LAS SEIS ESPOSAS DE ENRIQUE VIII
Antonia Fraser
Se dice que si va uno a Londes, (lo creeré porque no les puedo confirmar que sea cierto…nunca he ido) cuando se visitan los lugares históricos le van a uno diciendo ante las tumbas de las esposas de Enrique VIII: “Divorciada, decapitada, muerta…divorciada,decapitada, muerta”. Cada una se conoce por estereotipos que se les dió a través de la historia: “la esposa traicionada”, “la tentadora”, “la buena mujer”, “la hermana fea”, “la muchacha casquivana” y “la figura materna”.
Este libro a mi me encantó porque está escrito por una historiadora, no novelista y realmente hace un retrato muy apegado a lo real, basado en fuentes que vivieron en la época del Rey Enrique VIII. Es como una arqueología psicológica histórica de los personajes, digo yo.
En resúmen, para quien no desee leer más, está buenísimo. Es un paseo por la vida de cada una de estas mujeres que durante algún tiempo, llevaron sobre sus cabezas la corona de Inglaterra. Unas lo hicieron con la dignidad que el cargo les daba, otras felices por el poder y prestigio que les daría…otra atarantada jovenzuela quizá ni cuenta se dio del poder –y peligro- en que la colocaba ponérsela. Apasionante.
Este libro fue hecho serie por la BBC hace ya unos años, y así se llamó “Las 6 Esposas de Enrique VIII”

CATALINA DE ESPAÑA, HIJA DE LOS REYES CATÓLICOS
Catalina era la hija menor de los reyes católicos, y fue prometida en matrimonio al Príncipe de Gales (Arturo) desde muy jóven. Catalina siempre vió en su madre a una mujer que puso la voluntad de Dios y el bienestar de su reino por encima de su propia comodidad; y creció siendo educada para reinar. No sólo se preocupó su madre por educarla en aquellas cosas que le servirían para reinar (hablaba varios idiomas, aprendió geografía, política, estrategia militar) sino también en aquellas cuestiones que una mujer de la época debía hacer por su marido (coserle la ropa, bordar, cocinar, llevar una casa). Se dice que hasta su muerte, Catalina siempre hizo las camisas de su esposo Enrique VIII –para berrinche de Ana Bolena-.
Llega a Inglaterra para casarse con Arturo, y este muere menos de un año después. Su padre Fernando, no había terminado de pagar su dote. Pos este motivo, su suegro Enrique VII decide tenerla como rehén hasta que su padre pague el resto de su dote. Fernando quiere que parte de la dote, se acepte para casarla ahora con el siguiente hijo del rey, Enrique. Catalina vive varios años en una situación de mucha pobreza pues su padre no envía el dinero de la dote, y su suegro la tiene viviendo miserablemente y ella se ve en la necesidad de comenzar a vender parte de su menaje de casa para poder comer. Si bien se hace un compromiso entre Catalina y el príncipe Enrique, parece que Enrique VII no tenía realmente la intención de casarlos. La muerte del rey, y un probable enamoramiento que Enrique VIII sentía por su cuñada (aunado a su sitación poco afortunada, que hacía sentir seguramente a Enrique VIII como el héroe que rescataba a la damisela en apuros) hacen que el compromiso sea efectivo a la muerte de su padre y prontamente se casa con Catalina.
Se dice que durante 17 años vivieron en armonía y dicha, a pesar de que la reina sufrió varios abortos, la muerte prematura de un bebé varón que vivió solo 2 meses, y que su única heredera viva era una mujer (María Tudor).
El rey tuvo un hijo llamado Enrique Fitzroy, y esta autora (historiadora) dice que no tuvo hijos con María Bolena (lo que es factible, dado que nunca buscó favorecerlo –de ahí que se presuma que no eran suyos- porque si ya había favorecido a uno, lo lógico hubiera sido que favoreciera a todos los bastardos). Se dice que se encaprichó con Ana Bolena, y que el hecho que lo hizo buscar deshacerse de Catalina fue su deseo de un heredero varón a quien legar su reino, y que la reina parecía no poder engendrar más. Enrique era un hombre muy religioso, al que su conciencia parecía molestar bastante; pero también era un hombre que tendía a autojustificarse mucho, no haciéndose responsable de nada. En el asunto de los hijos, el encontró un versículo de la Biblia (Levítico 20, 21) que dice que “Si uno toma por esposa a la mujer de su hermano,es cosa impura; pues descubre la desnudez de su hermano” y que el castigo de Dios por violar la ley se expresa de manera explícita: “Quedará sin hijos”. Entonces, Enrique se autoconvenció de que su matrimonio no tenía hijos varones, porque él y Catalina habían pecado al haberse casado habiendo sido antes cuñados.
