Bueno, después de dejar este blog abandonado a la buena de Dios, vengo hoy a quitar las telarañas de este lugar.
Se me fue el tiempo y ni pude avisar que nos iríamos de vacaciones. Y el regreso fue caótico: deshacer maletas, preparar a los hijos para el regreso de la escuela al otro día y he domido estos días como si fuera oso. No entiendo por qué estoy tan pero tan cansada. (¿Será la edad? ¿serán las vacaciones? ¿será acaso que voy a enfermarme?)
Hace 5 años (¿o serán 6?) cuando mi hijo más pequeño pasó a la primaria, decidí que era tiempo de estudiar una licenciatura porque ya no necesitarían tanto de mí y yo tendría tiempo de hacer las tareas con calma. Debido a eso, y a que me metí a un programa cuatrimestral, no tenía más que una semana de vacaciones entre cada uno, la familia dejó de salir de vacaciones, cuando menos, a algún lugar lejano y sólo íbamos a lo que tenemos muy pero muy cerquita. Y mis hijos aguantaron como los robles. Y desde hace un tiempo, el charro negro y yo platicamos que nos gustaría llevarlos a Orlando. Ahorrando, por fin pudimos llevarlos y aprovechar la semana que no tendrían clases por los panamericanos.
Lo primero que nos sucedió es que nos dejó el avión en Houston (¡arghhhhh!). Tardamos tanto tiempo en la aduana que no logramos llegar a nuestro vuelo de conexión. Nos dijeron que salía otro vuelo en dos horas, que ya estaba vendido, pero que podríamos esperar a ver si no llegaban los pasajeros e irnos en ese vuelo. Si no, seguro tenían lugar en un vuelo al otro día a las 8am. No hubo lugar
, y cuando nos disponíamos a buscar un hotel para pasar la noche, mis peques decidieron que sería padrísimo quedarse a pernoctar en el areopuerto (han visto demasiadas películas de hollywood
). Dijimos que no. Y ellos a que si, que las bancas estaban comodísimas, que sería una experiencia única (y yo solo pensaba “única para acabar de destrozarme la espalda”) y total, que ellos queriendo vivir aventuras y su padre y yo llevándolos por una vía más tradicional. Nos fuimos al hotel. Querían quedarse solos en el areopuerto, pero les dije que si los dejaba ahí solos, siendo menores de edad, igual llegaba yo al otro día a tomar el vuelo y ya estaban los de child protective services esperándome (que no los hubiera dejado, aclaro).
Dormimos como reyes en el hotel del areopuerto, y al otro día pudimos llegar a tomar nuestro vuelo y llegar a Disneworld.
¿Cómo la pasamos? Maravillosamente bien
. Fue un viaje mágico, donde pudimos convivir como tenía mucho que no lo hacíamos. Por supuesto, siendo hermanos peleaban, discutían, pero también se apoyaban uno a otro para darse valor ante los juegos que creían les daría miedo, sabían esperarse para subirse a un juego que sólo le interesaba a dos, y luego ir a donde el otro quería; o bien, gritarse de emoción entre ellos cuando descubrían algo que creían le podía interesar al hermano. La familia es el lugar donde aprendemos a amar al otro, tal y como es, sin querer cambiarlo. Y es ahí donde aprendemos primero a que lo que yo quiero no es lo único que importa; que a veces, para hacer feliz al otro, tengo que estar dispuesto a sacrificar mi tiempo, mis intereses, mi egoísmo. Ale le compró una libreta de autógrafos a Andrés, porque dijo que a ella le había encantado pedir autógrafos a los personajes años antes, y quería que él tuviera esa experiencia…Fernando la acompañaba a ver ropa y decirle a la hermana cómo opinaba que le quedaba…Andrés me acompañaba a ver los libros…han aprendido a pensar en el otro, en sus necesidades, en lo que al otro le gusta…veo que mis hijos han aprendido eso y a míme hace feliz saberlos unidos.
El primer día comentamos en el hotel la estrategia para atacar el parque: no nos detendríamos al llegar (porque salen personajes de Disney a saludar y los niños hacen colas para tomarse las fotos con ellos y pedirles autógrafos) sino que iríamos hacia la parte más lejana del parque para de ahí comenzar nuestro recorrido. Estrategia fallida porque al llegar al primer lugar, ya íbamos andando cuando vi que se me había perdido la mayor. ¿Y dónde está? Pregunté. La respuesta: vió a Blancanieves y se puso feliz y tomó a Andrés de la mano y corrió a fotografiarse con Blancanieves. Me moría yo de la risa porque Ale le dijo a Blancanieves que ella es su fan desde que era pequeña
-y llevaba la siguiente foto para demostrárselo-
Y Blancanieves le dijo “¡que bien! Entonces te invito después, que voy a cantar con mis amigos” y Ale le preguntó “¿En dónde?” y ella respondió: “En el bosque, por supuesto”. La cara de Ale fue épica

Cuando fuimos a Epcot, Ale quería fotografiarse con la esfera que representa a este parque. Le dio la cámara al hermano y le dijo ¿me tomas la foto? corrió y el hermano la dejó posar y todo y el muy bribón le había tomado esta foto:
Su excusa: sale la esfera ¿o no?
Disfrutamos en grande, vi a mis hijos mayores emocionarse al ver algo que les recordaba a su infancia; al pequeño ser valiente y subirse a juegos que al principio le daban miedo; a los tres ser solidarios uno con otro; no son muchos los años en que seguirán en el nido, y queremos dejarles buenos recuerdos y disfrutarlos lo más que podamos mientras aún están ahí. Y me cansé como nunca. Ya estaba yo preocupada, pero un día que estuvimos el lobby para hacer unas reservaciones en un restaurante, mis tres hijos se quedaron dormidos…eso me dio a pensar que no era mi edad, sino todo lo que estábamos haciendo jajaja.
Este es el motivo por el que este changarro tiene un montón de telarañas. Espero la siguiente semana seguir con las reseñas de los libros.









