MISTER PIP
Autor: Lloyd Jones
Editorial: Powell Books
Reto: 9 caracteres
También lo encuentran en español, con el nombre de “El Señor Pip” en editorial Salamandra.
Este libro lo ví reseñado por Lammermoor y lo busqué mucho, sin éxito. Lo encargué para leerlo en inglés. Lo terminé hace como un mes, pero no ha salido de mi cabeza…es de esos libros que te dejan pensando.
La acción toma lugar en la isla Bouganville, que se encuentra en el pacífico Sur dentro del archipiélago de las Islas Salomón que pertenecen a Papúa Nueva Guinea.

En 1990 hubo un golpe de estado en esta isla que tiene minas de cobre. Los rebeldes han cerrado la mina, los blancos salen de ella y los soldados cierran las fronteras. Con ello, dejan de llegar víveres y medicinas a este lugar. Hay un hombre blanco que no ha huído con el último barco: el Señor Watts. El se ofrece a ser maestro de los niños de la isla. Y el primer día se presenta, les dice “No estaba seguro de que vinieran. Seré sincero con ustedes. No sé nada, nada en absoluto. La mayor verdad que les puedo decir es que lo único que tenemos es lo que podemos poner en común. Ah, y el señor Dickens, claro…”
Los niños se quedan asombrados. Ellos conocen a todos los pobladores y no hay ninguno que se llame así. “¿Quién era el señor Dickens? ¿Y cómo podía ser que, en una aldea de menos de sesenta habitantes, aún no lo conociéramos? Algunos niños mayores fingieron saber de quién se trataba. Uno incluso aseguró que era amigo de su tío y, estimulado por nuestro interés, añadió que él mismo lo había conocido”. Los niños corren a sus casas y cuentan a sus padres lo que pasó en la escuela. Y al otro día llegan con miles de peticiones para el señor Dickens. Unos papás les dijeron a sus hijos que pidieran medicinas, otros que compusiera algo…pero el sr. Dickens era Charles Dickens, autor del libro “Grandes Esperanzas” que el Sr. Watts les estará leyendo a los niños. Matilda, la narradora dice: “Nos sentimos tan tontos pensando que nos presentaría a alguien [..] Tal vez el señor Watts sabía lo que pensábamos pues dijo –Cuando leen la obra de un gran escritor, lo están conociendo a él en persona. Tanto así que puede decirse que han conocido al Sr. Dickens en el papel”
Así, estos niños que están rodeados en medio de la lucha de dos facciones, encontrarán en la literatura un mundo hacia el cual pueden escapar. Me encantó escuchar la voz de Matilda a través de la pluma de este escritor. “El Señor Watts nos había regalado a nosotros, los niños, otra porción del mundo. Descubrí que podía volver a ella siempre que quisiera. Es más, podría elegir culquier momento de la historia. No es que concibiera lo que oíamos como una historia. No: yo oía a alguien contar algo sobre sí mismo y lo que le sucedió. Iba descubriendo mis fragmentos preferidos. Ocupaba uno de los primeros puestos en la lista de la secuencia de Pip en el cementerio rodeado de las lápidas de sus padres y cinco hermanos muertos. Conocíamos la muerte: habíamos visto todos aquellos bebés enterrados en la ladera. Pip y yo teníamos otra cosa en común: cuando mi padre se fue yo contaba con 11 años, así que ninguno de los dos conocíamos a nuestros padres”
Su inocencia, su descubrir la magia de la lectura, identificar en el personaje del libro un amigo, una nueva manera de ver y enfrentar los hechos de la vida: “¿Qué esperanzas tenía yo? En realidad, sólo me quedaba la esperanza en sí msima, pero de una manera especial. Sabía que las cosas podrían cambiar, porque así le había ocurrido a Pip […] en Grandes Esperanzas descubrimos como podía cambiar la vida sin previo aviso”
Por supuesto para estos niños, la lectura no era fácil. Había palabras que eran desconocidas y no tenían un diccionario a la mano. Una vez preguntaron que era el herrero. “El Señor Watts dijo que era algo más que un trabajo. Con “herrero”, el señor Dickens se refería a algo más que un hombre dando forma a herraduras con un martillo” Los niños desconocían palabras y sin embargo, encontraba un significado profundamente personal para ellas. Dice Matilda: “Yo ya entendía la importancia de la forja en el libro. La forja era el hogar: abarcaba todo aquello que daba forma a la vida. Para mí, significaba las sendas entre la maleza, las montañas que se erigen por encima de nosotros, el mar que a veces se ausentaba; era el olor punzante de la sangreque no podía dejar de percibir desde que vi a Negro destripado. Era el sol luminoso. La fruta que comíamos, el pescado, los frutos secos”
El libro no sólo trata de esto…por estar en una época de guerra, no deja de ser dura. No esperaba el final, sinceramente. Pero lo he disfrutado muchísimo. ¡Gracias Lammermoor!
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