Mark Twain
La semana pasada me fui de vacaciones con mi familia y apenas voy encontrándome con la vida real de nuevo (ahh ¡que trabajo regresar a la normalidad después de unos días de maravilloso descanso!). Por primera vez en la vida me decidí a no llevar ningún libro. En el areopuerto de la ciudad de México todos leían y yo me estaba aburriendo mucho, pero ahí estaba la librería Gandhi al rescate. Por menos de 100 pesos me compré dos libritos de Mark Twain, que siempre ha sido uno de mis escritores preferidos.
De este en particular, algo leí en un curso de literatura que tomé el año pasado, pero no completo.
Es un librito pequeñito (67 páginas), y en él, Twain muestra a través de extractos, lo que pudo haber sido la convivencia de Adán y Eva en esos primeros días en que el mundo era nuevo. Por supuesto, es una obra irónica, y a través de lo que escriben Adán y Eva aprendemos sobre lo diferentes que somos un sexo del otro.
Eva es apasionada, curiosa, ansiosa, siempre intentando relacionarse con el otro, parlanchina, inteligente. Adán es reservado, metido en su cabeza, poco dado a estar en la plática incesante si no hay algo importante que decir, más inclinado al hacer, aventurero. Eva cuida y Adán se siente exhausto. Eva está preocupada por los sentimientos, Adán por la practicidad. Eva quiere descubrirlo todo, ponerle nombre, tiene una gran intuición. Adán se asombra ante estas cualidades y al principio le agobia la compañía de esta creatura. Dice el diario de Adán: “No deja de rondarme y perseguirme. No me gusta. No estoy acostumbrado a tener compañía […] siempre está hablando […] mi vida no es tan grata como solía ser”. Esto a mi me arranca verdaderas carcajadas. Creo que así fue la relación de don Mark con el sexo femenino. Más adelante dice Adán: “Siento que sin ella me sentiría triste y deprimido, ahora que he perdido mi propiedad. Ah, otra cosa: dice que de ahora en adelante tendremos que trabajar para subsistir. Me será útil. Yo dirigiré”. ¿Cuántos hombres de ese siglo no creían que la mujer estaba para eso: servirles? Y resulta que conviviendo con ellas, se daban cuenta, tal como este Adán, de que podían ser muy inteligentes.
Continúan la convivencia y cuando nace Caín, Adán no se explica que es eso que ahora tiene a Eva tan trastornada. Se le figura que es un pez, lo quiere dejar en el río y Eva salta para rescatarlo. Dice que si se muere, ya lo abrirá para ver qué tiene por dentro. Pasa el tiempo y Adán sigue tratando de clasificarlo: que si es un canguro, que si es un oso…se siente extrañado y observa con curiosidad (pero no ayuda, tal como era normal que hicieran los padres en esa época: los niños estaban destinados a sus habitaciones, y se les veía pocas veces y se consideraba siempre que los debían atender las nanas, o las mamás pero jamás los padres). Me parece que así de curioso debía ser ver el desarrollo de un niño que se observa a la distancia, sin involucrarse con él.
Eva al principio se maravilla de todo lo que existe: el pelaje de los animales, los diversos colores, la luna (¡que le apena tanto ver desaparecer!), las estrellas, este hombre que le huye (y ella dice que le habla y usa mucho el “nosotros” porque cree que eso lo halaga, cuando en realidad, Adán se siente invadido y se pregunta ¿cómo que nosotros?!!!). Eva descubre el fuego, y cuida de no parecer más inteligente que Adán y herir así su ego. Y cuando Adán va y se tira de unas cataratas dentro de un barril Eva lo regaña (cosa que fastidia a Adán) y cuenta en su diario: “El fuego me había revelado una nueva pasión…nueva, y muy distinta al amor, a la pena o al resto de las que conociera: el miedo. ¡Y es horrible! Ojalá no lo hubiera descubierto; me hace pasar momentos oscuros, arruina mi felicidad, me hace temblar, me estremece y me sacude. Pero no puedo convencerle, pues él aún no ha descubierto el miedo, y por eso no alcanzó a entenderme”.
Este pequeño libro estuvo prohibido durante 105 años por unos dibujos que tenía y eran considerados indecentes. El libro que yo compré no los trae (los dibujos) pero en la versión digital de proyecto Gutemberg pueden ver los demás (este de abajo es una muestra de ellos).
SPOILER: Al final, respetando sus diferencias, llegan a ser una pareja compenetrada. Tanto, que este Adán que huía de esta mujer parlanchina, escribe en la tumba de ella: “Allí donde estuviera ella, estaría el paraíso”. (¡ayy que romántico!!!!
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