ejemplo clarísimo de lo que se puede hacer para detener la violencia está la presidencia de Mandela en sudáfrica.

  19. Alejandro: te retransmito esta información sobre las Reinas de España a lo largo de la Historia. Saludos. Ahí va:
    “Novedades
    Reinas de España. Las Austrias
    Siglos XV-XVII. De Isabel la Católica a Mariana de Neoburgo
    María José Rubio.
    Precio:
    26,50 €
    Páginas:
    510
    ISBN:
    9788497349871
    EAN:
    9788497349871
    Fecha:
    07/9/2010
    Colección: Historia. Reinar nunca ha sido tarea fácil. Durante siglos, ser reina de España era uno de los más altos honores que una mujer podía llegar a alcanzar; pese a ello las vidas de estas soberanas nunca fueron un camino de rosas. Vidas de amargura, infelicidad, sacrificio y privación, siempre condicionadas al servicio del país.

    María José Rubio —tras una ardua labor de investigación y recopilación de documentos— arroja luz sobre todas las soberanas y princesas de la dinastía de los Austrias, como ya hizo con las reinas de la dinastía Borbón en Reinas de España. Siglos XVIII-XXI. De María Luisa Gabriela de Saboya a Letizia Ortiz.

    Esta obra es un retrato completo de las mujeres de la dinastía que reinaron entre los siglos xv y xvii, desde la antecesora, Isabel la Católica. Reinas que enloquecieron por amor, como Juana I, la Loca; damas que, tras su prematura muerte, nunca fueron sustituidas en el corazón de su rey, como Isabel de Portugal, la esposa del emperador Carlos V; consortes que compartieron el amor del mismo soberano, como las cuatro esposas de Felipe II; madres que tuvieron que ejercer la regencia durante la minoría de edad de su hijo, como Mariana de Austria; o reinas que no pudieron dar un sucesor a la corona como María Luisa de Orleáns y Mariana de Neoburgo, primera y segunda esposa de Carlos II, y últimas representantes de la dinastía en España.

  20. Alejandro, y todos los que tuvieron la amabilidad de ponerse a leer y pensar lo que escribí: pido reiteradas disculpas si lo que dije se prestó a entenderse como sarcasmo. Lo siento mucho. De algún modo, sabía que me metía en un tema muy espinoso: pues toca a las contradicciones de los límites del Humanismo en -valga la redundancia- situaciones límites. Entonces insisto, por si se entendió o me expresé mal: no justifico en absoluto que en nombre de ese Estado al que representaban todos los que nombré históricamente, se los asesine a los disidentes, o quizá quienes intentaron ser sus oponentes. Sólo me tomé el trabajo de pensar cómo fue que ellos pensaron para hacer lo que hicieron. Me sostengo en el punto en donde subrayé los desniveles históricos: hoy no es como ayer; y bienvenido sea. En un mundo perfecto, en una auténtica evolución (que no re-evolución), no sería necesario cometer esas bajezas y hasta trágicas estratagemas. Pero no estamos, nunca hemos estado en tal Mundo. Aclaro que no lo suscribo al Pesimismo apocalíptico -o sea, cómplice- que al fin se entumece pensando que “todo siempre” ha estado mal, y por ende, “siempre” lo estará. Pensar es molesto, claro está: porque nos alumbra zonas decididamente oscuras. Pensemos en Mandela, ya que fue nombrado: él fue obligado a ser para el racista Estado sudafricano, un “terrorista subversivo” pues desde afuera del margen del Poder, sólo una lucha cruenta le quedaba como modo o método para enfrentar a tal Poder con un proyecto alterno. Recuerdo también a Michael Collins, ese prócer de la independencia irlandesa ¡en pleno siglo XX! (y no soy un amante de las perfidias políticas de la Rubia Albión). Y su frase: “Los odio, porque me OBLIGAN a odiarlos”. El debió mandar a asesinar no a propios -las revoluciones en pos de la independencia se encargan luego de que sus propios hijos se devoren entre sí-: si no a blancos enemigos prefijados que no hubieran dudado en hacerlos ejecutar por la contraria. En ese punto no hay justificación posible de nada: y la tragedia viene a por sus fueros, porque el Humanismo retrocede en nombre de la Necesidad. Pensemos: imaginémosnos como irakíes, en un país cruel y perversamente invadido por una potencia que es la más abyecta de las superpotencias militares existentes. ¿Dudarían en hacer volar a un humvee de asesinos, vulgares violadores enancados hipócritamente en ese estúpido signo de la banderita de barras y estrellas? En Vietnam, pregunto, ¿de qué lado del Vietcong se hubieran puesto? Y un General, Westmoreland, muy suelto de cuerpo le soltó a alguien, que ellos estaban allí para “sacar al Americano que llevan dentro estos chinitos” (traducción mía del despectivo “gook”). Pongo en consideración estos temas porque sé que son difíciles y no llevan una respuesta implícita, sino el peligro de su borde: de allí que quizás soné sarcástico en algún momento, y desde el punto de vista alterno. Creo que el humanismo tiene fisuras, y son las faltas de respuestas a situaciones límites, como todas estas que hemos tratado hasta ahora. Saludos para todos.

