Carmelita Cárdenas
“He notado que la mayoría de los peregrinos, ya sea en el Camino de Santiago o en los caminos de la vida, siempre procuran seguir el ritmo de los demás. Al principio de mi peregrinación, yo procuraba ir junto a mi grupo. Me cansaba, exigía a mi cuerpo más de lo que podía dar, vivía tensa y acabé teniendo problemas en los tendones del pie izquierdo. Imposibilitada de andar durante dos días, entendí que sólo conseguiría llegar a Santiago, si obedecía a mi ritmo personal. Tardé más que los otros, tuve que caminar sola por muchos trechos, pero sólo respetando mi propio ritmo conseguí concluir el camino. Desde entonces aplico eso a todo lo que debo hacer en la vida: respeto mi tiempo.”
El comentario anterior, que le hicieron a la autora, sirve como una metáfora del duelo, en que es una vía que todo aquel que pierde un ser querido recorre. A pesar de las buenas intenciones de los demás, de lo que ha servido a otros, del tiempo que les llevó…cada doliente hará bien en darse el tiempo de respetar su propio ritmo para ir aprendiendo a vivir de nuevo sin ese ser que es intensamente amado a pesar de la ausencia.
Por diferentes cuestiones, he tenido que estar cerca de dolientes y creo que este libro es de los mejores que he leído. Carmelita Cárdenas es una madre cuyo hijo Miguel falleció a los 22 años en un accidente carretero. La peor pesadilla que tenemos los papás para ella se convirtió en una horrorosa realidad. Cosas curiosas de la vida, una semana antes del accidente, ella había terminado de tomar un Diplomado en Tanatología.
Lo que hace más valioso a este libro es precisamente el hecho de que quien lo escribe sabe de tanatología, y lamentablemente, también sabe lo que es perder a un hijo. Este libro habla de su desgarradora pena, de lo que le si le fue útil del diplomado, de las cosas que vivió que no le habían comentado en él, de cómo fue enfrentándolo y nos regala las cartas que le escribía a su hijo después de su fallecimiento. En estas cartas (¡y que valentía de hacerlas públicas!) nos muestra la variedad de sentimientos, estados de ánimo, situaciones, altibajos atraviesa un doliente. Su dolor servirá para que muchos otros padres que atraviesan este terrible hecho, puedan tener una luz en medio de su oscuridad.
Ahora ella da consejería tanatológica en el Hospital General de Celaya. Me encantaría encontrarla, pero por más que busqué en el libro y en internet, no se cómo comunicarme con ella. Este libro se lo mandaré a una tía mía que quiero mucho, y que tiene una pena igual de grande.
