Catalina, que siempre había sido una esposa modelo, sumisa y que procuraba siempre no contrariar al Rey jamás cedió a dejar de ser su Reina. Se opuso con vehemencia a pesar de los castigos a que la sometía Enrique por no ceder a su voluntad. Se la alejó de la corte, se le separó de María su hija y se le limitó mucho el dinero del que ella podía disponer para el mantenimiento de su casa y su corte.
El pueblo la amaba pues había sido una reina generosa, piadosa y porque la mayoría de las personas veían que Ana Bolena era una arribista, cruel y que el rey estaba sometido por sus apetitos sexuales, por más que tratara de convencerse (y convencer a los demás) de que lo único que estaba haciendo era arreglar una situación ilícita con Catalina (el decía que su matrimonio no era válido) y que buscaba un heredero para Inglaterra.
Catalina, ya enferma, le dicta una carta al rey que comenzaba: “Mi más querido Señor, Rey y Esposo, la hora de mi muerte se acerca… por el amor que siento por vos debo advertiros de vuestra salud del alma, que debieras preferir a todas las consideraciones del mundo o de la carne….os perdono todo y ruego a Dios que haga lo mismo” Murió musitando “In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum” (En tus manos Señor, encomiendo mi espíritu)
ANA BOLENA
Ana Bolena no era una muchacha que hubiera sido educada para ser Reina, como Catalina, pero según sus contemporáneos, era una mujer brillante, rápida para aprender y deseosa de educarse. Al rey debe haberle atraído también que era una muchacha que sabía bailar con mucha gracia (al rey le encantaba el baile) y dicen que tenía una hermosa voz y que tocaba varios instrumentos (el rey también amaba la música e incluso compuso música y canciones).
Era conocida por tener una afilada lengua, que podía hacer reir mucho al rey con sus comentarios; era una excelente compañía pues sabía divertirse y mantener a las personas que la rodeaban siempre entretenidas. Esta sería la mujer por la que el Rey separó la Iglesia de Inglaterra de la sumisión ante el Papa y a raíz de eso se creó la Iglesia Anglicana.
El lema de Ana en la navidad de 1530 fue Ainsi sera, groigne qui groigne (Así será, proteste quien proteste) y retrata bien como se comportaba Ana en aquella época. Le gustaba que se hiciera su voluntad, y Enrique seguramente se deleitaba de haber encontrado un alma tan afín a la suya. Al principio fueron muy felices. Enrique la coronó reina el 1 de Junio de 1533, embarazada de casi seis meses de su hija Isabel.
Cuando nació Isabel, Ana Bolena se mostró especialmente cruel con María, la hija de Catalina. La hizo ir a rendirle honores a Isabel, y quedarse como ayuda de la hermanita, lo que no ayudó a mejorar la imagen que el pueblo tenía de ella.
Enrique había estado acostumbrado en su matrimonio con Catalina a que esta, inteligentemente, le sugiriera al rey como actuar dejando que el pensara que era su voluntad y su idea en primer lugar. Sabía que no debía llevarle la contra. Jamás le hizo escenas en frente de su corte (y se duda que se las hiciera en privado), y Ana comenzó a discutirle y celarlo. Decía cosas que nadie más se habría atrevido a decir. Ana hizo un comentario por ejemplo de que el rey no tenía aspecto vital, ni habilidad ni virilidad suficiente para satisfacer a una mujer. Al parecer, el rey comenzaba a tener problemas de impotencia.
La pérdida de otros embarazos, las constantes peleas (el rey en una de ellas le dijo que no olvidara que así como la había encumbrado podía volver a rebajarla), hicieron que el rey se cansara de Ana. Dejó de ser divertida. Y el rey puso sus ojos en Juana Seymour. Una chica muy decente, piadosa, que era como un remanso de paz para él, que no alegaba y en todo le daba la razón (así le gustaban a él pues…como diría un amigo, las quería lobotomizadas).
El rey fue cruel para deshacerse de Ana. La acusaron de haber embrujado al rey, luego de haber tenido otros amantes, entre ellos, a su propio hermano Jorge Bolena. La condena para todos: la muerte. Ana nunca admitió haber cometido delito alguno y las pruebas en su contra jamás fueron irrefutables. Dijo antes de ser ejecutada: “Señores, humildemente me someto a la ley tal como la ley me juzgó, y por mis ofensas, no acuso a ningún hombre. Dios las conoce; las remito a Dios rogándole que tenga merced de mi alma. Que Jesucristo salve a mi soberano y señor el Rey, el príncipe más devoto, noble y gentil que existe, y que reine largamente sobre vosotros” Luego se arodilló y dijo “A Jesucristo encomiendo mi alma” y fue decapitada.
