¡Feliz 2010!

El día de hoy quiero desearles a todos un extraordinario 2010. Este es un pequeño cuento, escrito por Max Lucado, que a mi me encanta. Se llama “Tu eres especial”.  Dios ha pensado en cada uno de nosotros, dándonos diferentes habilidades, capacidades, defectos también (¿cómo si no, tendría sal la vida?) para que hagamos entre todos un mundo mejor. Sería muy aburrido si todos fuéramos iguales ¿no es así?

Mi propósito de año nuevo: guardar mis cajas de calcomanías. Si alguien me ve usándolas, denme un coscorrón. Ayudarán a la salvación de mi alma jijiji 😉

Por cierto, aviso que me tomaré unos días de descansito. ¡Nos leemos el año que viene! 😉


Había una vez un carpintero llamado Eli. El vivía en la cima de una montaña. Y debajo de la montaña, en una ciudad vivían los wemmiks, marionetas de madera que él había construido.

Todas y cada una de las marionetas eran diferentes. Había altos, y chaparros; había con sombrero, con cachucha, con pelo y sin pelo.

Y todos los días, hacían lo mismo: tenían dos cajas: una con calcomanías de estrellas doradas, y otra con calcomanías de círculos grises e iban todo el día por las calles del pueblo pegándose unos a otros las calcomanías. Las estrellas las pegaban cuando consideraban que el otro tenía algo valioso, y los círculos cuando consideraban que tenía un defecto.

Había unos que tenían su madera brillante, sin un raspón y los demás le pegaban estrellas doradas por este motivo. Había otros cuya madera o pintura estaba maltratada y recibían círculos grises. Había algunos wemiks que tenían un talento especial: corrían muy rápido, cantaban bonito, saltaban alto, y siempre tenían estrellas doradas.

Y había otros como Punchinello, que era torpe, y estaban llenos de círculos. Punchinello no recordaba por que le habían pegado el primer círculo. Pero ya no quería salir de su casa porque se avergonzaba de tener tantos círculos.

Un día conoció a Lucía. Ella era única en el pueblo que no tenía ni una calcomanía. No era porque los demás no trataran de pegárselas. Simplemente, no pegaban. Había quien la admiraba por no tener círculos y corrían a ponerle una estrella, pero se caía. Y había quien la veía mal porque no tenía ninguna estrella, y quería ponerle un círculo pero tampoco permanecía pegado. Punchinello la vio y pensó “Yo quiero ser como ella, no quiero las marcas de nadie sobre mí”

Fue con Lucía y le pregunto:

-“Oye, ¿cómo le haces?”

–      OH, yo todos los días voy a ver a Eli.

¿Y qué haces allá?

¿Por qué no vas tu mismo y lo averiguas?

Y Lucía se dio media vuelta y se fue. Punchinello se quedó mirando la cima de la montaña preguntándose si acaso su hacedor querría verlo, y decidió que no. Después de todo, estaba lleno de circulos. No le iba a gustar ver en lo que se había convertido.

Regresó a su casa, y en la noche mirando a la luna con tristeza, se preguntaba porque pasaban el día poniéndose marcas los unos a los otros, y en la mañana decidió ir a ver a Eli.

Subió la montaña lleno de dudas, y llegó a la puerta del taller.  El estaba temeroso, pero vio que la puerta estaba abierta. Pasó, y quedó asombrado al ver el tamaño de todo lo que ahí había, y se sintió tan pequeño. Decidió salirse y en el momento en que volteó hacia la puerta escucho una voz profunda:

¿Punchinello?

¿Punchinello, eres tù?

Punchinello volteó:

¿acaso sabes mi nombre?

¡POR SUPUESTO QUE SE TU NOMBRE! ¡SI ERES MIO, YO TE HICE! ¡Que gusto me da verte!- Y diciendo esto, Eli lo tomó y lo sentó en su mesa ¡DEJAME VERTE BIEN!

OH OH, parece que no has estado recibiendo muy buenas marcas- le dijo, mientras lo observaba.

Punchinello se sintió avergonzado y le dijo:

-Pero Eli, yo de verdad quería hacerlo bien….traté…

OH –lo interrumpió Eli- a mi no necesitas darme explicaciones pequeño, a mi no me interesan estas marcas…

Ahhhhh ¿no?

No, y tampoco deberían importarte a ti ¿quiénes son ellos para poner marcas? Lo que debe importarte es lo que yo pienso de ti

Ahhhhhhh ¿si?

Si, y yo pienso que eres maravilloso

¿por qué?

Simple: porque eres mío.

Vine, porque conocí a alguien que no tiene marcas: Lucia.

Lo se, ella me habló de ti.

¿por qué Lucía no tiene calcomanías?

Porque ella sabe que lo que yo pienso es mas importante, y entonces, las calcomanías no se pegan. Cuando tú estás seguro de mi amor por ti, las calcomanías de los juicios que los demás hacen de ti, buenos o malos, no pegan.

OHHHHHHHHHHHHHH

Desde que yo te hice, he estado esperando que vengas aquí. Hoy que lo has hecho, espero que no dejes de venir. Ven todos los días a pasar un tiempo aquí y poco a poco esas calcomanías se irán despegando.

Elí bajó a Punchinello al piso, y Punchinello le dijo

¡por supuesto que vendré!

Aquí estaré esperándote, recuerda que eres mío porque yo te hice, y te amo por eso. Además, yo no hago cochinadas. JAJAJA

Está bien, trataré de recordarlo.

Mientras Punchinello bajaba de la montaña, reflexionó en  que nunca había pensado que alguien lo amara simplemente por ser quien era, y que escuchaba a Eli muy sincero, que quizás si lo amara de verdad…

Y en el momento en que pensó eso, ¡un círculo se despegó de su cuerpo!

M. Lucado.

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24 comentarios

  1. Hola, Ale, es un precioso regalo de Año Nuevo. A veces dependemos demasiado de la valoración externa, y, olvidamos que quienes nos quieren, lo hacen por ser quienes somos.

    Te queremos Ale!
    Disfruta! 🙂

    Feliz Año Nuevo!!

    Rb & Mb
    (y somos los primers)

  2. Que cuento más lindo, una manera perfecta de empezar el año, gracias,niña, descansa y vuelve renovada con más maravillas a nosotras, segura de que ni círculos ni estrellas te serán pegadas. Un beso, Ana

  3. Jo las calcomanías, que por mucho que te lavaras la mano, te dejaban un rastro asqueroso y desteñido… ¡Las muy malandrinas, tienen la culpa de todo!

    Pues sí, una buena moraleja para empezar el año.

    Y ¡¡MUY FELIZ AÑO NUEVO!!

  4. Felicidades Ale, querida amiga, nuevamente!!!!
    Vamos a proponernos un año sin calcomanías, vamos a mirarnos nosotros mismos y determinar nuestros propios días, es difícil, no porque no podamos lograrlo, sino porque a veces se olvida.
    Un beso grande, grande.
    AD.

  5. Ale, Maestra y amiga:

    En algún momento ya había leído este cuento, llego a mí gracias a tí, y lo malo de esto es que se me había olvidado la sabiduría que contenía…gracias por compartirlo nuevamente conmigo.

    Un gran abrazo, muchas Bendiciones y agradecimiento a Dios por cruzar nuestros caminos, deseos de salud y abundancia en tu vida en todos los sentidos. Te quiero mucho

    Irma V.

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