    • Mariano:
      soy Alejandra 😀

      te diré una cosa sobre Michael Collins…sin importar lo que suceda a mi alrededor, yo elijo como lo enfrento. Es decir, si me quedo con odio, o si decido pasar de él. Nadie me obliga a sentir nada (ni enojo, ni alegría, ni enfado, etc). Yo elijo.

      El humanismo retrocede en nombre de la necesidad, cuando los hombres son cobardes y no luchan por defenderlo. Cuando lo hacen, muestran las mejores cualidades que tenemos los seres humanos: la solidaridad, la congruencia, el honor, la fe.

      En los casos que mencionas, habría estado del lado de la paz. Gandhi decía “el ojo por ojo nos va a dejar a todos ciegos”.

      Saludos,
      Ale.

  21. Alejandra: perdón por haber confundido los géneros. Se ve que leí mal a los mensajes que citaban nombres. Tu último aporte me dejó pensando. Por un lado, lo iba a dejar ahí: ya que es tu punto de vista y lo respeto. Por el otro, la cabeza me empezó a funcionar aceleradamente. Así que, como dice un connacional, “discrepo, discrepo desesperadamente”. Y te te digo por qué. Sin pretender tirar por elevación, los cierres de ciertas ideas o frases me disparan todas las alarmas: me hacen preguntar desde qué edad o situación social se dicen tan espontáneamente. No se puede quedar bien con Dios y con el Diablo: idealmente, quién no quiere la paz y que todo ande en rollito de buena onda y yupi-yupi. Sería “un mundo perfecto”, no? Pero no funciona así: y es mentirse una y mil veces a sí mismo cerrar cayendo en lugares comunes dados por frases hechas. Son naturalizaciones. Las naturalizaciones son pura antihistoria: y las esgrimen las almas bellas para la mayor gloria de su autoindulgencia. Entonces, los “malos” al fin “son” Malos -porque sí-; los “buenos” son una categoría, una entelequia que cifra su esencia sin mácula. Es, de algún modo, el Mundo Disney. Entonces: centrándonos en el tema que originó todos estos intercambios, Enrique se redondea; es “Rey Asesino”. Alucinante: ya está. Esa configuración del contexto se va al Diablo en un santiamén; yupi-yupi, ahora pasemos a hablar de estas guarrillas de Gran Hermano, las que se las traen, no? Qué sentenciosidad. No las tomo con tu persona en particular; perdón que insista. Pero que me tires con un Gandhi de taco de almanaque me late que podría ser también citada una Teresa de Calcuta. Gandhi es una de las peores naturalizaciones burguesas del lugar común: creación hecha para que NO se discuta a Gandhi; como si un “Gandhi” fuera una configuración platónica cerrada, y bajada desde el “cielo” para autoabsolver nuestra digestiva tranquilidad. Me pregunto si así crees, con esa “magia”, que la India se liberó del yugo británico. Si sabías que en ese tono antiinglés Gandhi adscribió a personajes como Benito Mussolini. O que había una pujante burguesía india: a la que Gandhi, le venía en bandeja para sacarse de encima los costes de ser colonia dependiente de un Imperio. La vida no es tan romántica: es que incluye, “out of the blue”, a este carácter junto a otros; más profanos y prosaicos. Y la vida es la Historia, por más que nos pese. Espero que no te hayas ofendido que te discuta: el acto bello de promover libros, como lo haces, implica discutir a todo y a todos, pues promueve el pensamiento. Saludos.