JUANA SEYMOUR
Enrique diría de esta mujer que era su verdadera reina, pues según él, no sintió que su matrimonio con Catalina o Ana fuera legítimo y que con ella había sido muy feliz. Juana elige como lema “Obligada a obedecer y servir” y eso causó una favorable impresión en Enrique y el pueblo de Inglaterra.
Se considera que fue una mujer amable, piadosa, que no contradecía al rey y que se somentía a lo que él decía; y que fue una madrasta generosa con María e Isabel y que ella fue la causa de que el rey comenzara a tratar mejor a su hija María (se habían distanciado porque ella no estaba dispuesta a renunciar a su título de princesa).
Juana queda embarazada y Enrique está feliz…puede demostrarle al mundo que a pesar de los comentarios de Ana Bolena, es viril y fecundo. Juana da a luz el 12 de Octubre de 1536 a Eduardo. El 24 de octubre, tan sólo 12 días después del nacimiento de su hijo, moría con 28 años y 18 meses de reinado de fiebre puerperal. Se dice que el rey estaba profundamente afligido con su muerte, pero inmediatamente se comenzó a planear volver a casarse. Debía dejar más herederos varones pues con uno solo no quedaba segura su descendencia y no quería dejar al país sumido en una guerra civil. Su familia era el mejor ejemplo de que se necesitaban cuando menos 2 varones.
ANA DE CLÈVES
La autora plantéa que Enrique VIII había tenido un privilegio raro en esa época donde los matrimonios se concertaban por razones políticas: los tres matrimonios que llevaba habían sido concertados por amor. El había querido casarse con Catalina (de quien se dice, quedó prendado desde que la vió cuando era solo un niño de 11 años y ella novia del hermano mayor; dicen que dijo en aquella época que envidiaba mucho al hermano), se enamoró también de Ana Bolena apasionadamente, y encontró en Juana Seymour un refugio cuando se sentía un hombre desgraciado con Ana. El rey no gozaba de buena reputación en Europa (¿Quién en su sano juicio mandaría una esposa a Inglaterra donde el rey parecía maltratarlas si no eran de su agrado?) por lo que Europa no daría una nueva esposa a Enrique.
Cleves era un país del Bajo Rin: un conjunto de ducados que eran un aliado atractivo para Inglaterra. Cromwell (primer ministro de Enrique) fue el encargado de llevar a cabo las negociaciones. El no se fijó en que Ana no tenía talento para la música (y este, recordémoslo, era un rey al que le encantaban las pachangas: bailar, cantar y tocar instrumentos). Ana era ignorante, tímida, solo sabía manejar la aguja. No poseía el talento para agradar a un marido quisquilloso, inseguro de su virilidad, ególatra. Enrique mandó a su pintor Holbein a hacer un retrato de Ana. Se dice que tenía que pintar bajo la mirada atenta de los funcionarios de la corte, y Enrique dio su visto bueno para casarse con ella.
Dícese que cuando el rey por fin la vió sufrió una decepción. Además, Ana no hablaba inglés, poco entendía y fue incómodo para ambos. El rey le dijo a Cromwell “No me gusta”. El rey comentó después de la noche de bodas que “La reina no me gustaba mucho antes, pero ahora me gusta menos”. Era difícil de contentar pues.
Siendo el tirano que era, culpaba por supuesto a su esposa. Dijo que tenía los pechos tan flojos y otras partes de tal manera que el sospechaba algo acerca de su virginidad. Y dijo “nunca en compañía de ella podría ser provocado y movido a conocerla carnalmente”. No era galante para nada. Hubo testimonios de que el matrimonio no se consumó.
La autora dice que afortunadamente para Ana, estaba protegida de cualquier humillación porque nadie le traducía esto a ella. Ana decía “cuando el rey viene a la cama, me besa, me toma de la mano y me dice “buenas noches, querida” y por la mañana me besa y me dice “adiós querida ¿no es eso suficiente?” Nadie había discutido con ella que es lo que se supone que debía ocurrir entre marido y mujer.
