Harper Lee
Ediciones B
Este libro fue publicado en 1960, y el año siguiente ganó el premio Pulitzer, en la categoría de Ficción. En 1962 el libro pasó al cine de la mano del productor Alan J. Pakula y la nominaron para 5 premios Oscar y ganó 3: mejor actor (Gregory Peck en el papel de Atticus Finch; Mejor Dirección Artística-Decoración del Set, Mejor Guión basado en material de otro medio).
La autora, Harper Lee nació en 1926 así que ahora anda rondando los 85 años de edad. Escribió este libro cuando tenía 34 años y dice que duró más o menos 2 años en terminarlo. Había vivido su niñez en Moroenville, Alabama. En una entrevista que dio en 1965 dijo, refiriéndose a su niñez: “teníamos que usar nuestros propios dispositivos para jugar, para entretenernos. No teníamos mucho dinero…no teníamos juguetes, nada era hecho para nosotros, así que como resultado vivíamos en nuestra imaginación la mayor parte del tiempo. Ideábamos cosas; éramos lectores y transferíamos todo lo que habíamos visto en páginas impresas al patio trasero en la forma de gran drama”. (Fuente)
El título viene porque en una parte, los niños reciben rifles de regalo y Atticus les pide que no maten ruiseñores porque son inofensivos, indefensos y están en el mundo para alegrarlo. El defendía a los indefensos…y creía que todas las personas eran valiosas.
Al comienzo del libro, hay tres niños que juegan durante el receso escolar: Dill, un niño que llega a vacacionar en la ciudad de Maycomb; Jem, y Scout, su hermana. Jem tiene 10 años, Scout, 7 y Dill 8. Y narra lo que pasan durante 3 años.
Su diversión es hacer obras de teatro, y retarse a pasar corriendo al frente de la casa de Boo Radley, un vecino que no sale nunca de casa y que como explicación para esto, los niños imaginan los más disparatados guiones. Jem y Scout viven con su padre Atticus, abogado; y están al cuidado de Calpurnia durante el día, la ama de llaves negra que está al tanto de que no se metan en problemas y quien les cocina porque la madre de ellos había fallecido años antes.
Cuentan sus juegos, travesuras, y como su relación va cambiando conforme van creciendo. Todo lo cuenta Scout, pero lo hace desde la distancia (es decir, una Scout ya adulta). La narración es perfecta: las palabras justas, no más, ni menos. Las descripciones hacen sentir que estás ahí en Maycomb, y que conoces a los niños tan bien como los del barrio de uno.
Uno de los capítulos que más me gustó fue el de la Señora Rachel. Atticus es nombrado defensor de Tom Robinson, un negro acusado de violar a una mujer blanca. Y los vecinos y sus hijos molestaban a los hijos de Atticus porque creían que todo negro era culpable. La señora Rachel los ofendió un día y Atticus recibió la queja de sus hijos y les respondió así: “Es una señora anciana y está muy enferma. Hijo, limítate a conservar la cabeza alta y comportarte como un caballero. Diga lo que diga, tu deber consiste en no permitir que te haga perder los estribos”. Pero un día los pierde y destroza sus flores. Y como castigo, tendrá que ir a leerle durante una hora durante un mes. La señora Rachel los recibe siempre buscando sacarlos de sus casillas, diciéndoles cosas desagradables, y poco tiempo después de que ya no van, muere. Atticus les cuenta a sus hijos que ella estaba enferma y tomaba morfina para el dolor, y era adicta a ella. Pero quería morir lúcida y que cuando los niños iban a leerle tenía ataques porque estaba tratando de luchar contra el dolor y la adicción. Les dice que ella era una dama, y su hijo le pregunta cómo puede decir eso, si ella decía cosas tan crueles de él. El padre le responde: “Lo era, aunque sus peculiares puntos de vista sobre las cosas fueran diferentes de los míos. […] quería que descubrieras lo que es la verdadera bravura, en vez de creer que la bravura la encarna un hombre con un arma en la mano. Uno es valiente cuando, sabiendo que la batalla está perdida de antemano, lo intenta a pesar de todo y lucha hasta el final pase lo que pase. Uno vence raras veces, pero alguna vez vence. La señora Dubose venció; sus 40 kilos de peso triunfaron. Desde su punto de vista, ha muerto como Dios manda. Era la persona más valiente que he conocido en mi vida”.
Y eso es lo que hace Atticus en el juicio: defiende lo que cree que es correcto, aunque sabe que tiene la partida perdida de antemano. Será la palabra de un blanco contra un negro y los últimos nunca ganaban. Atticus quiere que sus hijos vean más allá de las apariencias, de lo que los demás dicen de sus vecinos (que si los Elwell son flojos, que si los Cunningham son peleoneros, etc). Dice que todas las personas son valiosas, sin importar el color de la piel, afiliación política, árbol genealógico, situación económica, educación, valores. En una situación donde iban a linchar a Tom, Atticus había llevado una lámpara y se puso a leer en una silla recargada en la pared de la cárcel que daba a la celda de Tom para defenderlo si es que querían hacer justicia por su propia mano. Sus hijos, curiosos, querían saber a dónde había salido su padre y se encuentran con que hay hombres rodeándolo con una actitud poco amistosa. Scout reconoce a uno de ellos como papá de un compañero suyo de la escuela y se pone a hablar con él del hijo (bueno, es un cuasi-monólogo) pero le recuerda que es humano, que tiene familia, que lo que va a hacer quizá lo avergüence después y desisten de linchar a Tom.
Trata de enseñar que somos lo que somos, por lo que nos ha rodeado mientras crecíamos, y que la manera de en verdad entender al otro, es ponerse en sus zapatos y tratar de ver las cosas desde su punto de vista, con sus ideas y prejuicios como anteojeras.
Harper Lee fue amiga de Truman Capote y este le dedicó a ella (es una de las dos que menciona en la dedicatoria) “A Sangre Fría”. Se dice que el personaje de Dill está basado en él. Lee había terminado este libro antes de que Truman subiera como la espuma gracias al libro que le dedicó. Si así es, esto es lo que Lee veía en Truman:
* Dill dijo “Con respecto a la gente, no hay otra cosa que pueda hacer que reírme, por lo tanto, ingresaré en el circo y me reiré hasta volverme loco.”
Jem le dijo “No sabes nada Dill. Los payasos son hombres tristes; es la gente la que se ríe de ellos”. “Bien, yo seré un payaso de una nueva especia. Me plantaré en mitad de la pista y me reiré de la gente.”
Ciertamente que lo hacía, el buen Truman. El libro de Harper Lee me encantó y ahora me daré a la tarea (muy gratificante, seguro) de ver la película.