    • Mariano:
      😀 pues soy de rollito buena onda y yupi-yupi ¿qué te puedo decir?

      El ser humano puede elegir lo que quiere ser: inclinarse hacia el bien o el mal. Nadie nace predestinado a ser un asesino o un santo. Gandhi -que era muy irascible- intentó dominarse. El provenía de la cultura hindú, y los sutras de Patanjali hablan de los cinco yamas (o códigos de conducta que tienen que ver con la relación que tenemos con el mundo externo, y los demás) y se considera que restringen y auto-regulan la voluntad (palabra clave). Estos son: ahimsa (la no violencia), satya (la verdad), asteya (abstenerse de tomar lo que no es tuyo), bramacharya (conciencia de una realidad más elevada, continencia, práctica de permanecer en la presencia de Dios) y aparigraha (el desapego a las cosas, impresiones de los sentidos, evitar la autoindulgencia). El intentó vivir con estos códigos de conducta y por ello logró primero, ser pacífico con él mismo para después buscar la independencia sin responder a la violencia.

      ¿Que en algún momento veía con buenos ojos a Benito Mussolini? ¿qué parte de su humanidad lo volvía inmune a equivocarse o a poner sus esperanzas en tiranos?

      La voluntad del ser humano puede llevarlo a elegir lo mejor, para sí mismo y los demás. A querer accionar (previa reflexión) y no reaccionar (así casi por instinto) ante lo que sucede.

      Por supuesto, discrepa, discrepa desesperadamente todo lo que desees.

      Saludos,
      Ale.

  22. Alejandra: desde el punto masculino, sólo puedo suscribir mi envidia por la “pinta” del actor Rhys-Meyers. Y eso entra en desmedro del “problema visual” de la veracidad histórica. En donde vivo, recuerdo que una revista de cine (“El Amante”), tuvo una polémica interna con lectores-espectadores de un film, “Rob Roy”. En él actuaban Jessica Lange; el actor que encarna a Qui Gon-Jinn (irlandés), y el excelente que da una piel al personaje de la serie “Lie to me” -pido disculpas por mi momentáneo brote de Alzheimer y que me borró datos de mi disco rígido cinéfilo-. La discusión venía por argumentos que atacaban la belleza de comercial de la Lange: se centraba al mando del argumento de que quizás los nobles ingleses con peluca, por ser de cuna “más alta” quizá tuvieran un aire de tono menos fauno que el populacho escocés. Y los rebatían defensores del “make believe” cinematográfico: entonces, al personaje de la Lange deberían dejarlo sin dientes, picado de viruelas el rostro y envejecido por la época (las durezas de un clima escocés, las privaciones sociales -enfermedades, la mala alimentación, poca higiene, promiscuidad-, etc.). Esto me lleva de vuelta a Enrique VIII: el actor es demasiado guapo para el verdadero monstruo obeso y enfermo de varicosis entre esos 45 y 55 años finales de su vida. Antonia Frasier remarca cómo evolucionó físicamente a tal monstruosidad comparando a dos de sus armaduras: la del recién casado, con la Reina Catalina de Aragón (un gigante pelirrojo de metro ochenta y cinco con contextura atlética e inquieto como una liebre). Y la del viudo por partida doble y asesino de su amante-esposa Ana Bolena listo a desposar a Katherine Howard (una bola de manteca al mando de una cintura de metro y medio, y un pecho fuera de escala). Las pinturas de Holbein tampoco lo favorecen: y esto me recuerda la franca veracidad de Goya, para retratar a una corte española de tiempos napoleónicos con aires de un Gran Guiñol o “Freakshow”. Admito que me “da cosa” esa excesiva belleza para encarnar a los roles históricos: caso concreto, el de Katherine Howard (parece una Barbie poco recomendable para niños). La actriz irlandesa empleada para encarnar a la gran Catalina de Aragón, es inadecuada desde todo punto de vista: Catalina era bajita y algo regordeta; pero exudaba esa gran dignidad de su madre, aparte de que inconfundiblemente poseía sus facciones. Nathalie Dormer, en el papel de la pobre Ana Bolena, se me antoja demasiado bonita para encarnar la vivaz, inteligente y decidida “puta de ojos saltones” (tal como la menospreciaron sus enemigos) que cautivó a Enrique hasta el grado de enfrentar al mismo Vaticano y su excomunión. Un detalle algo demasiado resaltado, es el Sexo: soy de todo, a excepción de puritano; pero ciertas escenas me recuerdan mi rechazo estético a la serie “Spartacus, blood+sand”. Parece, allí, que se pautaran al menos tres escenas “eróticas” dadas por capítulo: con modelos de Playboy, ambientaciones de tipo kitsch en música y fotografía, incluso ralentamiento, etc. En el caso de “Los Tudor”, la “franqueza” me parece amañada para retratar al tema “Amantes del Rey” o parejas alternas que no guardaban fidelidad marital (el caso de Lady Stanhope). ¿Que se practicaba en el siglo XVI europeo a la fellatio tal como hoy en día? Mi instinto me lo hace dudar. Esa, en suma, serían mis críticas a la mostración estética de la miniserie de “Los Tudor”.