Usando como base un contrato matrimonial previo de Ana, se dijo que el matrimonio no había sido válido. Se dice que la reina Ana se desmayó cuando le dieron esta noticia. Yo pienso que del miedo…a de haber pensado “ahora me corta la cabeza”. Enrique ya había sido cruel con su primera esposa manteniéndola casi prisionera hasta que murió, había decapitado a otra…Ana debe haber pensado que tenía que actuar cautelosamente si no quería terminar como alguna de las previas. Por puro terror o instinto (dice la autora) Ana envió al rey la respuesta perfecta para serle grata le mandó decir que “Ella siempre estaría contenta con Vuestra Majestad” y firmó como Ana, hijas de Clèves –en lugar de hacerlo como la Reina Ana-. Le mostró una imagen de las mujeres que Enrique adoraba: sumisa, aceptaba su voluntad, y se ponía su merced. Enrique, como el buen tirano que era, siempre era generoso con quien se ponía como su tapete y no cuestionaba su voluntad. Así, se mostró muy magnánimo con Ana: se dijo que sería la mujer más importante de Inglaterra, solo debajo de la Reina y las hijas del rey por un matrimonio futuro y sus hijas existentes. Se le dieron varias mansiones y propiedades que daban 3,000 libras anuales (que era muchísimo). Todo eso sería suyo con una sola condición: que no saliera de Inglaterra y en su nueva vida sería la “buena hermana adoptiva del Rey”. Así dejó de ser reina de Inglaterra, puesto que ocupó sólo 6 meses.
CATALINA HOWARD
Era una mujer que se había criado en la pobreza, y por lo tanto no era inteligente con los manejos del mundo como Catalina de Aragón, o incluso Juana Seymour o Ana Bolena que había servido en casas reales. Era prima de Ana Bolena y fue educada por una tía abuela de esta.
En 1536, cuando Catalina Howard tenía 15 años, Henry Mannox su maestro de música, intentó seducirla, pero Catalina dijo que no había habido sexo completo. Su siguiente romance fue con Francis Dereham y hay indicios que permiten suponer que esta relación fue más seria y si se consumó plenamente. Se llamaban esposo y esposa lo que sugiere un precontrato matrimonial (que era común en la época y para el cual no era raro consumar el matrimonio). Se dice que en la casa donde todas las jóvenes dormían juntas, Dereham visitaba secretamente a Catalina y contaron las demás que escuchaban “bufidos y resoplidos” que denotaban sexo para quienes escuchaban. Dereham viajó a Irlanda, y Catalina se trasladó a casa de su tío Norfolk, donde conoció a Thomas Culpeper y se sospecha que estaba muy enamorada de él en el otoño de 1539 (tenía 18 años ella). Pero entonces, el rey se enamoró de ella.
La relación de Catalina con Dereham no había sido secreta y “muchos la conocían” pero nadie fue lo suficientemente valiente para decírselo al rey sabiendo que podía provocar su ira. El rey se casó con Catalina ignorando su pasado.
Para Enrique VIII, Catalina era “su rosa sonrojada, sin una espina”. Crónicas de la época cuentan que no podía apartar sus manos de ella y sus constantes caricias en público hicieron pensar a los observadores que el rey amaba más a esta mujer más que a “las otras” El lema que eligió Catalina fue Non autre volonté que la sienne (Ningún otro deseo que el suyo). Era una muchacha muy impresionable e ingenua, durante su juicio se supo que ella creía que el rey se enteraba de los pecados que se mencionaban en el confesionario (ella era adolescente cuando Enrique se proclamó cabeza de la Iglesia de Inglaterra)…este comentario nos da una idea de lo tontilla que era…
Ya reina, Francis Dereham fue nombrado su secretario. No fue algo prudente, pero se piensa que pudo haber sido un soborno para cerrarle la boca. Enrique había engordado mucho, no era ya el rey apuesto de comienzos de su reinado y comenzaba a tener ulceraciones varicosas en la pierna que lo hacían cojear. En la primavera de 1540 enfermó y la reina no estuvo entre los que lo atendían por deseo del rey: no deseaba que su jóven esposa se impresionara negativamente con piernas que supuraban. Se cree que durante ese tiempo, jóven y aburrida, sintiéndose desatendida, reanudó su relación con Culpeper y no porque fuera mala, pecadora…sino que se aburría pues y era jóven. La reina le escribió una carta de amor a Culpeper (la única de sus cartas que aún se conserva) en donde le pone “desearía que estuvieras conmigo ahora…me enteré de que estuvisteis enfermo y nunca deseé tanto como veros…hace que mi corazón muera pensar que no puedo estar siempre en vuestra compañía…” y está firmada por “vuestra en tanto siga la vida, Catalina”.
Dice la autora de Catalina –que me encanta como lo dice y lo copio textual- “Con su pasado travieso (por decirlo de algún modo) y su presente indiscreto (para no decir más) era un objetivo muy vulnerable”.