  23. q lastima, todas bn lindas para q el rey tirano acabara con ellas. Para enrique ana de cleves era fea, pero la fealdad de ana no se comparaba con la de henry. las q mas me agradan eran catalina howard y ana bolena.
    anda viendo que de las 6 esposas las unicas que estaban bn educadas eran las dos anas, catalina parr y aragon…jane seymour y catalina howard apenas estaban alfabetizadas. jane seymour fue una ramera hipocrita

  24. Vivo fuera de España,por mi trabajo,ya que soy ilustradora…y una Gran apasionada de la literatura,y en especial,de los libros de história.Hace nada he estado buscando un titulo acerca de la vida de las esposas de HenryVIII,..y hoy,me he encontrado con tu blog!!!.Magnifica sugerencia!!!.Al volver a España,buscare el libro,en alguna libreria!!!.Gracias.

  25. Bonjour,Bibliobulimica!!!!;
    Enchantée..por la bienvenu!!;Hay un usuario en Youtube,del cual,seguro que te encantaria su canal!!!!.Se llama “Tudoryborgias”;Lo encontré por casualidad,como tu blog tb.,buscando un documental de la BBC,de hace unos años,histórico,y se ha encargado de subir todas las series,(incluída,”Los Tudor”,x supuesto!!!!…),películas de diversas epocas,mini-séries,documentales,etc.Acerca de éstas dos familias historias,y personajes que en segundo,o incluso,en tercer orden,estuvieron directa,o indirectamente relacionados con ellos.Es una pasada!!!!.Cuando te quieras o puedas dar una vuelta del you,miratelo…y que se lo mire tb. a quién le interese,xq es verdaderamente admirable,Belle!!!!.

    Au Bientòt!!!!

    XX

  26. Especialmente lo encuentro fascinante amo estas clases de historia de nuestros antepasados recientemente pude ver las serie tumor la vida de Enrique VIII y me gusto mucho sí me pudieran otras series parecidas de otros reyes o reynas lo agradecería mil gracias por sus reseñas históricas

    • Está la serie Isabel de la rtv.es sobre Isabel y Fernando los reyes católicos.
      Está la de los Borgia.
      Está la de la Reina Blanca.

      Esas son las que recuerdo en este momento. Ojalá las encuentres en tu país 😉
      Saludos,
      Ale.

  27. ¡Hola! Buscando este libro, me topé con tu entrada, que agradezco mucho.
    Quisiera preguntarte, ¿lo leíste en español? Hasta ahora, solo he encontrado el original en inglés. Me gustaría estar segura si no existe otra versión en nuestro idioma, antes de comprar otro.
    ¡Muchas gracias!

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