Se le habló al rey del pasado de la reina, y por supuesto, se engoriló. Dereham fue trasladado a la torre y torturado. El implicó a Culpeper, que también fue arrestado y torturado. Cuando se supo toda la verdad, se enojó el mundo. Culpó a su consejo de este daño que ahora se le inflingía –nunca pensó en la culpa de él por casarse con una jovencita, por no atenderla, por dejarla sola- mandó matar a Catalina y dicen que lloraba desconsoladamente al hacerlo, como un crío.
Catalina fue acusada de haber llevado “una vida abominable, baja, carnal, voluptuosa y viciosa antes del matrimonio, había ocultado del precontrato con Dereham e incitó a Culpeper a la relación carnal” y además, por si fuera poco –esto debe haber sido terrible para Enrique- “le decía que lo amaba más que al Rey”. El día de su ejecución Catalina confesó que “merecía mil muertes por haber ofendido de esa manera al rey que la había tratado con tanta bondad”. Fue decapitada en el mismo lugar en el que menos de 6 años antes habían decapitado a Ana Bolena.
CATALINA PARR
Esta fue la última esposa del Rey Enrique VIII y la única que le sobrevivió. Quizás Enrique ya había aprendido (ji, ji, ji) que no le convenía una muchachita como Catalina Howard que tuvo el descaro de ponerle el cuerno, si no una mujer más sensata y sin esas pasiones de la juventud.
En ese sentido, ella fue una excelente elección. Catalina había estado casada y enviudó dos veces. Después de la segunda viudez, quedó en una posición de riqueza que le permitió elegir a quien amar, y su corazón pertenecía a Thomas Seymour. Si se fijan en el apellido, este señor era hermano de Juana Seymour, la tercera esposa de Enrique y por lo tanto, tío del hijo del rey. Se dice que cuando el rey le pidió matrimonio le escribó a Thomas Seymour y le dijo “tan cierto como que Dios es Dios, mi mente estaba totalmente inclinada a casarme con vos antes que con cualquier hombre que conozco. Sin embargo, Dios se opuso a mi voluntad con vehemencia por un tiempo, y con su gracia y su bondad, hizo posible lo que me parecía más irrealizable; es decir, me hizo renunciar por completo a mi propia voluntad y seguir de buen grado la suya” y se casó con el Rey Enrique VIII el 12 de julio de 1543. Ya para entonces, Enrique había engordado terriblemente, el problema de sus úlceras varicosas lo postraban en cama con grandes dolores y si antes había sido cruel, su enfermedad lo hacía más iracundo y terrible. Para sus súbditos, era un alivio que la nueva reina tuviera una disposición amable, tierna y amistosa.
Catalina tamibén tuvo el deseo de perfeccionarse, pues no había recibido la educación excepcional de una princesa y esto la hace un personaje admirable e interesante (para la autora y yo comparto su opinión). Ella comenzó a estudiar latín de mayor, y el principe Eduardo alababa mucho su esfuerzo. El llegó a quererla mucho y ver en ella a la madre que no tenía.
Se considera que ella es la responsable de que las relaciones entre Enrique y María e Isabel (sus hijas) fuera más afectuosa. Después de años de ser consideradas bastardas, y de acercarlas y alejarlas de la corte según su estado de ánimo, tuvieron una cierta estabilidad pues Catalina Parr fue una madrastra muy cariñosa con los hijos de su esposo; los llamaba “nuestros hijos” en la correspondencia entre ella y el rey.
Catalina tomó como lema “ser útil en todo lo que hago”; y probó ser una madre preocupada de las necesidades de sus hijastros, y ellos correspondian a ese afecto. Por ejemplo, Catalina escribió un libro Prayers and Meditations, e Isabel la tradujo a tres lenguas (francés, italiano y latín) y se las hizo imprimir y se las presentó como regalo en alguna festividad.
El rey Enrique murió el 28 de Enero de 1547, con lo que Catalina quedó viuda de nuevo. Se casó el 7 de Abril de ese año con Thomas Seymour. Su vida matrimonial estuvo envuelta en escándalos porque se dice que mientras vivió con ella la princesa Isabel, Thomas la trataba muy confianzudamente (sentándosela en las rodillas mientras ella aún no terminaba de vestirse, o entrando a su recámara mientras ella se vestía); así que Isabel fue retirada de la mansión de quien una vez fuera su madrastra. Catalina se embarazó y dio a luz a una niña en Septiembre de 1548 y ella murió de las complicaciones de ese parto.
Pasó a la historia como una mujer prudente, buena, enfermera del rey, madre sustituta de sus hijos (ellos después la recordaban con cariño) y es la Reina de Inglaterra que más maridos ha tenido.